Edición Nº 1096 - Viernes 4 de setiembre de 2026

Así si, Así no

Viernes 29 de mayo de 2026. Lectura: 3'

Así sí

   Capacitación que abre oportunidades

En un contexto donde cada vez más empleos exigen habilidades digitales, que se abran cursos gratuitos de informática en Maldonado es una señal positiva. 

La posibilidad de acceder a formación sin costo permite que jóvenes, adultos y personas en búsqueda de nuevas oportunidades laborales puedan acercarse a herramientas fundamentales para el presente y el futuro. La capacitación tecnológica ya no es un complemento: es una necesidad. 

Acercar estos cursos a la comunidad también significa apostar a la inclusión, reducir brechas y generar más igualdad de oportunidades en un mercado laboral cada vez más competitivo.  

Invertir en educación y capacitación accesible es invertir en desarrollo humano.

  Cuando las políticas llegan con herramientas concretas para aprender y crecer, el impacto social se multiplica.


   Inversión, innovación y nuevas tecnologías

La llegada de la marca Avatr a Uruguay, de la mano de Grupo Santa Rosa y Grupo Antelo, representa mucho más que el desembarco de nuevos vehículos eléctricos al mercado. La inversión de US$ 1,3 millones y la apuesta por tecnologías de movilidad premium muestran que Uruguay continúa siendo visto como un país confiable para innovar, invertir y desarrollar nuevas propuestas empresariales.

Además del impacto económico, este tipo de iniciativas acercan al país a las tendencias globales vinculadas a la electrificación, la sostenibilidad y la transformación tecnológica del transporte.

Que empresas privadas apuesten por traer innovación y generar infraestructura especializada también refleja confianza en el mercado uruguayo y en sus consumidores.

  Cada inversión que incorpora tecnología, empleo y modernización ayuda a proyectar un Uruguay más competitivo y preparado para el futuro. Apostar a la innovación también es apostar al desarrollo del país.

Así no

  La violencia que ya se naturaliza

Una discusión entre trabajadores municipales de Canelones terminó a golpes, patadas y escenas de violencia que rápidamente se viralizaron. Más allá del episodio puntual, preocupa cómo situaciones que deberían resolverse mediante el diálogo terminan derivando en agresiones físicas frente a compañeros, vecinos y espacios públicos.

El deterioro de la convivencia no aparece solamente en las calles o en hechos vinculados a la inseguridad: también se refleja en ámbitos laborales y cotidianos, donde cada vez cuesta más procesar diferencias sin violencia. 

Lo más alarmante es la naturalización social de estas escenas, que pasan de la indignación inicial a convertirse rápidamente en una noticia más del día.

  Una sociedad que se acostumbra a resolver conflictos a los golpes comienza a perder algo más profundo que la calma: pierde la capacidad de convivir y respetarse aun en las diferencias.


  Cuando el miedo entra a los hospitales

Las amenazas vinculadas al narcotráfico contra el Hospital del Cerro generan una preocupación que va mucho más allá de un hecho puntual.

Que trabajadores de la salud, pacientes y familias deban convivir con miedo y nerviosismo dentro de un centro asistencial refleja hasta qué punto la violencia y el crimen organizado comienzan a infiltrarse en espacios que deberían ser de cuidado, tranquilidad y protección.

Los hospitales no pueden transformarse en territorios condicionados por amenazas ni intimidaciones. Si el temor entra a una sala de espera o afecta el trabajo de médicos, enfermeros y funcionarios, el daño no es solamente en materia de seguridad: también golpea la confianza social y la sensación de amparo que la ciudadanía necesita encontrar en las instituciones públicas.

  Una sociedad cruza una línea muy peligrosa cuando incluso los hospitales dejan de sentirse como lugares seguros. Defender esos espacios es también defender la convivencia y la dignidad colectiva.



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Así si, Así no
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