Bolivia: entre el colapso económico, la crisis política y la incertidumbre del mañana
Viernes 8 de agosto de 2025. Lectura: 5'
La periodista y escritora argentina Silvia Mercado, que es es coordinadora de la Red Liberal de América Latina (RELIAL) y miembro de la Fundación Friedrich Naumann para la Libertad, publicó en “Letras Libres” el siguiente análisis sobre la situación en Bolivia, que llevará a cabo elecciones el próximo 17.
A los bolivianos les urge saber si el nuevo ejecutivo tendrá la gobernabilidad suficiente para resolver la crisis económica, que siempre está al borde de estallar en forma de caos político y social.
A pocos días de las elecciones nacionales, el estrés del boliviano se puede resumir en tres angustias cotidianas: cómo hacer rendir ingresos que ya no alcanzan para cubrir la canasta básica, cómo conseguir gasolina o diésel para poder movilizarse, y en qué candidato depositar —aunque ninguno convenza— la esperanza de que la política pueda ofrecer una salida real al colapso económico y a la incertidumbre.
Otro drama igual de urgente es la ausencia de dólares, una situación que afecta tanto a importadores, que no pueden pagar insumos en el extranjero ni cumplir con pagos mínimos con sus proveedores, como a cualquier ciudadano que, prácticamente, no puede programar un viaje al exterior o pagar servicios hoy ya esenciales como las plataformas de streaming (Netflix). Y no hay dólares porque al Banco Central de Bolivia se le fueron acabando las reservas internacionales. Para dar una idea: en 2014, las reservas en divisas llegaban a 13.462 millones de dólares; para 2022, cayeron un 94,7%, quedando en 709 millones. Hoy, aunque la cotización oficial se mantiene en Bs 6,96, la especulación está a la orden del día. Esta crisis cambiaria iniciada a comienzos de 2023 se ha intensificado en 2025, con el dólar paralelo cotizando entre Bs 15 y 18 por unidad, y con señales de que seguirá en aumento.
Por supuesto, el impacto ha sido directo en el poder adquisitivo y la calidad de vida de los bolivianos; todo está más caro, hay menos oferta, especialmente de productos importados como tecnología, repuestos y medicinas. Además, la consecuencia inmediata e inevitable de todo este deterioro es la inflación, el impuesto que castiga a todos. “Según datos oficiales, la inflación acumulada entre enero y junio de 2025 ya alcanza el 15,5%, más del doble de la meta anual del gobierno, que era del 7,5%. La inflación interanual (junio 2024 a junio 2025) superó el 24%, mientras que la inflación de alimentos llegó al 38%. Productos de higiene personal y de limpieza del hogar aumentaron un 41%”. De hecho, Bolivia registra la mayor inflación en 40 años y se convierte en el segundo país más inflacionario de América Latina.
Pero, ¿Qué llevó a Bolivia a este punto crítico? ¿Quién gobernó —y quién gobierna— Bolivia durante estos últimos 20 años?
Cuando Morales asumió la presidencia de Bolivia, el Producto Interno Bruto del país era de 9.549 millones de dólares, mientras que la pobreza alcanzaba al 59,6% de la población. Trece años después, las cifras han mejorado notablemente: el PIB llegó a 40.288 millones de dólares y la pobreza bajó a un 34,6%. Como era de esperar, Evo Morales (presidente del 2006 al 2019) se atribuyó los grandes logros económicos de su gestión. Fue un período de crecimiento económico ciertamente notable. Pero cabe preguntarse: ¿fue realmente mérito de Morales o simplemente una cuestión de suerte?
Aquel buen momento económico que vivió Bolivia entre 2006 y 2019 fue analizado por el economista Rómulo Chumacero, quien demuestra que el crecimiento se debió principalmente a factores externos muy favorables, como los altos precios de las materias primas. En contraste, las políticas internas —las llamadas habilidades de gestión— no solo no tuvieron un impacto positivo significativo, sino que probablemente causaron más daño que beneficio. Se estima que ese impacto negativo osciló entre el 2% y el 6,1% del PIB per cápita. En síntesis, Evo Morales gozó de gran suerte durante su gestión, beneficiado por precios excepcionales para los “commodities” bolivianos en el mercado internacional y por inversiones realizadas por gobiernos anteriores al suyo. No hubo ningún milagro económico ni tampoco una gran hazaña.
Ahora, en plena crisis económica, mientras los bolivianos pasan horas haciendo fila para conseguir un litro de gasolina o de aceite, se vuelve inevitable mirar atrás, recordar la bonanza de las materias primas y preguntarse por qué Evo Morales no aprovechó aquella oportunidad histórica para sentar bases sólidas para el desarrollo productivo. Por qué, en lugar de planificar el futuro del sector energético, priorizó el corto plazo —gasto y redistribución—, y optó por mantener al país atado a la dependencia del gas y los minerales, dejando a la población a la deriva en la que hoy se encuentra.
Frente a esta angustiante realidad, lo cierto es que Morales no es el único a quien hay que señalar, también está su exministro de Economía y, nada menos que actual presidente desde 2020, Luis Arce Catacora. Arce, a quien por cierto se le reconoce como el autor intelectual del “milagro económico”, profundizó el Modelo Económico Social Comunitario Productivo (MESCP), concebido desde sus inicios para “sentar las bases para la transición hacia el nuevo modo de producción socialista”. Si bien heredó una economía ya debilitada, su decisión de mantener un esquema estatista y resistirse a reformas necesarias ha contribuido a agravar la crisis: escasez de divisas, pérdida de confianza y una creciente fragilidad macroeconómica. Se suma la división del Movimiento Al Socialismo (MAS), la cual ha impactado en la gobernabilidad del país
Así llegan las elecciones nacionales en Bolivia, atravesadas por la crisis económica. Resiste una tímida esperanza de que algo pueda cambiar en agosto de 2025, porque como nunca la gente está harta: un alarmante 85% de los bolivianos manifiesta desconfianza hacia el gobierno nacional. Las encuestas dan los primeros lugares a candidatos de centroderecha, quienes están capitalizando el fracaso del oficialismo, la crisis económica y la profunda fragmentación del MAS.
Sin embargo, la incertidumbre es total. Más allá de saber quién ganará los comicios, ya no importa tanto si es uno u otro candidato opositor, a los bolivianos les urge saber si el nuevo gobierno tendrá la gobernabilidad suficiente para resolver la crisis económica, que siempre está al borde de estallar en forma de caos político y social. Esto se agrava aún más cuando Evo Morales, quien ya perdió el control de su partido y está inhabilitado de por vida para postularse, lanza amenazas contra los candidatos de la oposición: “Si gana la derecha, a ver si aguanta”.
|
|
 |
Audiovisual histórico sin filtros: aciertos encomiables, errores lastimosos (y evitables)
|
Las raíces coloradas Julio María Sanguinetti
|
El Frente Amplio y el programa imposible: promesas que nunca pensaron cumplir
|
“Las raíces coloradas”. Desde la gesta artiguista hasta el surgimiento del batllismo.
|
Continúa la pulseada entre la vieja y la nueva pesca
|
Reconocimiento facial en liceos: polémica y marcha atrás en ANEP
|
Carlos Pérez del Castillo
|
Un jefe policial sin mesura: la decisión correcta del ministro Negro
|
La inversión industrial se desploma: señales de las que el gobierno debe tomar nota
|
ATDs de Primaria: cuando la ideología busca borrar la identidad nacional
|
Neutralidad o mordaza, el caso de Alfonso Lereté Elena Grauert
|
¿Y dónde están los ministros? Tomás Laguna
|
Del barrio a la comisaría: la vuelta de la policía comunitaria Laura Méndez
|
Salvo al Palacio Salvo Susana Toricez
|
Javier Milei y una crisis sin fusibles
|
Trump contra la Fed: un ataque autoritario que amenaza la estabilidad económica y la democracia
|
Chile frente a una elección polarizada
|
Frases Célebres 1050
|
Así si, Así no
|
|