Edición Nº 1099 - Viernes 25 de setiembre de 2026

Cómo entender la generosidad de nuestro país con Brasil en materia de cupos de exportación

Viernes 25 de setiembre de 2026. Lectura: 6'

Por Tomás Laguna

Opacando otras circunstancias que hacen al quehacer agropecuario, provocó reacciones adversas la noticia de que nuestro país haya ofrecido a Brasil parte de su cuota cárnica de ingreso al mercado chino, competidor directo en el mercado mundial de este producto. Insólito o no tanto, el análisis va más allá del mismo hecho en cuestión. Tan es así que generó una grosera y desubicada justificación del secretario de la Presidencia como contrapartida ante la infame e inaceptable demanda brasileña por dumping lácteo.

Sabido es que China estableció medidas de salvaguarda como forma de proteger su mercado, adjudicando cuotas de ingreso con un arancel mínimo del 12%; superado el límite del cupo, los derechos de aduana se incrementan al 55%. El volumen exportado por nuestro país no alcanza a cubrir el máximo de la cuota adjudicada. Su mayor exportación en volumen fue de 295.000 t en 2021, cuando el cupo adjudicado para este año es de 324.000 t. Entretanto, un volumen importante de las exportaciones que habitualmente ha realizado Brasil al país asiático quedó fuera de mercado al exceder el cupo de 1.106.000 t adjudicado para el año en curso, sufriendo en consecuencia el elevado arancel. Por cierto, ese volumen está muy lejos de ser compensado por el cupo no utilizado por Uruguay.

Es necesario entender el valor estratégico que las cuotas tienen para los países exportadores, ya se originen en un contingente arancelario en el marco de un TLC o respondan a una salvaguarda destinada a proteger un mercado, como es el caso que nos ocupa. Estas otorgan al país exportador previsibilidad y estabilidad comercial en un horizonte determinado y, como tales, podrían considerarse un activo en materia de comercio exterior. Por su parte, su distribución es prerrogativa del país que las establece. En el muy particular caso de “amigables” cesiones de cuota, como la “amabilidad” del gobierno uruguayo con su par brasileño, será China quien en última instancia aceptará o rechazará un incremento en las compras a Brasil por encima del cupo adjudicado, atendiendo el volumen cedido por Uruguay. Pero hasta acá no hay nada que esté fuera de las razonables relaciones entre países al momento de negociar bilateralmente, o con terceros, condiciones para acceder a los mercados.

Con estas consideraciones, la anunciada posible cesión de cuota de nuestro país ha configurado un hecho cuando menos llamativo, que debería merecer un análisis fuera de la contaminación política a la que ha estado expuesto en lo inmediato. Convengamos que la voluntad de ceder cuota también habría sido ofrecida a Australia, el otro gran abastecedor del país asiático. De hecho, la subsecretaria de Relaciones Exteriores, embajadora Csukasi, indicó que fue este último país quien primero hizo saber su interés en el tema. Con ello, se “descontaminaría” el ofrecimiento de una posible “pleitesía”, que en definitiva es lo que más molesta.

En nuestro análisis, una decisión de estas características e importancia se inscribe absolutamente en el terreno diplomático, con el alcance que tiene este concepto. Debe ser entendida en el conjunto de estrategias, directrices y acciones que un Estado implementa para conducir sus relaciones exteriores al relacionarse con otros actores internacionales. El objetivo superior es siempre la defensa de los intereses del país. Consideraciones que suponen una mirada por elevación y no en lo inmediato. En el caso de Brasil, socio en el MERCOSUR, se trata de un país vecino con enorme influencia en la región y el continente, pero por sobre todo es uno de nuestros principales clientes a la hora de exportar bienes de origen agropecuario. Nos guste o no, podemos incluir las relaciones diplomáticas con Brasil —y debemos subrayar: con Brasil país— entre las más importantes al momento de encarar nuestra relación con el mundo.

Al momento de intentar dar un encuadre objetivo a la oportunidad de semejante ofrecimiento, necesario es considerar su oportunidad estratégica. Acudiendo a referentes académicos de incuestionable objetividad, resulta obligada la opinión de Ignacio Bartesaghi, doctor en relaciones internacionales, profesor titular en la Universidad Católica. Bartesaghi ha expresado que lo resuelto por nuestro país resulta un mal precedente para futuras negociaciones en lo que al otorgamiento de cuotas se refiere. En el mismo sentido se expresaron voceros de nuestra industria frigorífica.

Hay otras consideraciones al momento de evaluar oportunidad. ¿A cuenta de qué beneficios nuestro país podría ceder parte de su activo en materia de comercio exterior a sus competidores, en particular a Brasil? Bien es sabido lo mañoso que ha resultado este país a lo largo de la historia al momento de crear trabas a nuestras exportaciones de arroz y lácteos. Precisamente es en este último rubro donde existe una absurda denuncia por dumping de leche en polvo, actualmente en suspenso, inventada por el lobby lechero norteño. Y remarcamos: en suspenso y no archivada, como afirman con ignorancia supina desde el Poder Ejecutivo.

Indigna escuchar al secretario de la Presidencia, Alejandro Sánchez, justificar la posible cesión de cuota en agradecimiento por el hecho de que el presidente Lula haya detenido los procesos derivados de la denuncia por dumping, absurdo nunca aceptado en su génesis y formalidad por nuestro país. El Sr. Sánchez está politizando la negociación por cesión de cuota y, peor aún, está aceptando como de recibo, en una actitud entreguista, lo actuado por Brasil en la aberrante e injustificada denuncia por dumping lácteo. Todo esto último es, en sí mismo, mucho más grave que la mera cesión de parte del cupo de exportación que se discute.

El tema en cuestión también merece otras consideraciones. Nos hemos enterado de todo este asunto a través del propio gobierno brasileño, por boca del mismo presidente Lula. Se trata, por tanto, de una comunicación personalizada en un actor político, más que institucionalizada en un gobierno, que debería expresarse por medio de su Cancillería. Esto ocurre a pocas semanas de las elecciones más inciertas y polarizadas de Brasil. En este complicado escenario, se suma una mancha más que lo contamina.

Tampoco resultó oportuno el escenario. Las condescendientes muestras de afecto entre nuestro presidente y el presidente Lula que acompañaron el anuncio se produjeron en ámbitos coincidentes y colaterales a la actual Asamblea General de las Naciones Unidas, precisamente en las “narices” de uno de los presidentes más intemperantes e impulsivos de los Estados Unidos. ¿Qué necesidad de mojarle la oreja al valentón del barrio? Más allá de la indudable simpatía ideológica de nuestra izquierda coaligada con el presidente Lula, ¿nuestro gobierno no tiene la necesaria sagacidad para advertir el incierto resultado de las próximas elecciones brasileñas y hasta qué punto puede quedar condicionado nuestro país tras ellas?

En definitiva, no es la disposición a ceder cuota el hecho en sí que está en cuestión. No se trata de una “cesión de soberanía” como con simpleza intelectual se argumentó desde la derecha populista de nuestro país, haciendo gala de un exacerbado nacionalismo que bien la define. En todo caso, los cuestionamientos más duros están dirigidos a la más absoluta torpeza y desacierto con los que se mueve nuestro gobierno en temas tan relevantes como las relaciones internacionales. En este entramado, la posible cesión de cuota resulta casi irrelevante, quedando reducida la discusión a su oportunidad estratégica como acción de corte diplomático.



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