CALCAR
Edición Nº 1031 - Viernes 11 de abril de 2025. Lectura: 5'
Por Tomás Laguna
Al cierre de la edición pasada de este semanario se conocía el cierre definitivo de la última planta en funciones que le quedaba a CALCAR. Se agrega así otra agroindustria que claudica ante una crisis de competitividad que se arrastra por años y atraviesa a todos los gobiernos.
La industria láctea CALCAR fue fundada en 1956, tiempos del llamado “2do batllismo”, época de apoyos a la industrialización en nuestro país, vigencia del modelo de sustitución de importaciones en un mundo con economías protegidas cuando aun se transitaba la restauración de post guerra. Como en muchos emprendimientos industriales de aquellos tiempos, detrás de cada iniciativa era posible identificar meritorios emprendedores que merecen ser recordados en sus esfuerzos por agregar valor industrial a nuestra producción primaria. Fue Antonio Ibaldi quién dio origen en julio de aquel año a la planta industrial de Carmelo. En noviembre, 4 meses más tarde, adoptó el formato de cooperativa nucleando a 23 tamberos dónde cada uno remitía unos 100 lts diarios de promedio. El objetivo inicial fue abastecer con queso y leche pasteurizada a la zona de Carmelo. Pero desde el inicio el dulce de leche fue producto destacado gracias a la fórmula aportada por el Sr. Antonio Perrini, inmigrante italiano propietario de una heladería en la misma ciudad de Carmelo.
La empresa fue creciendo en volumen de remitentes y producción industrial al punto de convertirse en activa exportadora. No obstante en la década del ’90 la cooperativa se vio enfrentada a circunstancias difíciles que llevaron a un grupo de directivos a pensar en su venta. De hecho existió una oferta interesante de PARMALAT. Pero tras el siguiente cambio de directiva se descartó la venta, procurando re-direccionar mercados. Por entonces se exportaba el 99% de lo producido en tanto el resto se colocaba en la misma ciudad de Carmelo. El nuevo objetivo fue diversificar la línea de productos exportables y a la vez lograr penetrar el difícil y exigente mercado interno, en particular Montevideo. Para esto último se innovó incluso a través del envase de la leche líquida, procurando un sistema moderno, cómodo para el consumidor, similar al utilizado en los EEUU. En definitiva, la empresa procuró en todo momento diversificarse a través de la amplia gama de productos lácteos, evitando quedar como un mero distribuidor de leche líquida. La marca pudo imponerse y lograr el reconocimiento del mercado capitalino gracias a la calidad ofrecida.
Esta historia de iniciativas, contratiempos, esfuerzos para superarlos, reconocimientos al producto ofrecido, en fin, de sueños y desvelos, tuvo su cenit promediando la 2da década de este siglo, en plena vigencia de los gobiernos del conglomerado de izquierdas. En el 2015 dos plantas de capitales extranjeros, Ecolat y Schreiber foods, anunciaban su cierre definitivo. Por entonces PILI instalaba en las afueras de Paysandú, apostando a un prometedor crecimiento, una moderna planta industrial con equipamiento traído de Suecia. Le duró 3 años la ilusión. La empresa cerró en febrero de 2018. Ya entonces CLALDY denunciaba las crecientes dificultades para la viabilidad de las agro-industrias lácteas menores. La adversidad también alcanzó a COLEME, la cooperativa láctea más antigua del país (1932). Pudo sobrevivir hasta el presente gracias al apoyo de CONAPROLE derivándole leche para procesar. Hoy la cooperativa de Melo se desvela en un desesperado intento de reestructura final, enfrentando la intransigencia sindical llevada a su máxima expresión.
El réquiem de cualquier agroindustria láctea se inicia con problemas de gestión que llevan a incumplir con el pago en fecha a los productores remitentes y consecuentemente la decisión de estos en re-direccionar el destino de su producción. Es la muerte inevitable, deudas y sin materia prima para procesar. Ocurre que en el negocio industrial lácteo la llave está en asegurarse el insumo antes que los mercados, al revés de lo que la lógica indicaría. Son los productores los cimientos, luego viene todo lo demás. Del total de leche remitida a planta en el país, en el 2015 CALCAR recibía el 3%, en el primer semestre del 2023 se reducía al 1,6% del total remitido en el país. Un año después no superaba el 1,4%… la historia hoy ya es conocida. Endeudada y sin leche para procesar, muy lejos quedó atrás el entusiasmo de aquellos 23 productores que la iniciaron hace ya 68 años…
En febrero escribíamos en este espacio sobre el alerta en la industria frigorífica dónde varias plantas medianas o chicas tienen dificultades crecientes para operar, por no decir que están cerradas. Un mes después de aquella columna, la Justicia decretó el concurso de acreedores de SOMICAR, empresa dueña del Frigorífico Frigo-Salto. No obstante los cierres o bien cese de actividades de varios frigoríficos de menor dimensión, la faena se sigue llevando a cabo en importante volumen. Ocurre que la capacidad de faena de las principales plantas industriales absorbe, sin mayores inconvenientes, la oferta de ganados preparados en un panorama promisorio de los mercados externos, más allá de las incertidumbres por la guerra de aranceles. No es muy diferente el caso de la industria láctea. CONAPROLE seguirá concentrando la producción mientras las plantas chicas que sobreviven se las arreglan como pueden para seguir en actividad. En todo este escenario de concentración industrial, las principales damnificadas son las familias de las regiones afectadas por el cierre de tantas fuentes laborales. Y cuando la industria ya está concentrada, la opción es la exportación sin procesar, caso del arroz dónde la exportación del “arroz cáscara” creció en pocos años del 15% al 30% del total cosechado.
El senador Javier García ha sido el único legislador en alzar la vos y reclamar una comisión a nivel parlamentario para discutir la competitividad de nuestra economía. Oportuno pero aislado en su intento. Seguramente un saludo a la bandera, cuando la respuesta está en el equipo económico, empezando por aquellas definiciones macro económicas que nos afectan como país caro para producir, y luego tantas variables micro que hacen a los crecientes costos para agregar valor industrial en cualquiera de las cadenas del agro negocio de exportación.
Cerró CALCAR… que pase el que sigue…
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