Edición Nº 1080 - Viernes 8 de mayo de 2026

Brasil y su denuncia de dumping lácteo, burda expresión de proteccionismo primario

Viernes 8 de mayo de 2026. Lectura: 6'

Por Tomás Laguna

Mientras celebramos la entrada en vigencia del acuerdo UE-MERCOSUR tras un interminable proceso de negociación, en la interna de este último continúan las rispideces comerciales devenidas de las obsesiones proteccionistas en determinados sectores de la economía del bloque. Es lo que ha venido ocurriendo por años con los productores brasileños, más parecidos en sus actitudes a los caprichosos y malcriados productores europeos, reivindicadores de subsidios y proteccionismos a ultranza. La antojadiza denuncia por dumping a la producción lechera uruguaya es un nuevo capítulo de una historia ya conocida.

Algunos hechos en lo que va del siglo: Año 2004: ante una abundante cosecha de arroz en Río Grande, productores brasileños acusaron a Uruguay de triangular arroz de origen asiático, en particular de Tailandia, ofreciéndolo como uruguayo. El absurdo llevó a que enarbolaran bolsas vacías de arroz tailandés, en realidad obtenidas de las importaciones que hacía el propio Brasil desde el país asiático. 2005: los arroceros brasileños atribuyeron a Uruguay y Argentina la caída de los precios del grano. Catorce camiones con arroz uruguayo quedaron trancados en Aceguá por barricadas levantadas por productores brasileños en la ruta. Otros seis esperaban en territorio uruguayo. 2011: la Asociación Cultivadores de Arroz de nuestro país denunciaba un cierre forzoso de fronteras al ingreso de arroz uruguayo al mercado brasileño. La gremial acusó entonces a sus colegas brasileños de reclamar medidas proteccionistas y solicitar subsidios a la producción. 2012: la presidente Rousseff vetó la imposición de un arancel del 9,25% a importaciones de arroz y harina de trigo desde el MERCOSUR, iniciativa impulsada por productores brasileños del sur de ese país. 2017: nuevo intento de Brasil de limitar mediante cuotas las importaciones de lácteos desde Uruguay. 2023: el sector productivo brasileño insistía con restringir las importaciones de lácteos desde los países del Mercosur. Por entonces promovían una ordenanza que excluyera el uso de leche importada en los almuerzos escolares. 2024: el por entonces ministro de Ganadería uruguayo, Fernando Mattos, debió salir al cruce de su par en Brasil: “No hay acciones especulativas de Uruguay con el precio del arroz”, recordando que Uruguay es, por dimensión, tomador de precios. Calificó aquellas declaraciones de infelices y sin fundamentos.

Seguramente se nos escapan otros episodios de similar naturaleza en todos esos años.

Se pueden resumir en cuatro los argumentos esgrimidos por los productores brasileños para oponerse a la importación de productos de origen agropecuario desde Uruguay: importaciones excesivas; precios predatorios; triangulación de terceros países; bajos estándares sanitarios y de calidad de las importaciones. Así llegamos hoy a la actual denuncia por dumping a los lácteos uruguayos.

¿Cómo entender este despropósito proteccionista entre un país que se ubica entre los diez primeros del mundo en producción de arroz y el quinto mayor productor lácteo frente a su pequeño vecino, ubicado por volumen en el puesto 40 del ranking de productores mundiales del cereal y en el lugar 50° como productor lácteo?

Nuestro país, al contrario de sus vecinos linderos, depende de las exportaciones agropecuarias por la nimiedad de su mercado interno. Entre el 75 y el 95% de la producción, según el rubro, tiene por destino los mercados externos. Del total de nuestras exportaciones, los lácteos ocupan el quinto lugar en valor (7% al 8% del valor total), pero muy en particular es importante el mercado brasileño, siendo el tercer rubro exportado con ese destino. En la actualidad nuestra leche en polvo es insumo para los alimentos preparados por la industria brasileña. Esto implica un virtuoso y saludable esquema de integración industrial regional. Ocurre que Brasil debe importar para complementar su propia producción en el abastecimiento a un mercado interno con demanda creciente de este alimento. Aun así, el reclamo proteccionista de sus productores lecheros logra resonancia política.

¿Qué tiene Uruguay que tanto preocupa a los agricultores y tamberos brasileños? Tiene un intangible que los desespera, tanto como ocurre con los malcriados productores europeos. Ese intangible se llama competitividad, por productividad y calidad del producto ofrecido.

En productividad (rendimiento por ha) de arroz, nuestro país está segundo a nivel mundial junto con Australia y tras Egipto. Brasil, en el lugar 16, tiene una productividad 30% menor, además de que el arroz uruguayo es mucho más valorado por tamaño y calidad del grano. En lechería, tema que nos ocupa, la asimetría es extrema. La lechería uruguaya, con poco más de 2.000 remitentes, tiene una productividad del entorno de los 2.000 litros por día. Brasil, con más de un millón de productores, tiene una productividad paupérrima, en el entorno de los 80 litros diarios (fuente: FAO). Uruguay aún sufre la reestructura, con productores que año tras año abandonan la producción. No obstante, la lechería en su conjunto, con los que quedan en actividad, aumenta año tras año el volumen producido. Menos productores, más productividad, mayor producción. Proceso al que se negó Brasil, donde la falta de escala y la baja productividad son determinantes de problemas sociales en este rubro, el que hoy sobrevive a partir de las presiones políticas y consecuentes medidas proteccionistas. Si bien la denuncia la realizó la gremial agropecuaria CNA (con tendencia derechista), fue de interés político del Ministerio de Agricultura Familiar, políticamente en manos del PT, demostrando una lucha por representar a la gran masa de pequeños productores lecheros. Pretenden endosarle a nuestro país los costos sociales de sistemas productivos ineficientes.

Técnicamente, las denuncias por dumping van dirigidas a las empresas exportadoras, no al país. Son ellas las que deben responder, a saber: CONAPROLE, Estancias del Lago y Alimentos Fray Bentos. También es necesario entender que el dumping no es una práctica expresamente prohibida por la OMC; solo es penado si causa daño. No obstante, es necesario consignar que en el período investigado al que refiere la denuncia, 2023 en adelante, el valor de nuestros lácteos siempre estuvo por encima de los de Oceanía y Europa. No tiene fundamento la denuncia realizada, que paraliza hoy las exportaciones. Seguramente obedece a la molestia que les genera que nuestros lácteos tengan preferencia regional, ingresando sin arancel al mercado brasileño, en tanto que las importaciones procedentes de otros destinos deben pagar 21,5% por tal concepto. Pero eso está en las reglas de juego, las cuales no necesariamente han beneficiado a nuestro país en todos estos años.

Ocurre que Uruguay ha tenido sistemáticamente saldo comercial negativo con Brasil durante la vigencia del MERCOSUR. Más aún, nuestro país importa productos de alto valor agregado en tanto exporta a ese mercado básicamente productos del agro. Esto configura una asimetría enorme, razón sustantiva para que esta nueva y absurda denuncia sea asumida por la misma Cancillería como un asunto de interés nacional antes que por las empresas involucradas. La situación también exige una reacción rotunda, contundente, de parte del ministro Fratti, como lo hizo su antecesor Fernando Mattos en 2024. Hasta ahora solo le conocemos tibias declaraciones de preocupación.

Sería importante que la simpatía y alineación de nuestro actual gobierno con el presidente Lula da Silva permita destrabar esta absurda e indignante situación. Será la oportunidad para que la ideología sirva de algo en las actuales relaciones internacionales…



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