Edición Nº 1084 - Viernes 12 de junio de 2026

Colonia en la historia

Edición Nº 1065 - Viernes 12 de diciembre de 2025. Lectura: 4'

Por Julio María Sanguinetti

La memoria de Colonia revive cada vez que sus piedras cuentan la historia de dos imperios y un país en ciernes.

El viernes pasado la Intendencia de Colonia realizó un hermoso acto de celebración de los 30 años de la Declaración de Patrimonio Histórico de la Humanidad del casco antiguo o barrio Sur de la ciudad. Tuvimos la alegría —y el honor— de participar y, con el senador Carlos Moreira, compartir la distinción que en 1995 se otorgó a Colonia, estando él en la Intendencia y nosotros en la Presidencia de la República.

Por supuesto, fue el resultado de un larguísimo esfuerzo. Ante todo y principalísimo, de restauración de esa zona envejecida y deteriorada de la ciudad. El ideólogo fue Fernando Assunção. Fue él quien imaginó la restauración, quien armó la primera comisión y comenzó en 1967, con algunos colaboradores fundamentales como el Arq. Odriozola, coloniense, y el profesor Arq. Antonio Cravotto. Se llamó Consejo Honorario de las Obras de Preservación y Reconstrucción de Colonia del Sacramento.

Pasada la dictadura, durante la que se siguieron realizando trabajos, en 1986 legalizamos la Comisión y ya comenzó a pensarse en la UNESCO. Fueron apoyos importantes nuestro amigo, el director general Federico Mayor Zaragoza, y los gobiernos de España y Portugal, que asumieron el valor de este lugar que fue de disputa, y hoy de encuentro, entre las dos vertientes de la cultura ibérica.

Personalmente, visité tres veces la UNESCO ambientando la idea, que finalmente se votó en Berlín, adonde asistieron el intendente Moreira y el arquitecto Cravotto.

En cuanto a la historia, si hay algo fascinante es justamente Colonia. Como sabemos, el Tratado de Tordesillas estableció que, a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde, se tiraría una línea, de modo que los dominios de Portugal quedaban al este y los de España al oeste. América Latina caía en general en manos españolas, pero la línea, no bien precisada porque no se sabía ni siquiera qué isla era, pasaba más o menos por lo que hoy es Santos. Hábilmente, Portugal la corría todo lo que podía hacia el oeste y así lo hizo durante siglos, acuñando la teoría de las “fronteras naturales” que le atribuían todo lo que había entre el Amazonas y el Río de la Plata.

Así es que funda Manuel Lobo la Colonia del Sacramento el 22 de enero de 1680, frente a Buenos Aires y con el claro propósito de comerciar en su desmedro. El gobernador de Buenos Aires, Manuel Garro, reivindica el lugar y organiza una reconquista que resultó tremenda por lo sangrienta.

Ante el reclamo portugués, España devuelve Colonia y el gobernador Francisco Neper de Lencastre la reconstruye, trae pobladores y levanta la Iglesia en un clima de paz que no dura mucho, porque en 1704 el gobernador de Buenos Aires, Alonso de Valdés, sitia la ciudad y los portugueses la entregan, pero luego de destruir fortificaciones.

Así llegamos a 1715, en que el Tratado de Utrecht pone fin a la Guerra de Sucesión Española, en que Borbones y Habsburgos dirimían supremacías. Se reconoce a Felipe V como rey de España, pero Colonia vuelve a Portugal en medio de un cúmulo de reivindicaciones territoriales. Allí vendrán los 27 años del gobernador Antonio Pedro Vasconcellos, la figura más importante en esta historia. Colonia se consolida y pasa a vivir de los cueros y la carne salada que comienza a exportar hacia Brasil.

En 1750 se suscribe el Tratado de Madrid y, así como Colonia retorna a España, las Misiones pasan a Portugal y se desata la guerra guaranítica por la resistencia indígena a esa transferencia. Es el momento dramático que con tanta notabilidad describe la película La misión.

Cevallos se adueña de la ciudad y, ya como virrey, la repuebla con gente que venía del fracaso de colonizar la Patagonia. En el Tratado de San Ildefonso se consolida el dominio español.

Habrá un momento inglés en 1797 y luego la revolución, porque allí estaba Artigas de 2.º jefe cuando se produce la Revolución de Mayo y se va a Buenos Aires a pedir ayuda. Colonia vivirá entonces las vicisitudes que nos llevarán hasta nuestra definitiva independencia en una puja entre el Imperio de Brasil y las Provincias Unidas.

Es una historia fascinante, felizmente reconquistada en sus trazas materiales y en su atmósfera. El Barrio Histórico de Colonia hoy es un notable ejemplo de esa presencia de los imperios ibéricos y de la sencillez de la vida en aquellos tiempos fundacionales. Para Colonia ha sido, a su vez, un antes y un después. Lo vivimos en ese hermoso atardecer del viernes, en que cientos de turistas, argentinos y brasileños, caminaban apaciblemente mientras se fotografiaban entre las viejas piedras coloniales.

En medio de tanto debate inútil y de tanto enojo estéril, ver el resultado del rescate histórico y de cómo él, a su vez, es fuente de trabajo para la gente, resulta más que gratificante. Ojalá pudiéramos hacer lo mismo con la Ciudad Vieja montevideana, apoyando y ampliando algunos esfuerzos que ya concitan la esperanza.



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