Edición Nº 1099 - Viernes 25 de setiembre de 2026

Brasil ante una elección decisiva: qué puede cambiar en el Mercosur

Viernes 25 de setiembre de 2026. Lectura: 6'

Por Alvaro Valverde Urrutia

Las elecciones presidenciales de Brasil del 4 de octubre pueden tener consecuencias importantes para el futuro del Mercosur. El resultado definirá también la orientación que tendrá Brasil en materia de integración y política comercial. Para Uruguay, Argentina y Paraguay, el desafío será adaptarse a una eventual modificación de las prioridades brasileñas sin perder de vista los intereses comunes del bloque.

Las elecciones presidenciales de Brasil del 4 de octubre tendrán una trascendencia que irá más allá de la política interna brasileña, especialmente para el Mercosur. Lula da Silva busca un nuevo mandato frente a Flávio Bolsonaro y, aunque los dos representan proyectos políticos muy diferentes, no sería correcto pensar que uno significa automáticamente mayor integración y el otro el debilitamiento del bloque. La realidad del Mercosur es bastante más compleja: Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay tienen intereses comunes, pero también diferencias importantes sobre comercio, apertura de mercados y la forma en que deben relacionarse con terceros países.

El Mercosur ha conseguido avances concretos durante los últimos años, aunque esto no significa que haya logrado resolver sus problemas internos. En 2026 comenzó la aplicación provisional del acuerdo comercial con la Unión Europea y avanzaron las negociaciones con Canadá, India y Vietnam, mientras que también se abrió una nueva etapa de conversaciones con Japón. Son avances importantes hacia afuera, pero no necesariamente significan una mayor integración hacia adentro. Una de las dificultades permanentes del bloque es encontrar posiciones comunes entre países que tienen estructuras económicas y prioridades diferentes.

En este punto, la actuación de Lula merece una mirada que vaya más allá de su discurso tradicional a favor de la integración. Durante su actual gobierno, Brasil participó en las negociaciones que permitieron avanzar en distintos acuerdos externos del Mercosur, pero no puede decirse que haya impulsado por sí solo una nueva etapa de integración del bloque. Muchos de los avances recientes son resultado de negociaciones entre los cuatro países y de decisiones tomadas durante distintas presidencias pro tempore del Mercosur. Por eso, si Lula continuara en el gobierno, lo más razonable sería esperar una continuidad de la participación brasileña en esas negociaciones, pero no necesariamente una transformación profunda del Mercosur.

Esto es especialmente importante para Uruguay. El país asumió el 30 de junio la presidencia pro tempore del Mercosur y colocó entre sus prioridades la implementación del acuerdo con la Unión Europea, además de las negociaciones con Canadá y el acercamiento a otros mercados. Para Uruguay, el problema no pasa solamente por tener un Mercosur más integrado, sino por lograr que el bloque encuentre puntos de coincidencia que permitan avanzar en acuerdos comerciales sin que las diferencias entre sus integrantes terminen paralizando las negociaciones.

El escenario podría ser diferente con Flávio Bolsonaro. El candidato planteó públicamente que Brasil debería liberarse de las “amarras” del Mercosur y explorar acuerdos comerciales bilaterales, particularmente con Estados Unidos. Su planteo introduce una discusión concreta: hasta dónde debería llegar la coordinación entre los cuatro países y cuánto margen debería tener Brasil para avanzar individualmente cuando sus intereses no coincidan con los de sus socios.

En la práctica, esto no significa que Brasil pueda simplemente decidir por sí solo modificar el funcionamiento del Mercosur. Una política de mayor libertad comercial tendría que compatibilizarse con las reglas existentes y, sobre todo, ser negociada con Argentina, Uruguay y Paraguay. Por eso, una eventual decisión brasileña de avanzar en acuerdos por fuera del esquema actual podría generar una discusión sobre las reglas del bloque y sobre el grado de coordinación que sus integrantes están dispuestos a mantener.

Para Uruguay, esta posibilidad puede tener aspectos favorables y también riesgos. Una mayor libertad para negociar podría abrir nuevas posibilidades comerciales, pero al mismo tiempo podría reducir la importancia de las negociaciones conjuntas si Brasil, por su tamaño económico, comienza a privilegiar acuerdos propios. Uruguay debería entonces evaluar qué le conviene en cada caso: negociar dentro de una posición común cuando exista coincidencia entre los cuatro países o disponer de mayor libertad para buscar acuerdos cuando esa coincidencia no sea posible.

Argentina tendría una situación particular. El gobierno de Javier Milei mantiene una relación política más cercana con el espacio político de Bolsonaro que con Lula y, en febrero de 2026, Argentina firmó con Estados Unidos un Acuerdo sobre Comercio e Inversiones Recíprocos. Una eventual coincidencia entre Buenos Aires y Brasilia podría facilitar determinadas negociaciones. Sin embargo, eso no significa que Argentina y Brasil vayan a coincidir automáticamente en todos los temas. Ambos países tienen sectores productivos diferentes y, además, una relación comercial muy importante que hace que cualquier cambio en el funcionamiento del Mercosur tenga consecuencias para ambos.

Paraguay también debería observar con atención un eventual cambio en la política brasileña. Para el gobierno paraguayo, Brasil y Argentina son mercados fundamentales y cualquier modificación importante en el funcionamiento del Mercosur puede afectar sus condiciones comerciales. Al mismo tiempo, Paraguay tiene interés en ampliar sus relaciones económicas con otros mercados. Por eso, una mayor flexibilidad del bloque podría ser vista como una oportunidad, pero también podría generar más diferencias entre los cuatro integrantes si cada uno comienza a priorizar de manera creciente sus propias negociaciones.

La diferencia entre Lula y Flávio Bolsonaro, entonces, no debería reducirse a una oposición entre “integración” y “ruptura”. Lula ha defendido históricamente una mayor integración y durante su actual gobierno ha participado activamente en la agenda del Mercosur, pero los resultados concretos muestran que la integración tiene límites y que muchas veces los avances dependen de la capacidad de los cuatro países para encontrar acuerdos.

Flávio Bolsonaro, por su parte, plantea una mayor libertad de acción para Brasil, pero llevar esa propuesta a la práctica implicaría negociar con los otros integrantes y ajustarse a las reglas y compromisos existentes. En ambos casos habrá una diferencia entre lo que se diga durante la campaña y lo que finalmente pueda concretarse desde el gobierno.

El resultado de las elecciones brasileñas será importante para el Mercosur precisamente por eso. Brasil tiene un papel central en el funcionamiento económico del bloque, pero no puede decidir por sí solo qué camino seguirá. Uruguay, Argentina y Paraguay también tendrán que defender sus intereses y buscar puntos de coincidencia con Brasil. El verdadero desafío será encontrar un equilibrio entre la necesidad de coordinar posiciones cuando sea posible y la posibilidad de tener mayor flexibilidad cuando los intereses nacionales no coincidan.

Más que preguntarse si Lula o Flávio Bolsonaro será mejor o peor para el Mercosur, la cuestión será observar qué hacen después de asumir. Si Lula continúa priorizando las negociaciones dentro del bloque, habrá que ver si esa política consigue producir nuevos resultados concretos y no solamente declaraciones a favor de la integración. Si Flávio Bolsonaro intenta ampliar el margen de Brasil para negociar individualmente, habrá que ver hasta dónde puede avanzar sin generar nuevas diferencias con Argentina, Uruguay y Paraguay.

En suma, el futuro del Mercosur dependerá menos de los discursos de la campaña electoral que de la capacidad de sus cuatro integrantes para encontrar acuerdos allí donde existan intereses comunes y mecanismos para manejar las diferencias cuando no los haya. La elección brasileña puede cambiar el tono y las prioridades de Brasil, pero el futuro del Mercosur seguirá dependiendo de una negociación entre cuatro países con intereses propios.



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