Brasil: nuevo error de Lubetkin y vergüenza del FA
Edición Nº 1101 - Viernes 9 de octubre de 2026. Lectura: 5'
Por Eduardo Zalovich
El autor cuestiona duramente la política exterior del gobierno, denuncia su silencio selectivo frente a las dictaduras latinoamericanas y critica la gestión del canciller Mario Lubetkin. El resultado electoral de Brasil, los viajes del ministro y la apertura de una representación diplomática en Ramala alimentan una reflexión sobre el rumbo internacional del Uruguay.
Una política exterior admite cambios, pero precisa también coherencia y principios claros. Uruguay la tuvo, pero la ha perdido. Con Yamandú Orsi y Mario Lubetkin, la cancillería elige a quién criticar según la afinidad ideológica, no según los hechos.
El 24 de setiembre, en la ONU, el presidente Orsi habló del "férreo bloqueo" a Cuba y de "las tiranías", sin nombrarlas. No mencionó a Nicaragua ni a Venezuela, como le reprocharon el senador y secretario general del Partido Colorado Andrés Ojeda y el presidente del directorio del Partido Nacional Álvaro Delgado. Su respuesta fue: "No hablé del régimen cubano; a buen entendedor, pocas palabras". En casos tan graves la diplomacia no funciona con sobreentendidos. Un régimen con siete décadas sin elecciones libres, presos políticos y opresión debe ser nombrado.
Silencio selectivo
Con Nicaragua ocurrió lo mismo. Daniel Ortega anunció en julio que "nunca" volvería a haber elecciones; Brasil, Chile y Panamá lo condenaron de inmediato. Uruguay emitió su comunicado —siete días después— y sólo habló de "preocupación".
La ciudadanía democrática percibe la contradicción, incluidos los votantes del FA desconformes con este rumbo. El expresidente Luis Lacalle Pou reclamó para Venezuela "gobernantes electos legítimamente" y una "transición real". El senador Javier García dijo que dicha posición "llena un espacio que Uruguay dejó vacío en su política internacional". Valeria Ripoll ya había declarado que "la política exterior no es pasear y sacar fotitos". "Es abrir mercados, lograr acuerdos, sentir orgullo cuando tu presidente habla en un organismo internacional".
Esta política tiene un costo regional. Apostar por Lula fue un grave error. Brasil irá a segunda vuelta, con Flávio Bolsonaro como favorito con el 47% frente al 45% de Lula. Pero el mapa político ya ha cambiado en torno a Uruguay: Argentina, Chile, Paraguay, Bolivia, Ecuador, Perú y Colombia tienen gobiernos de centro o derecha, más cercanos a Estados Unidos y a Occidente. Uruguay, sin rumbo, está más aislado que nunca en Sudamérica.
Roma en el corazón
Lubetkin acumuló unos 160 días de misión oficial, de los cuales el 30% transcurrió en Italia. Cobró 80.500 dólares en viáticos. Ante el Senado, dijo que devolvió "más del 40%" y que no toda la agenda fue pública. Una semana después se supo que la cancillería había entregado dos versiones oficiales de los viajes. El senador blanco Rodrigo Blás lo resumió así: "Roma es un pasaje permanente en la vida del canciller, sin actividad aparente". Se le reprocha, pues, no explicar en qué empleó el tiempo y el dinero de los uruguayos. Pablo Mieres declaró que "esta situación se está convirtiendo en un escándalo". En julio de 2025, tras el tema del pasaporte, el diputado colorado Felipe Schipani escribió: "Si algo de vergüenza le queda al canciller después de este papelón, debería renunciar". Como vemos, toda la oposición critica a Lubetkin y, por lo bajo, también lo hacen muchos de sus "compañeros".
En el tema de Israel, la vara cambia. La Cancillería calificó de "masacre" lo ocurrido en Gaza. Un país soberano puede criticar a otro gobierno, pero contrasta con el silencio ante las dictaduras. La vicecanciller Valeria Csukasi dijo que "por supuesto" Benjamín Netanyahu debería ser detenido si pisara Uruguay. Orsi la desautorizó, como había hecho en otras ocasiones con el ministro Castillo. Pero un presidente no puede limitarse a un suave reproche. Si su autoridad es desafiada, debe pedir la renuncia inmediata del jerarca. Es básico.
Por su parte, Hamás —autor de la masacre que provocó la respuesta israelí— sigue sin ser designado como organización terrorista. Ojeda recordó que ya había pedido su registro al gobierno anterior. El 7 de octubre de 2023, el grupo islámico asesinó a 1.200 personas y secuestró a 251. El resultado es muy negativo. Se descuida a un país con el que Uruguay mantiene lazos históricos de amistad y se apuesta por la Autoridad Palestina, con un gobierno de facto que no aporta nada al Uruguay.
La embajada que querían Almagro y el embajador Greiver
Consultado en Montevideo sobre la utilidad de mantener una embajada allí, un diplomático —cuyo nombre no podemos revelar— aclaró: "No puedo cuestionar decisiones de mi gobierno" y, a continuación, explicó que iba a contestar con una pregunta. Mirando a su interlocutor, le dijo: "¿Qué utilidad ve usted en una embajada donde no viven ciudadanos uruguayos, no tenemos comercio ni tampoco intercambio cultural?" El hombre, sin dudar, le dijo: "Ninguna". A lo que el diplomático respondió: "Bueno, lo dijo usted, no yo".
Ahora, el gobierno anunció que enviará a Ramala, en 2027, a Marcos Carámbula, amigo personal de Orsi. El expresidente Julio María Sanguinetti objetó: "Yo lo veo mal, no tiene ningún sentido en estos momentos darle esta visibilidad al tema". Y el peso de Carámbula en la zona será nulo.
La política exterior debe ser de Estado, no una cuestión de barras militantes. Uruguay tuvo una cancillería respetada porque defendía principios. Ahora es dirigida por un canciller sin brillo ni sentido común, que permite declaraciones de fanáticos totalitarios que amenazan con enfrentarse a Brasil si gana Bolsonaro e imaginan un fraude dirigido desde Washington. Uno no sabe si reírse o llorar ante el disparate. Parece que los brasileros fueron valientes e ignoraron tan peligrosa amenaza.
Lo grave es que la respetada tradición uruguaya no sobrevivirá a un canciller soberbio e incompetente.
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