Edición Nº 1089 - Viernes 17 de julio de 2026

América Latina exporta lo que extrae e importa lo que otros transforman

Viernes 3 de julio de 2026. Lectura: 5'

Por Fitzgerald Cantero Piali

América Latina posee algunos de los recursos estratégicos más valiosos del planeta, pero continúa exportando materias primas e importando productos de alto valor agregado. Fitzgerald Cantero sostiene que la verdadera oportunidad para la región no está en extraer más, sino en industrializar sus recursos y aprovechar la reconfiguración de las cadenas globales de producción para impulsar un desarrollo sostenible.

América Latina y el Caribe (ALC) posee algunos de los mayores activos estratégicos del planeta. La región concentra enormes reservas de petróleo y gas, una proporción significativa de las reservas mundiales de litio y cobre, vastas extensiones agrícolas, abundantes recursos hídricos y un enorme potencial para la generación de energías renovables. Sin embargo, cuando observamos los indicadores de desarrollo, productividad e industrialización, surge una pregunta que nos da un golpe de realismo: ¿Por qué una región tan rica en recursos naturales sigue teniendo dificultades para transformarlos en prosperidad sostenida?

La respuesta no está en lo que tenemos. La respuesta está en lo que hacemos con ello.

Una década perdida para la industrialización

Durante los últimos diez años, ALC ha mostrado una preocupante incapacidad para fortalecer su base industrial. Diversos informes de organismos internacionales como CEPAL, ONUDI y el Banco Mundial, coinciden en señalar que la participación de la manufactura en el producto interno bruto regional se ha mantenido estancada o incluso ha retrocedido en numerosos países.

Mientras las economías asiáticas continuaron expandiendo su capacidad manufacturera, incorporando tecnología y aumentando su productividad, gran parte de nuestros países profundizaron su dependencia de la exportación de materias primas.

La consecuencia es conocida. Exportamos minerales. Importamos tecnología. Exportamos petróleo. Importamos productos petroquímicos de alto valor agregado. Exportamos alimentos. Importamos maquinaria para producirlos.

Seguimos participando en la economía global principalmente en las etapas de menor valor de las cadenas productivas.

Y eso tiene efectos directos sobre el empleo, la innovación y el crecimiento económico.

Sin industria no hay empleos de calidad

La industrialización no es un fin en sí mismo. Es una herramienta para generar productividad, innovación y empleo formal. Las economías que desarrollan sectores manufactureros competitivos suelen ofrecer mejores salarios, mayores oportunidades de capacitación y mayores niveles de innovación tecnológica.

Por el contrario, cuando la estructura productiva depende excesivamente de actividades extractivas o de servicios de baja productividad, las posibilidades de generar empleos de calidad para millones de personas se reducen significativamente.

No es casualidad que ALC siga enfrentando elevados niveles de informalidad laboral y dificultades para absorber a trabajadores altamente calificados.

El desafío no consiste únicamente en crecer. Consiste en crecer mejor.

El mundo está cambiando

Y aquí aparece una oportunidad histórica.

Durante las últimas décadas, China se consolidó como la gran fábrica del mundo.

Millones de empresas trasladaron allí sus operaciones atraídas por bajos costos, infraestructura eficiente y una enorme capacidad industrial.

Sin embargo, la realidad geopolítica está cambiando.

Las tensiones entre Estados Unidos y China, las lecciones aprendidas durante la pandemia, la necesidad de reducir riesgos en las cadenas de suministro y la búsqueda de mayor resiliencia están impulsando procesos de relocalización industrial en diversas partes del mundo.

Muchas empresas ya no buscan producir exclusivamente en Asia. Buscan producir más cerca de sus mercados. Buscan diversificar riesgos. Buscan cadenas de suministro más seguras.

Este fenómeno ha dado lugar a conceptos como nearshoring, friendshoring y regionalización productiva. Y nuestra región tiene condiciones excepcionales para beneficiarse de esta tendencia.

Una oportunidad que no estará disponible para siempre

La cercanía geográfica con América del Norte, la abundancia de recursos estratégicos, la disponibilidad de energía renovable, la existencia de acuerdos comerciales y una población relativamente joven constituyen ventajas competitivas importantes. Pero ninguna de ellas garantiza el éxito. Las inversiones industriales no llegan únicamente porque existan recursos naturales. Llegan cuando existen condiciones adecuadas para producir. Infraestructura. Capital humano. Seguridad jurídica. Estabilidad macroeconómica. Capacidad tecnológica. Energía competitiva. Logística eficiente. Instituciones sólidas.

La pregunta central no es si el nearshoring ocurrirá. La pregunta es qué países estarán preparados para capturar esa oportunidad.

Industrializar los recursos

Durante años, América Latina discutió cómo atraer inversiones para extraer recursos. Quizás la discusión estratégica del futuro sea diferente. ¿Cómo atraer inversiones para transformarlos? La diferencia es enorme. No es lo mismo exportar litio que fabricar componentes para baterías. No es lo mismo exportar cobre que producir equipamiento eléctrico. No es lo mismo exportar hidrocarburos que desarrollar cadenas petroquímicas avanzadas. No es lo mismo exportar conocimiento que convertirlo en innovación y empresas tecnológicas. El desarrollo no surge de la posesión de recursos. Surge de la capacidad de transformarlos.

Una agenda para la próxima década

Si ALC aspira a aprovechar la reorganización industrial global, deberá avanzar simultáneamente en varios frentes. Fortalecer la educación técnica y universitaria. Invertir en infraestructura física y digital. Expandir y modernizar sus sistemas energéticos. Impulsar la innovación y la investigación aplicada. Facilitar la integración regional. Generar reglas estables para la inversión de largo plazo. Y, sobre todo, construir una visión estratégica que trascienda los ciclos políticos. La industria planifica a veinte o treinta años. La política no puede seguir pensando únicamente en la próxima elección.

La riqueza ya existe

No se necesita descubrir nuevos recursos. La región ya posee gran parte de los recursos estratégicos que el mundo demandará durante las próximas décadas. Lo que necesita es algo mucho más complejo. Transformarlos. Porque los países no se desarrollan por lo que extraen. Se desarrollan por lo que producen. La riqueza ya existe. El desafío es convertirla en desarrollo.



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