Apenas una voz
Viernes 11 de setiembre de 2026. Lectura: 2'
Por Susana Toricez
Una intervención solidaria ante una respuesta burocrática revela que, en la vida cotidiana, una sola voz puede quebrar la indiferencia y devolverle humanidad a un sistema.
Era un viernes cualquiera, en la farmacia de la sociedad médica.
El aire estaba denso, impregnado de esa prisa sorda de quien sólo quiere obtener su medicamento y salir.
Entre el murmullo de las toses, las miradas perdidas y los pasos apresurados de los más jóvenes, un anciano avanzaba con lentitud, apoyando todo el peso de sus años y sus dolores sobre un viejo bastón de madera.
Llamaron al número 61.
Con un esfuerzo que se le notaba en todo el cuerpo, el hombre llegó hasta la ventanilla.
Pidió su medicina, el remedio que sostiene su día a día, sólo para recibir por respuesta una barrera burocrática y helada: «La receta madre se terminó, no se le puede entregar la medicación. Pida nueva hora con su médico».
El señor, decepcionado, preguntó qué se suponía que debía hacer ahora.
La empleada, sin levantar la cabeza de la pantalla ni mostrar un mínimo de empatía, se limitó a repetir la indicación.
Cuando vi a ese hombre dar la vuelta para retirarse, encorvado, derrotado por un sistema que lo dejaba sin defensa, algo dentro de mí se rebeló. Fue un impulso más fuerte que la prudencia o el cansancio.
Me levanté de un salto. Le pedí al señor que no se fuera y me planté frente a la ventanilla.
«Disculpame, pero tú no podés permitir que este señor se vaya sin su medicación y quede a la deriva. Tenés que darle una solución o indicarle cómo obtenerla», le dije firmemente a la funcionaria.
En ese instante, la sala pareció despertar de su letargo: detrás de mí se elevó un murmullo de voces que respaldaron mi reclamo.
La indiferencia se rompió. Acorralada por la realidad, la empleada indicó que fuera a Dirección Técnica.
Con un «gracias» sereno, le pedí al hombre que me esperara allí sentado.
Subí, gestioné la autorización y volví con la solución en la mano.
Ver su rostro de alivio valió cada segundo.
A veces creemos que para cambiar el mundo se necesitan grandes hazañas, pero la vida cotidiana está sembrada de pequeñas grietas a través de las cuales podemos marcar una diferencia. Aunque sea apenas una sola voz.
El día nos regala a cada instante la oportunidad de no pasar de largo: en la fila de un trámite, en la calle, en una mirada que necesita apoyo.
Ser mejores personas no es una meta lejana: es una decisión consciente de cada mañana.
Es recordar que, si cada uno de nosotros hace apenas lo mínimo por un semejante, el mundo se convierte, de pronto y sin duda, en un lugar mucho más humano donde habitar.
|
|
 |
Terminal TCP y el diálogo como coartada
|
La doble lectura de las PISA Julio María Sanguinetti
|
Una semana colorada que vale la pena recorrer
|
Una denuncia que exige respuestas inmediatas
|
¿De qué se va a hablar el “Día de la Mujer Palestina”?
|
Casupá: CAF confirma el alto riesgo que el gobierno minimizó
|
La JUTEP sigue perdiendo crédito
|
La universidad ignota: del absurdo a la irregularidad
|
El Partido Socialista contra la modernización, una vez más
|
Por un camarero...
|
El palo en la rueda Luis Hierro López
|
El Abuso o el túnel que horadó la democracia Santiago Torres
|
Veinte años de trazabilidad individual obligatoria: entre el relato oficial y la historia completa Tomás Laguna
|
Convertir la geografía en seguridad energética Fitzgerald Cantero Piali
|
La prisión domiciliaria que la política no quiso resolver Juan Carlos Nogueira
|
Estables, ¿pero conformes? Angelina Rios
|
Mucha militancia y poco curso: el curso de la Udelar sobre Palestina e Israel — Parte II Jonás Bergstein
|
El Coyote le hace juicio al capitalismo de mierda Eduardo Irigoyen García
|
Veinticinco años de una herida que no cierra Marcela Pérez Pascual
|
Actuar no es proteger Alicia Quagliata Rienzi
|
Apenas una voz Susana Toricez
|
Brasil: el Supremo se desordena y la elección se cierra
|
AfD: el triunfo que la etiqueta no explica
|
El oportuno sarampión malvinense de Milei
|
La ministra que permaneció sentada
|
Meloni: la estabilidad como victoria y como coartada
|
Alejandro Betancourt, el personaje que ensombrece todavía más el pacto petrolero
|
Frases Célebres 1097
|
Así si, Así no
|
ENTRE DICHOS
|
|