Edición Nº 1099 - Viernes 25 de setiembre de 2026

Así murió la república

Viernes 29 de noviembre de 2024. Lectura: 4'

Mediante la demagogia, el régimen ha usado a la democracia para ahogar a la república, explica el reconocido escritor Enrique Krauze en una columna de opinión para Letras Libres en la que analiza la realidad de su país, México. Transcribimos a continuación esas reflexiones.

Hemos confundido o amalgamado democracia y república. Deberían ser, y en muchos casos han sido, compatibles y complementarias, pero no son idénticas. La democracia es la tarea política de los ciudadanos; la república es el andamiaje institucional y legal que la hace posible. Pero la democracia corre siempre el peligro de corromperse en demagogia, y es entonces cuando república y democracia pueden volverse antitéticas. Por desgracia, es el caso de México. Hoy.

La democracia, invento de los griegos, responde en esencia a la pregunta ¿quién tiene derecho a gobernar? La respuesta es: la mayoría. Pero para prevenir la corrupción demagógica idearon reglas diversas para separar de sus cargos a los líderes que, abusando de la popularidad, buscaban una concentración excesiva del poder o azuzaban revoluciones. Aunque al final Atenas sucumbió en manos de las tiranías y el posterior dominio macedonio y romano, su historia no registra una sola tesis filosófica, un solo episodio o un personaje que haya defendido la supresión política de la minoría en nombre de la propia democracia. Esa supresión tenía un nombre: tiranía, y ningún tirano lo fue “en nombre” de la democracia. Por desgracia, ese es el caso de México. Hoy.

La república, invento de los romanos, responde en esencia a la pregunta: ¿cuáles son los límites que deben anteponerse al poder? La respuesta: todos los necesarios. Temerosa de la tiranía de muchos y de uno, Roma discurrió la división tripartita de los poderes: Senado, Asambleas Legislativas y Magistrados ejecutivos (dos Cónsules, no uno, y renovables cada año). Ese orden republicano, trabajado a lo largo de cinco siglos, llevó el derecho y, con él, la civilización romana a todos los confines de aquel mundo. Finalmente se derrumbó a manos de un líder y su cauda popular. Lo siguió el Imperio que globalizó la ciudadanía y, en sus mejores momentos, bajo Augusto, Adriano o Marco Aurelio, rindió homenaje formal a la república. No obstante, en largos períodos predominaron los Calígula, Nerón o Cómodo, los endiosados del poder que pisotearon el legado histórico. Por desgracia, este es el caso de México. Hoy.

El régimen mexicano ha usado la democracia para acabar con la república. ¿Cómo lo ha hecho? Interpretando la democracia, con evidente mala fe, como la tácita voluntad del pueblo depositada en el régimen para hacer lo que le venga en gana, suprimiendo los derechos de la (inmensa) minoría.

En latín, este recurso de la demagogia se denomina “falacia ad populum“. Consiste en pretender que la verdad depende de la cantidad de gente que cree en ella. Pero la verdad no es cuantitativa: no importa cuántos opinen esto o aquello, la verdad es un acuerdo entre el dicho y la realidad.

Los voceros del régimen practican ad nauseam la falacia ad populum. A menudo se ponen etimológicos: “demos, pueblo; cratos, poder”. O se sienten latinistas: “Vox populi, vox Dei“. O sentenciosos: “El pueblo nunca se equivoca”. En el fondo, su inspiración –acaso no involuntaria– es Carl Schmitt, el filósofo del nazismo: “la distinción específica de la política es la confrontación del amigo y el enemigo”.

Cuando ese pueblo que nunca se equivoca llevó a Hitler al poder en 1933 y vio con regocijo la destrucción de la República de Weimar, Schmitt creyó ver convertida su doctrina en una profecía universal. Todos conocemos los resultados de aquella voz divina, de aquel demos alemán depositando el cratos en el Führer. Pero nadie piensa en ese desvarío del pueblo alemán como una hazaña de la democracia. Por desgracia, México vive su propio desvarío. Hoy.

Precisamente como una hazaña de la democracia se ha querido presentar ese acto de barbarie (cruelmente) llamado Reforma judicial. “El pueblo la pidió para acabar con la corrupción y el nepotismo”, se proclama demagógicamente. Doble falacia: ¿dónde consta que “el pueblo” pidió la reforma? Y aun si así fuera, esa opinión no probaría la verdad sobre su pertinencia. Y, para colmo, el cinismo: el régimen que ha abusado del nepotismo y la corrupción lava su conciencia invocando al pueblo.

El endiosamiento del poder produce esos engendros. Grecia nunca recobró su democracia. Roma sacrificó por siempre a su república. Ahí, inverosímilmente, sin división de poderes ni respeto a la ley ni órganos autónomos, con las hordas del crimen a nuestras puertas, en el espectáculo del pan y circo, en el vasto reino de la mentira, precarias las libertades, desvirtuada la democracia, destruidas las instituciones republicanas, por desgracia, está México. Hoy.



La foto de la infamia
La diplomacia no es un adorno
Julio María Sanguinetti
Otra semana colorada para recorrer
Rincón: la victoria que cambió la campaña de 1825
Federalismo republicano y federalismo autoritario
Cuba y Orsi: la voz de la “barra” en la ONU
Orsi y el Compromiso de Santiago: de las declaraciones a la acción
El enchastre personal como método
Negocian y negocian mientras el país espera por el Puerto
El Parlamento no es una escribanía
¿Y si Lula pierde?
Luis Hierro López
El viejo odio que volvió a ser respetable
Santiago Torres
Cómo entender la generosidad de nuestro país con Brasil en materia de cupos de exportación
Tomás Laguna
PISA 2025: la otra brecha de la transición energética
Fitzgerald Cantero Piali
La conducta de algunos políticos también erosiona la confianza
Juan Carlos Nogueira
Cuando el delito tiene cara de adolescente
Angelina Rios
Cuando la estabilidad no alcanza
Ruth Furtenbach
Entre Loretta y Naty Menstrual
Eduardo Irigoyen García
A tapa cerrada
Marcela Pérez Pascual
Brasil ante una elección decisiva: qué puede cambiar en el Mercosur
Alvaro Valverde Urrutia
Raquelita
Susana Toricez
Mohamed VI y la modernización autoritaria
La prensa que el poder no puede elegir
Rusia votó, pero no eligió
Dos rebeliones contra el centro político alemán
Medio siglo de crueldad y mentiras
Groenlandia no cambia de bandera, pero sí de equilibrio
Frases Célebres 1099
Así si, Así no
ENTRE DICHOS
Inicio - Con Firma - Ediciones Anteriores - Staff Facebook
Copyright © 2024 Correo de los Viernes.