Comercio y servicios entran en fase contractiva y confirman el enfriamiento de la economía
Viernes 29 de mayo de 2026. Lectura: 4'
La caída del comercio y los servicios en el primer trimestre de 2026 confirmó el enfriamiento económico que empresarios y analistas venían advirtiendo desde hace meses. El deterioro se extendió a la mayoría de los rubros, golpeó especialmente a las microempresas y reflejó una menor disposición a invertir, contratar personal y consumir.
La caída de 1,1% en la actividad del comercio y los servicios durante el primer trimestre de 2026, relevada por la Cámara de Comercio y Servicios del Uruguay, no constituye una sorpresa. Por el contrario, confirma una tendencia de desaceleración que se venía consolidando desde mediados de 2025 y que ahora empieza a extenderse de manera más generalizada entre rubros, regiones y tamaños de empresa.
La encuesta muestra un deterioro más profundo que el mero dato agregado. El índice de difusión por rubros —que mide cuántos sectores crecen— cayó a apenas 27%, cuando en el último trimestre del año pasado era de 47%. Eso significa que menos de un tercio de los giros relevados logró expandirse. El fenómeno, además, se refleja también a nivel empresarial: solamente 34% de las firmas reportó crecimiento en ventas.
El dato más significativo es que algunos sectores que habían logrado sostenerse en 2025 comenzaron ahora a retroceder. Hoteles y supermercados, por ejemplo, pasaron de terreno positivo a negativo, en un contexto donde el menor dinamismo del consumo ya impacta incluso en actividades tradicionalmente más resistentes a las oscilaciones económicas.
La contracción golpeó especialmente al sector servicios, que cayó 6,8%, mientras que el comercio retrocedió 0,4%. Esto resulta coherente con un escenario de menor circulación de ingresos, pérdida de dinamismo del empleo y creciente cautela de consumidores y empresas.
Las microempresas aparecen como las más afectadas, con una caída de ventas de 10,4%, reflejando la fragilidad del pequeño comercio frente a costos altos, menor demanda y pérdida de competitividad. Tampoco ayudó el contexto regional: el litoral volvió a exhibir uno de los peores desempeños, con un descenso de 5,7%, muy afectado por las diferencias de precios con Argentina y el estímulo permanente a las compras en el exterior.
El panorama sectorial también deja señales claras sobre el comportamiento de la economía. Los rubros vinculados al consumo cotidiano y discrecional fueron los más castigados. Supermercados, hoteles y varios servicios personales sintieron el freno del gasto de los hogares, mientras que otros sectores ya venían debilitados desde el año pasado, como minimercados, bazar y artículos para el hogar.
En contraste, apenas unos pocos sectores lograron crecer. Construcción, ferreterías y pinturerías mostraron avances, al igual que informática y vehículos con repuestos y combustibles. Se trata, en general, de actividades asociadas a inversiones puntuales, mantenimiento o reposición, más que a una expansión vigorosa del consumo.
La encuesta también revela un problema de expectativas. La propensión de las empresas a contratar personal, invertir o comprar insumos cayó al nivel más bajo desde comienzos de 2022. El indicador se ubicó en 51 puntos, apenas por encima de la zona de estancamiento, reflejando que las empresas perciben un horizonte de incertidumbre y optan por postergar decisiones.
Más preocupante aún es el deterioro de las expectativas de rentabilidad. La evaluación sobre 2026 cayó de 67 a 56 puntos y la correspondiente a 2027 descendió de 76 a 66. El mensaje empresarial es inequívoco: no solamente se percibe una desaceleración presente, sino también dificultades para revertirla en el corto plazo.
Los empresarios vienen advirtiendo desde hace meses sobre problemas de competitividad, atraso cambiario y pérdida de dinamismo. El propio presidente de la Cámara de Comercio y Servicios, Julio César Lestido, había señalado recientemente que Uruguay es “un país caro” y que la desaceleración ya mostraba “luces amarillas”.
En ese contexto, los resultados del primer trimestre simplemente consolidan una realidad que ya era visible: el consumo se enfría, el empleo pierde vigor, las empresas reducen expectativas y la actividad privada comienza a ingresar en una fase contractiva más amplia.
El desafío para el gobierno será evitar que esta desaceleración derive en un deterioro más profundo del mercado laboral y de la inversión. Sobre todo porque el debilitamiento ya no aparece concentrado en algunos sectores aislados, sino extendido en prácticamente toda la estructura comercial y de servicios del país.
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