Apropiación del cupo UE para miel por Argentina demuestra lo tosco del acuerdo MERCOSUR
Viernes 22 de mayo de 2026. Lectura: 4'
Por Tomás Laguna
Mientras los países del MERCOSUR siguen sin ponerse de acuerdo en la distribución de los cupos de exportación por rubro en el marco del acuerdo con la UE, se conoce que Argentina “primerió” denunciando y apropiándose del volumen total del cupo de miel para el primer año. Avivada grotesca, pero en la que les asiste el derecho, habida cuenta de lo caótico y poco creíble que se ha tornado el MERCOSUR.
La noticia sonó fuerte, pegó mal en la sensibilidad cognitiva al momento de interpretar sucesos de la realidad cotidiana. En un acuerdo de unión aduanera con 30 años de vigencia cumplidos, que se lo supone ya maduro en su operativa, resulta que la primera oportunidad de trascender como bloque en uno de los mayores acuerdos comerciales a los que puede aspirar se resuelve por el principio first come, first served, o, en buen criollo, “avivada oportunista”. Esa fue la actitud del gobierno argentino al denunciar para sí el cupo de la UE de 75.000 toneladas de miel libre de arancel, aprovechando las indefiniciones del bloque, de las que, por cierto, no son culpables.
Antes que nada, veamos qué trascendencia tiene este insuceso para nuestra castigada y muy resiliente producción apícola. Uruguay produce en el entorno de las 10.000 toneladas anuales, de las que exporta el 80% o aún más, dependiendo del volumen de cosecha. Ocupa el lugar 21 entre 175 exportadores en el mundo. Su principal mercado externo son los Estados Unidos, con el 90% del volumen exportado, pero también España (4%) y Alemania (cercano al 2%). Ocurre que en el mercado europeo es donde mejor cotizan nuestras mieles, con posibilidades en República Checa e Italia, además de los destinos mencionados. El ingreso libre de arancel a la UE es factor determinante para una mejor competitividad de nuestras mieles en dichos destinos, por lo que resulta estratégico el ingreso y la permanencia de un producto del que bien podemos jactarnos por su exquisita calidad.
Lo del principio fastidia por la actitud de Argentina, pero nada le impide actuar como lo hizo. Cualquier otro integrante del Tratado de Asunción podría haberlo hecho. Es tan primario el MERCOSUR que ni siquiera ha sido capaz de integrar un órgano supranacional a través del cual canalizar sus tensiones internas, en particular las emergentes del acuerdo con la UE.
La situación podría dar lugar a un llamado de responsabilidad tanto a Uruguay XXI como a la oficina de Comercio Exterior, dependiente del Ministerio de Economía y Finanzas. Pero lo cierto es que, desde el Estado uruguayo, se han instrumentado con diligencia y oportunidad los mecanismos para facilitar a los privados sus iniciativas de exportación. Tal es el caso de la Ventanilla Única de Comercio Exterior, que permite realizar en forma electrónica los trámites vinculados a las operaciones en ese sentido. Es un mecanismo, en su momento, de los más ágiles de la región. Por lo anterior, se podría inferir que también hubo cierta vacilación en los privados, aun cuando la producción apícola cuenta con una muy activa gremial de exportadores. No ocurrió así con el castigado sector pesquero, que el mismo día de la entrada en vigencia del acuerdo colocó 28 toneladas de merluza en el mercado lituano. Mérito mayúsculo de los empresarios que actuaron en la oportunidad.
El “garroneo” argentino no debería provocarnos extrañeza. De hecho, la Sociedad Apícola del Uruguay denunció que gran parte del volumen que Argentina incluyó dentro del cupo ya se encontraba en puertos europeos antes del 1.º de mayo, y que se le modificaron los certificados de origen para hacer pasar esos cargamentos como ingresados dentro del nuevo régimen.
Ocurre que sus consecuencias no deben ser evaluadas únicamente desde la óptica de los supuestos perjuicios para nuestra esforzada apicultura. En todo caso, es una advertencia sobre la tosca validez del MERCOSUR y la inoperancia de una institucionalidad interna que le permita regular los vínculos entre sus socios, pero, por sobre todo, su incapacidad para lograr que su funcionamiento esté resguardado de la veleidad, los caprichos y la intemperancia de sus ocasionales gobernantes.
Y cuidado, que aún está todo por definirse, en particular la distribución del cupo de carne, tal vez el más controvertido entre los variopintos actores de esta compleja región en la que nos ha tocado vivir.
Al cierre de esta edición se conocía que nuestro país utilizará el 63% de la cuota arroz con la UE.
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