Clara falta de voluntad
Viernes 13 de marzo de 2026. Lectura: 3'
Por Susana Toricez
Mientras el Estado despliega operativos y programas millonarios, la cantidad de personas viviendo en las calles de Montevideo no deja de crecer. La persistencia del problema sugiere que más que falta de recursos, lo que escasea es verdadera voluntad política para atacar sus causas de fondo.
Es más que evidente que no existe voluntad política para que las personas en situación de calle dejen de serlo.
Desde Ciudad Vieja, pasando por el Centro, Cordón, Parque Batlle, Parque Rodó, Punta Carretas y Pocitos, es alarmante la cantidad de esas personas que se instalan y hacen su vida cotidiana en plena vereda, obligando a que los peatones deban bajar a la calle.
La Policía, el Mides y la Intendencia de Montevideo llegan, despliegan todo un operativo, cargan sus cosas y se las llevan.
Pero, unas horas después, están instalándose nuevamente con sus tolderías a unos pocos metros de donde estaban.
Duermen, cocinan, se bañan y hacen sus necesidades a la vista de quien quiera verlos.
Es habitual escuchar decir que muchos de ellos son personas que salieron recientemente de la cárcel. Posiblemente sea así, pero es evidente que es tal la cantidad de dinero que mueve el Estado alrededor de esta situación que a nadie le interesa corregirla.
Porque, si lo que se pretende es que haya menos personas indigentes, se debería comenzar por el principio, que es atender la situación de las cárceles.
Para modificar la situación de los privados de libertad, con apenas disponer de algunas hectáreas de campo ocioso —de las que tenemos miles—, instalar contenedores habitables que cumplieran la función de celdas y, allí mismo, hornos de ladrillos para que los presidiarios trabajen obligatoriamente haciendo algo útil, o crear granjas productivas con gallinas, cerdos, verduras y frutas para que ellos mismos se ganen el sustento, gran parte del problema estaría solucionado.
Está claro que eso no implica un gasto imposible de realizar si lo comparamos, entre otras cosas, con los 800 millones de dólares que hubo que poner en Ancap durante la administración de Sendic, o con el gasto inútil que resultó la construcción del corredor Garzón.
Por eso mismo queda mucho más que claro que a nadie le interesa realmente que la situación de hacinamiento que hay en las cárceles se modifique, para que, al salir, los reclusos tengan alguna herramienta para no terminar tirados en las calles.
Son millones de dólares los que se destinan anualmente a todo lo que rodea la situación de las personas en situación de calle, con programas de todo tipo que, a la vista está, no corrigen nada. Nadie quiere soluciones radicales, porque ahí sí se termina la gallinita de los huevos de oro.
A la vista está que, si países que sufrieron guerras o vivieron en pobreza extrema pudieron hoy convertirse en potencias como Japón, Alemania o Corea del Sur, ¿cuál es la razón por la que un país de tres millones de habitantes, sin problemas graves, no logra salir de una situación claramente corregible?
Es clara la falta de voluntad, porque nadie tiene el valor suficiente de enfrentarse con quienes sacan ventajas de la miseria ajena.
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