Chicotazo y la Liga Federal de Acción Ruralista, movimiento político antibatllista
Viernes 7 de agosto de 2026. Lectura: 6'
Por Tomás Laguna
La oportunidad de estas reflexiones obedece a la reciente presentación de un libro sobre este controvertido personaje, obra de nuestro correligionario senador Pedro Bordaberry.
Las causas del campo suelen englobarse en el amplio concepto de “ruralismo”. Una corriente de opiniones y sensibilidades antes que una ideología. En esta corriente de sentires suelen confluir quienes se identifican más que con una actividad económica, con una “forma de vida”. Definición esta última que explica cultura, tradición (como parte de aquella) y también valores superiores que son considerados como distintivos. Siempre en contraposición con la sociedad urbana, a la que el sentir rural considera una vida cómoda, consumista, despilfarradora y con ignorante soberbia de su dependencia de la producción rural. Se podrían agregar otras consideraciones, tema para sociólogos. Una última referencia. Ernesto Sábato definía muy bien las características del mundo urbano, cuantitativo, dinámico, liberal y temporal, donde se impone una mentalidad utilitaria donde todo se cuantifica. Al que contraponía con el mundo rural, estático, conservador y espacial. Diferencias que se han ido diluyendo en los tiempos que corren.
Vaya esta introducción para explicar el natural enfrentamiento entre dos realidades sociales diferentes que coexisten en un mismo país. Ocurre que ha existido quien ha utilizado la confrontación social como apalancamiento para acceder al poder. Hay ejemplos incluso contemporáneos de encumbrados políticos que han hecho gala de esta premisa, en particular en nuestra América Latina.
En nuestro país, el surgimiento a mediados del siglo pasado del ruralismo como movimiento político puede explicarse desde esta última óptica, en este caso la confrontación campo-ciudad. Espontáneo o premeditado, aquel movimiento surgía de un objetivo ambicioso en la procura de un ruralismo de masas, con una representación más amplia que la ejercida hasta el momento por la ganadería tradicional y los grandes terratenientes. Fue así que en agosto de 1951, en un acto celebrado en el Ateneo de Montevideo y con la presencia de varias agremiaciones pertenecientes a la Federación Rural, se fundaba la Liga Federal de Acción Ruralista.
El ruralismo movilizado fue motivo de desvelo de los intelectuales de aquellos tiempos, década del ’50 y primeros años de los ’60. Methol Ferré, Real de Azúa y Solari, entre otros, se enfrascaron en el análisis y comprensión del origen y alcance de un movimiento de raíz social que no respondía a ningún partido político y que incluso evolucionaba por fuera de las gremiales rurales tradicionales. Seguramente tenían la expectativa de que esta movilización lograra “torcer” el rumbo del país de acuerdo con sus previsiones y convicciones. Por su parte, Reyes Abadie hacía mención a un “Segundo Ruralismo”, luego del primer ruralismo surgido en 1871 con la fundación de la ARU, además de vincularlo con la historia del Partido Nacional.
Otros, como Carlos Zubillaga y Vivian Trías, le endilgaban, cada uno desde su óptica, la condición de populista al nuevo movimiento ruralista, en tanto que don Amílcar Vasconcellos era mucho más duro, comparándolo con la representación de intereses que en otros países derivaron en movimientos fascistas.
Pero aquel movimiento duró muy poco más que la vida de su líder y mentor, un particular personaje surgido de los medios de comunicación de entonces y con una notable capacidad para captar aquel descontento del hombre de campo desde sus sentimientos de postergación social y soledad en el bucólico paisaje que por momentos es apacible cobijo como también inclemente castigo severo.
Ese particular y controvertido personaje fue Benito Nardone, al que mejor se lo conoce por el seudónimo “Chico Tazo”, adoptado para su comunicación radial. Habilidoso comunicador que supo manejar términos clasistas, en particular el mote de “botudos” y “galerudos”, de explicación obvia. No obstante, desde siempre se posicionó muy lejos de la izquierda, evolucionando en su discurso hacia el liberalismo conservador, con un posicionamiento marcado en una derecha de culto y características populistas. Utilizó el artiguismo como ideario referente para escapar al bipartidismo fundacional de nuestra República, al punto de que la bandera creada para identificar al nuevo movimiento fue diseñada a partir del fondo verde del campo cruzado por dos franjas, una blanca y otra colorada. Nada más que decir.
Benito Nardone surgió en la escena política en 1938 como candidato a diputado por el “riverismo”, aquellos colorados no batllistas. Su oportunidad la tuvo a través de Radio Rural, donde lo llevó don Domingo Bordaberry, connotado dirigente colorado riverista, fundador de la misma. Fue entonces que, a través del programa “Diario Rural”, logró alcanzar los rincones más alejados del país en tiempos en que la información, en particular de mercados, era prácticamente inexistente. El lema inicial fue “De los ganaderos y para los ganaderos”. Anteriormente, se había desempeñado como periodista en El Día, el diario de don José Batlle y Ordóñez.
Su periplo político lo llevó en 1954 a recomendar el voto por don Luis Batlle Berres, heredero político de “Don Pepe”, para cuatro años más tarde definir al líder neobatllista y a sus partidarios como “comunistas chapa 15”, por el número que identificaba la lista batllista. Centraba sus exacerbados cuestionamientos en lo que llamó socialismo de Estado, a su gasto administrativo y el modelo de sustitución de importaciones, objetivo batllista central que se justificaba en aquel mundo de posguerra.
En particular, atacaba la política fiscal y cambiaria, a las que atribuía como perjudiciales para el campo en beneficio de la gran ciudad. Fue así que en las siguientes elecciones nacionales apoyó electoralmente al “conservadurismo liberal”, al decir del Prof. Caetano, aportando el diferencial de votos necesario para el triunfo del Partido Nacional. Fue así que ingresó al Consejo Nacional de Gobierno, poder ejecutivo de la época en plena vigencia del colegiado.
El anecdotario posterior es profuso, como cuando hizo un desagravio al mate luego de que el presidente del Consejo de Gobierno, don Eduardo V. Haedo, invitara al Che Guevara con unos mates con motivo de su concurrencia al Consejo Interamericano Económico y Social (CIES) de la OEA, realizado en 1961 en Punta del Este.
Más allá de lo anecdótico, se podría definir al “Chicotazismo” como un movimiento populista, desde que obedecía verticalmente a un único líder (de hecho, tras su muerte se diluyó), en cierto modo un antisistema que cuestionaba a los partidos políticos reivindicando las individualidades por encima de los partidos. Pero por sobre todo, un encarnecido enemigo del modelo batllista de desarrollo económico y social. Por cierto que tuvo sus muchos seguidores entre colorados de “derecha”; no en vano se comenta que finalizaba sus intervenciones radiales modificando aquel poema de Martí al decir: “Cultivo una rosa blanca y otra colorada…”.
Se hace mención, en la memoria del personaje mencionada al principio, a una invocación que integraba también el acervo oral de Nardone, la icónica frase “Al trabajo y adelante”. Corresponde decir que la misma tiene su origen en una histórica exhortación hecha por el primer presidente de la Asociación Rural del Uruguay, don Juan Carlos Gómez, dirigida a sus compañeros de directiva en momentos de ser enviado al destierro en la barca Puig junto a varias personalidades políticas de la época tras el derrocamiento del presidente José Ellauri. Año 1875. Juan C. Gómez lo hizo a través de un editorial en la revista institucional que llevaba el título en cuestión, dando a entender que su forzada ausencia no debía incidir en el empuje de la institución. El texto de aquel editorial merece ser leído hoy. Motivaciones heroicas de entonces, muy lejanas a las movilizaciones de Chico Tazo.
Seguramente la derecha colorada, junto a muchos políticos blancos, se sentirá afín al recuerdo de este particular personaje de nuestra historia política y social. No es nuestro caso.
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