Caen relatos y muros, pero...
Edición Nº 1067 - Viernes 6 de febrero de 2026. Lectura: 2'
Por Luis Hierro López
Desde la caída estrepitosa del Muro de Berlín, los demócratas del mundo seguimos esperando que los marxistas de todo tipo se declaren rendidos, vencidos por la vergüenza.
Hay muchas personas, en Uruguay y en el mundo, que no tienen conciencia directa de lo que significaron las dictaduras soviéticas en la historia de la humanidad: millones de muertos y perseguidos. Si de contar se trata, esos regímenes dictatoriales asesinaron a más personas que cualquier otro gobierno. Pese a ello, hubo (y hay) entre nosotros muchas personas que justificaron y apoyaron esas dictaduras sangrientas y liberticidas.
Ni hablar de Cuba. Sesenta y siete años de dictadura y acá hay cientos de miles de compatriotas que siguen defendiendo lo imposible.
Luego vino el chavismo con sus petrodólares: el día que se conozcan los archivos de esos sobornos —verdaderos ataques a la tan invocada “soberanía” de los pueblos—darán para morirnos de vergüenza. Pero no, los “compañeros” siguen. Entre las filas de los compañeros hay notorios dirigentes que fueron espías al servicio del sovietismo. Y hay una enorme gama de personas serviles, como el adulador dirigente sindical que besaba a Maduro “en nombre del pueblo uruguayo”. O aquellas autoridades municipales que entregaron, conmovidas, las llaves de Montevideo al dictador de Nicaragua, violador demostrado de su hijastra menor. Si hiciéramos una colección de biografías de estos apátridas inmorales, tendríamos una enorme colección.
Pero, además de estos dirigentes traidores a la moral y a la decencia, hay millones de personas que se dejan seducir por sus engaños. Los millones de cubanos engañados y sometidos al hambre, a la miseria y a la prostitución, ¿podrán reaccionar y valorar la democracia y la libertad perdidas hace décadas?
Sí, podrán. De eso se trata la evolución de las civilizaciones y los hombres, aunque haya que atravesar décadas de atentados a la libertad.
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