Edición Nº 1089 - Viernes 17 de julio de 2026

Autoconvocados de ayer y de hoy

Edición Nº 1084 - Viernes 12 de junio de 2026. Lectura: 5'

Por Tomás Laguna

Como hace poco más de ocho años, ciudadanos indignados vuelven hoy a salir a la ruta en forma espontánea, solo movidos por sus enojos, en un único reclamo contra un país y un Estado que entienden los agobia y limita en sus expectativas y esfuerzos por salir adelante a partir de sus trabajos y emprendimientos personales. Sucesos no siempre predecibles desde el poder, que bien le pueden ocurrir a cualquier gobierno. Ocurre que es a la izquierda a quien le vuelve a explotar en la cara semejante circunstancia.

Apenas despuntaba el 2018, ya en pleno verano, cuando gran parte del país estaba en tren de gozar de licencias, con el disfrute estival y la siesta veraniega. En particular los cuadros de gobierno.

Fue entonces que, sin aviso previo y como reguero de pólvora, el país se vio sacudido por movilizaciones espontáneas que, desde todos los rincones, confluyeron en Durazno, pleno centro del país, en una común reivindicación contra la postergación que vivía por entonces el interior de la República. La multitudinaria movilización surgió sin participación de las gremiales del agro ni tampoco de cámaras empresariales. Mucho menos de partidos políticos. El grueso de los participantes fueron ciudadanos de a pie, pequeños productores, trabajadores, comerciantes y transportistas.

La chispa que detonó aquella convocatoria fue la negativa del Presidente de la República, Dr. Tabaré Vázquez, a recibir al conjunto de las gremiales rurales tras una reiterada solicitud de audiencia, motivadas por varios reclamos referidos a dificultades crecientes en materia de competitividad y rentabilidad en los diferentes rubros de la actividad agropecuaria. Ante la convicción de que las gremiales no serían recibidas, se extendió en toda la sociedad vinculada al ambiente agropecuario un creciente malestar generalizado que superó a las mismas gremiales solicitantes. Los enojos se acumulaban desde mucho tiempo atrás.

Decíamos por entonces, y desde este espacio, que el campo uruguayo, término que desde siempre fastidió a la izquierda urbana, en toda su multiplicidad de rubros y realidades conexas, se posicionó como el gran contestatario espontáneo de la izquierda en el gobierno, incluso por encima de los mismos partidos de oposición y poniendo en cuestión la representatividad de las gremiales rurales. La izquierda desprevenida nunca supo cómo enfrentar aquella movilización masiva de alcance nacional, mostrándose desorientada respecto de la multitudinaria movilización. Tan fue así que Juan Castillo, por entonces entre los principales dirigentes sindicales y agitador social, hoy ministro de Trabajo y Seguridad Social, no tuvo reparos en desacreditar al movimiento Un Solo Uruguay atribuyéndole fines de desestabilización del gobierno. Hoy nos animamos a afirmar que aquella movilización fue el inicio del fin de la izquierda en el gobierno, perdiendo las elecciones un año más tarde.

Saltamos en el tiempo ocho años y cuatro meses. El fenómeno de los autoconvocados vuelve a repetirse, también con la izquierda en el gobierno. Esta vez la chispa es la consabida Guía Electrónica de Carga como instrumento de control digital a exigir al servicio de transporte de carga en todo el país. Decimos que es el detonador, porque luego a la proclama se agregó con contundencia el reclamo por los elevados costos y la dificultad para sobrevivir que cualquier empresa de servicios o producción sufre en nuestro país. En particular por el costo del gasoil. No en vano fue que a la movilización se sumaron productores rurales en el entorno de cada convocatoria.

En enero de 2018 todo se inició desde Paysandú; esta vez el foco principal se ubicó un poco más al norte, en Salto. No es un detalle a desatender que desde el norte de la República es de donde suele surgir la disconformidad más generalizada.

Si bien esta nueva movilización tuvo varios focos regionales en el país, hasta ahora no ha tenido la magnitud de la ocurrida en 2018. Pero no por eso se la debe subestimar; todo lo contrario. La gente indignada tiene motivaciones que no son ideológicas ni políticas, mucho menos antisistema. Es gente exasperada en su impotencia por poder salir adelante con su trabajo y esfuerzo personal. No se trata de corporaciones de transportistas o de ruralistas; son ciudadanos expresando por sí mismos su impotencia ante el agobio de las trabas y dificultades para proyectarse a través de sus esfuerzos personales, intentando sacar una pequeña empresa adelante.

En la proclama del movimiento Un Solo Uruguay del año 2018, en uno de sus párrafos se expresaba: “Sentimos todos los aquí presentes que estamos cansados de políticas de control sin obtener a cambio nada redituable. Hoy, desde el más pequeño emprendimiento familiar hasta la empresa más grande, debe destinar una gran cantidad de recursos relativos para mantener al día toda la información que exige el Estado, llenando formularios, planillas, llevando controles de todo tipo y color. No se trata de impuestos en este caso, pero sin duda que se traducen en costos para todos, costos que no producen nada, que no generan nada más que desidia a la hora de emprender. Se hace imprescindible el cambio de políticas de control por políticas de desarrollo, de estímulo al emprendedor, a la inversión, a la innovación y a la generación de puestos de trabajo genuinos. Este párrafo de aquel manifiesto adquiere hoy plena vigencia tras la principal motivación de los autoconvocados de hoy.

Es necesario comprender las dificultades para sobrevivir de muchos pequeños empresarios, en algunos casos marginales, condicionados por los altos costos estructurales de este país. Si se reconoce esta realidad, se hace entonces entendible la enervada resistencia a la Guía Electrónica de Carga. Estamos ante una realidad social y, como tal, hay que entenderla y atenderla.

Es lo que deberían comprender los burócratas que, desde las oficinas de gobierno, pretenden regularnos la vida a los uruguayos.



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