Brasil vota entre dos rechazos
Viernes 2 de octubre de 2026. Lectura: 13'
Más de 150 millones de brasileños están convocados a las urnas este domingo 4 de octubre. La Presidencia concentra la atención, pero también se renovará la Cámara de Diputados, dos tercios del Senado y se elegirán gobernadores y legisladores estaduales. Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro llegan a la primera vuelta separados por pocos puntos y con un eventual balotaje que las encuestas muestran prácticamente empatado.
Brasil llega a sus elecciones generales más polarizado que en 2022 y, al mismo tiempo, poco entusiasmado con sus dos principales opciones. Luiz Inácio Lula da Silva, presidente y candidato del Partido de los Trabajadores (PT), y Flávio Bolsonaro, senador del Partido Liberal (PL) e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, absorben una proporción abrumadora de las preferencias, mientras los restantes candidatos luchan por conservar algún espacio entre dos electorados movilizados, en buena medida, por impedir el triunfo del adversario.
Las encuestas de esta última semana presentan diferencias según el instituto y la metodología, pero coinciden en dos aspectos: Lula aparece generalmente por delante en la primera vuelta y ninguno de los dos principales candidatos obtiene una ventaja clara en una eventual segunda.
Quaest registró 39% para Lula y 34% para Flávio. Otros relevamientos reducen esa distancia y algunos llegan al empate técnico. El conjunto de encuestas publicadas entre el 28 de setiembre y este 1.º de octubre ubica a Lula entre 39% y 45,3%, mientras Flávio oscila entre 34% y 44%. En las simulaciones de segunda vuelta las diferencias son todavía menores y, en prácticamente todos los casos, quedan dentro de los respectivos márgenes de error.
La fotografía, por tanto, es bastante clara aunque el resultado no lo sea: Lula y Flávio concentran ampliamente la competencia y Brasil se encamina, salvo una alteración importante en las últimas horas de campaña, a decidir la Presidencia el 25 de octubre.
Mucho más que la Presidencia
La primera vuelta resolverá, sin embargo, muchas cosas que no podrán esperar hasta entonces.
Cada elector deberá votar para diputado federal, diputado estadual o distrital, dos senadores, gobernador y presidente. Se renovará toda la Cámara de Diputados y las asambleas estaduales, mientras 54 de las 81 bancas del Senado —dos por cada estado y por el Distrito Federal— quedarán definidas el domingo.
La composición de la Cámara alta tendrá particular importancia. El Senado interviene en la aprobación de autoridades de instituciones fundamentales, incluidos los integrantes del Supremo Tribunal Federal, y posee competencias decisivas en eventuales juicios políticos. Un presidente puede ganar una elección y encontrarse, desde el primer día, obligado a negociar con un Congreso adverso.
La derecha y la centroderecha han convertido precisamente al Senado en uno de sus principales objetivos, mientras el PT procura ampliar una representación que permita a un eventual cuarto gobierno de Lula depender menos del denominado Centrão. Las elecciones parlamentarias pueden así condicionar tanto al presidente que resulte electo como el margen de maniobra de las demás instituciones durante los próximos cuatro años.
Lula: mejores números que sensaciones
Lula busca un cuarto mandato presidencial no consecutivo y llega a la elección con indicadores que su campaña exhibe como prueba de recuperación económica y social. El gobierno reivindica la reducción del desempleo, el aumento real del salario mínimo, la ampliación de las políticas sociales, la inversión pública y la recuperación de la presencia internacional de Brasil.
El problema para el oficialismo es que los datos generales no se traducen necesariamente en una percepción equivalente dentro de los hogares. El costo del crédito, el endeudamiento de las familias y el precio de alimentos y servicios continúan pesando sobre la evaluación cotidiana de la economía.
De allí surge una de las paradojas de la campaña. Lula conserva una base electoral sólida y continúa siendo particularmente competitivo en el Nordeste, entre sectores populares y entre los electores de mayor edad. Flávio, por su parte, procura absorber mediante el denominado voto útil a electores de derecha que todavía prefieren a candidatos menores.
La reducción del número de indecisos en los últimos relevamientos indica que ese proceso de concentración del voto ya está en marcha.
Bolsa Família en plena campaña
Una de las decisiones que más controversia generó en la recta final fue el aumento del Bolsa Família, dispuesto el 17 de setiembre, apenas unas semanas antes de la elección.
El gobierno sostiene que se trata de una recomposición destinada a recuperar parte del poder adquisitivo perdido desde la última actualización del programa. La oposición, en cambio, cuestiona la oportunidad elegida y sostiene que una medida de impacto directo sobre millones de beneficiarios adquiere inevitablemente una dimensión electoral cuando se adopta en los días previos a la votación.
El antecedente de Jair Bolsonaro, que aumentó el entonces denominado Auxílio Brasil durante su campaña de reelección de 2022, demuestra que la discusión no pertenece exclusivamente a uno de los dos campos políticos.
El debate de fondo es más amplio: hasta qué punto una medida social técnicamente justificable puede separarse de su utilización política cuando se adopta en plena campaña.
Las apuestas, justo antes de votar
La controversia aumentó con otra decisión próxima a la elección: las nuevas restricciones a las apuestas deportivas y a los casinos en línea.
El problema de las apuestas es real. El endeudamiento, la ludopatía, el acceso de menores y la agresividad de la publicidad han generado un debate creciente en Brasil. Pero la adopción de una medida de fuerte impacto popular en los últimos días de campaña abrió nuevamente la discusión sobre su oportunidad política.
El asunto posee, además, consecuencias económicas importantes. Buena parte de los clubes de primera división depende de empresas de apuestas como patrocinantes principales y el sector ha advertido sobre los efectos de un cambio abrupto de regulación.
La controversia resume uno de los rasgos de esta recta final: casi cualquier decisión del gobierno es evaluada simultáneamente por su contenido y por el momento electoral en que se adopta.
Flávio: otro Bolsonaro, pero no el mismo
Flávio Bolsonaro procura presentarse como una versión menos estridente de su padre. Su campaña ha buscado suavizar las formas, acercarlo al electorado femenino y trasladar el centro de su discurso hacia seguridad, economía y eficiencia administrativa.
Su programa plantea contener el gasto, reducir impuestos y regulaciones y modificar algunas reglas institucionales. En seguridad propone endurecer fuertemente las penas y tratar a las principales organizaciones criminales bajo un régimen equiparable al aplicado a grupos terroristas.
El crimen organizado constituye uno de los asuntos centrales de la campaña. La expansión territorial y económica del Primer Comando de la Capital y del Comando Vermelho ha convertido la seguridad en un problema que excede ampliamente la delincuencia común y alcanza instituciones, negocios y territorios bajo influencia de las organizaciones criminales.
Pero Flávio no puede desprenderse de la herencia política que constituye simultáneamente su principal capital electoral. Su candidatura recoge la estructura, la identidad y buena parte del electorado de Jair Bolsonaro, pero carga también con las controversias derivadas de la actuación del expresidente después de las elecciones de 2022.
Su desafío consiste, por ello, en conservar al votante bolsonarista más fiel y atraer, al mismo tiempo, al elector de centroderecha que rechaza a Lula pero tampoco desea una repetición de los enfrentamientos institucionales del período anterior.
Una campaña que también llegó a los altares
La religión apareció abiertamente en las últimas semanas.
Una controversia sobre Nuestra Señora Aparecida, patrona de Brasil, comenzó a circular como si Flávio Bolsonaro pretendiera retirarle esa condición. La versión se apoyaba, sin embargo, en un antiguo proyecto presentado por otro legislador y posteriormente archivado.
La discusión encontró terreno fértil porque la religión atraviesa buena parte de la división electoral brasileña. El bolsonarismo posee una presencia particularmente fuerte entre los evangélicos, mientras Lula obtiene mejores resultados entre los católicos.
Así, en los días finales, cuestiones de fe terminaron mezclándose con identidades políticas y temores culturales que ambos campos procuran movilizar.
Lula deja vacía la silla
La última gran cita televisiva antes de votar tendrá esta noche una ausencia tan visible como las presencias.
Lula decidió no concurrir al debate de Globo. En su lugar participará de una entrevista en Flow Podcast, prevista para comenzar a las 20.45, mientras el debate televisivo comenzará a las 21.30. Flávio Bolsonaro, Ronaldo Caiado, Augusto Cury y Romeu Zema confirmaron su participación.
La decisión hará que Lula termine la primera vuelta sin haber participado de ningún debate con sus adversarios. La explicación de su campaña es estratégica: siendo presidente, candidato a la reelección y único representante de la izquierda entre quienes estarán esta noche en el estudio, correría el riesgo de convertirse en el blanco común de los demás participantes. Parte de sus asesores considera preferible reservar una confrontación directa con Flávio para un eventual segundo turno.
Pero evitar un riesgo genera otro.
Durante varias horas de televisión abierta, los adversarios de Lula podrán cuestionar su gestión sin que el presidente responda directamente. Flávio, además, dispondrá de una exposición nacional particularmente valiosa cuando todavía quedan indecisos y cuando su campaña intenta atraer el voto útil de otros sectores de la derecha. Analistas consultados en Brasil discrepan sobre el efecto que finalmente tendrá la ausencia: puede evitarle a Lula un mal episodio a tres días de votar, pero también ofrecer a sus adversarios un argumento sobre su disposición a someterse a la confrontación pública.
El episodio ilustra, en cualquier caso, hasta qué punto ambas campañas han entrado en una etapa de administración de riesgos. Lula procura no cometer un error cuando aparece primero en buena parte de las encuestas; Flávio acepta la exposición del debate para intentar reducir la distancia y consolidar el voto opositor.
Los que disputan el tercer lugar
Muy detrás aparecen Augusto Cury, Ronaldo Caiado, Renan Santos y Romeu Zema.
Cury intenta presentarse como alternativa a la polarización; Caiado combina experiencia de gobierno, posiciones fiscales más conservadoras y una política severa de seguridad; Renan Santos representa al nuevo partido Missão, nacido del Movimiento Brasil Libre; Zema mantiene el programa económicamente más liberal, con privatizaciones, reducción del Estado y apertura comercial.
La disminución del espacio de esas candidaturas refleja la lógica del voto útil que domina la última semana. Pero eso no significa que sus electores carezcan de importancia.
Si se confirma el balotaje, esos votos constituirán uno de los principales terrenos de disputa durante las tres semanas siguientes. Buena parte de ellos se ubica fuera del espacio tradicional del PT, aunque ello no supone necesariamente una transferencia automática a otro integrante de la familia Bolsonaro.
Brasil y el mundo
La elección enfrenta también orientaciones internacionales diferentes.
Lula defiende el Mercosur, los BRICS, una relación estrecha con China y una política exterior que procura mantener autonomía respecto de Estados Unidos. Flávio propone una aproximación política mayor a Washington y ha cuestionado la participación brasileña en los BRICS.
Pero un eventual gobierno de Flávio tendría límites económicos concretos para modificar rápidamente la relación con China. El mercado chino ocupa un lugar central para el agronegocio brasileño, de modo que un alineamiento diplomático más estrecho con Estados Unidos no implica necesariamente un viraje comercial equivalente.
Uruguay, Brasil y una indiscreción
Para Uruguay, el resultado tendrá consecuencias directas.
Un nuevo mandato de Lula mantendría la afinidad política existente con el gobierno de Yamandú Orsi y una concepción más integracionista del Mercosur. Un gobierno de Flávio probablemente encontraría mayores coincidencias políticas con Estados Unidos y con el gobierno de Javier Milei y podría impulsar una agenda diferente dentro del bloque.
Existe, además, un episodio reciente que adquiere una dimensión política particular a medida que se conocen sus detalles.
Uruguay y Brasil venían conversando reservadamente la posibilidad de que Brasil pudiera utilizar parte del volumen de la cuota uruguaya de carne vacuna a China que nuestro país no alcanzaría a completar este año. El asunto era particularmente importante para Brasil, que agotó su propio cupo y desde este 1.º de octubre enfrenta un arancel adicional de 55% para las exportaciones que lo excedan.
La negociación salió a la luz inesperadamente después de la reunión que Lula y Orsi mantuvieron en Nueva York. El presidente brasileño agradeció públicamente a Uruguay por la supuesta autorización concedida para utilizar el excedente. El anuncio sorprendió incluso dentro del gobierno uruguayo, donde se entendía que el asunto todavía estaba siendo manejado con reserva y que cualquier transferencia dependía, en definitiva, de una decisión de China.
El propio presidente del Instituto Nacional de Carnes, Gastón Scayola, precisó posteriormente que Lula había ido más lejos de lo efectivamente acordado: Uruguay estaba dispuesto a ceder el excedente si China lo autorizaba, pero no tenía potestad para transferir unilateralmente una cuota establecida por las autoridades chinas.
La operación finalmente no prosperó. Según información transmitida desde Cancillería y recogida por representantes del sector rural, la respuesta informal de China fue que la cesión no era viable. El presidente de la Asociación Rural del Uruguay, Rafael Ferber, sostuvo además que el asunto se había manejado profesionalmente y con reserva hasta que el propio Lula lo hizo público mediante su mensaje en redes sociales.
El episodio deja entonces una consecuencia política aunque la operación comercial haya quedado sin efecto. Lula anunció como concedida una facilidad que todavía necesitaba la autorización de Pekín y reveló una negociación que los gobiernos venían manejando reservadamente. Uruguay quedó obligado a explicar públicamente el alcance real de un entendimiento que todavía no estaba concluido.
No hay elementos que permitan afirmar que un eventual gobierno de Flávio Bolsonaro reaccionaría contra Uruguay por este episodio. Sí existe la posibilidad de que el bolsonarismo lo utilice durante la campaña para subrayar la cercanía política entre Orsi y Lula. Para Montevideo, por eso, adquiere especial importancia presentar cualquier entendimiento de esta naturaleza como una relación entre Estados y no como una extensión de afinidades partidarias.
Brasil seguirá siendo Brasil después del 25 de octubre. Para Uruguay, esa realidad geográfica y económica obliga a mantener con su vecino una relación pragmática y estable, cualquiera sea la identidad política del próximo presidente.
Una primera vuelta que no admite indiferencia
Todo indica que el domingo probablemente no terminará la elección presidencial. Sí quedarán definidos el Congreso, buena parte de los gobiernos estaduales y la dimensión real de las fuerzas con las que Lula y Flávio llegarían al segundo turno.
También quedará establecido cuánto de sus respectivos votos corresponde a adhesión y cuánto al rechazo del adversario.
Lula se presenta como defensor de las políticas sociales, de la institucionalidad democrática y de una política exterior autónoma. Sus adversarios cuestionan la oportunidad electoral de algunas decisiones adoptadas durante las últimas semanas y su posición frente a gobiernos latinoamericanos autoritarios.
Flávio ofrece una política económica más liberal, mayor dureza frente al crimen organizado y una ruptura con varios aspectos del actual gobierno. Sus adversarios le reclaman una separación más clara respecto de los episodios que siguieron a la derrota electoral de su padre y cuestionan la influencia que Jair Bolsonaro todavía conserva sobre su candidatura.
En una campaña dominada por identidades cada vez más enfrentadas, los últimos días no han reducido esa polarización.
Las encuestas pueden discrepar sobre quién llegará primero el domingo. En lo que coinciden con mucha mayor claridad es en que un eventual segundo turno entre Lula y Flávio comenzaría prácticamente empatado.
Y acaso ése sea el dato político central de estas elecciones. Más de veinte años después de la primera llegada de Lula al poder y cuatro años después de la derrota de Jair Bolsonaro, Brasil continúa organizando buena parte de su vida política alrededor de esos dos polos.
El candidato cambió. El apellido, no. Y la fractura, por ahora, tampoco.
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