Ciudadanos honestos y sin armas
Viernes 28 de noviembre de 2025. Lectura: 2'
Por Susana Toricez
La violencia se alimenta de la inacción: las armas siguen en la calle.
Armas.
Armas en la esquina.
Armas en un parque.
Armas en las escuelas.
Armas en los liceos.
Armas en las ferias.
Armas en los hogares.
Todos hablamos de inseguridad.
Los noticieros giran siempre alrededor de una rapiña, un tiroteo, un asalto con toma de rehenes, un copamiento, un niño que entra con un arma a la escuela, una discusión en el tránsito, un niño baleado, un ajuste de cuentas, un tiroteo entre bandas.
Hasta se han encontrado verdaderos arsenales en casas particulares.
¿Cómo es posible que existan armas al alcance de la mano de cualquier individuo?
Las autoridades piden más y más presupuesto. Se pide más y más personal policial. En los barrios difíciles los tiroteos son cosa de todos los días.
Ingresan todos los días a los hospitales niños con heridas de bala.
A pesar de todo eso, no escucho a nadie ir a la génesis del problema para eliminarlo de raíz. Jamás he escuchado decir que se comenzaría una campaña para desarmar a la población.
Es imperioso que se haga algo. Como sea. Advirtiendo, requisando, multando, procesando, de la manera que sea, pero no es posible que cualquier hijo de vecino, de cualquier edad, tenga acceso a un arma así como así.
Se hace imprescindible legislar para imponer la entrega de todas las armas que se tengan en forma irregular.
Es increíble, pero ya existe una manera de registrarlas legalmente, pero los controles son mínimos. A la vista está.
Existe también un lugar específico que las recibe, es un depósito judicial.
Tengo entendido que las armas requisadas en los procedimientos judiciales y policiales son fundidas en dependencias del Ejército y ese metal es convertido en varillas para la construcción. Por fortuna eso se utiliza para construir en lugar de destruir.
Que se siga entonces el mismo camino con la totalidad de armas que se encuentran en la calle y en manos de tanta gente irresponsable.
No queda otra que exigir y fiscalizar que quien quiera poseer un arma lo haga cumpliendo con la ley. Todo lo que se aparte de esa ley es delito, y debe ser sancionado como tal.
Si no se comienza ya con los controles y las exigencias para hacer uso de armas de manera reglamentaria, temo que en algunos años, en nuestro querido país, habrá más armas que ciudadanos honestos.
Porque paradójicamente, frente a las armas, los honestos estamos desarmados.
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