Edición Nº 1084 - Viernes 12 de junio de 2026

Alegría, unidad y renovación

Viernes 23 de agosto de 2024. Lectura: 4'

Por Julio María Sanguinetti

Si algo se vivió con claridad en la Convención del Partido Colorado del sábado pasado fue el clima de alegría y fraternidad. Esto no es una frase, es un hecho político relevante en un Partido que vivió la frustración del descabezamiento y se reencuentra hoy con el optimismo. No era así en las últimas convenciones, donde predominaban los cuestionamientos o los escepticismos.

Hace dos años, los periodistas nos interrogaban sobre el futuro del Partido, expresando dudas sobre su ubicación ideológica en el escenario político. Hoy nos preguntan si estamos pensando en la posibilidad de liderar la coalición, como lo proclamó el Dr. Andrés Ojeda en la misma noche de la elección interna. “Hoy empieza la interna adentro de la Coalición” dijo entonces y lo volvió a reiterar este sábado al proclamar el objetivo de que la lidere el Partido Colorado. Somos realistas, no ignoramos que el Partido Nacional tiene una sólida estructura, asentada en sus intendencias, pero hoy no vemos como absolutamente imposible lo que hace muy poco era impensable.

La proclamación de la fórmula ha sido el gran generador de ese clima. Andrés Ojeda tiene 40 años, Robert 53. Son jóvenes y así se les ve. Pensemos que en 1984 cuando fuimos elegidos para conducir la transición desde la Presidencia de la República teníamos 48 años. A la misma edad fue electo Luis Alberto Lacalle Herrera, que es cinco años menor que yo. Ambos, sin embargo, cargábamos años de militancia y ejercicio de cargos políticos cuando llegamos. Nuestro actual Presidente de la República, Luis Lacalle Pou, fue electo de 46 años, luego de tres períodos como diputado por Canelones y uno como Senador. Fuimos presidentes jóvenes, pero Ojeda lo es aún más y, aunque lleva veinte años de militancia, ese factor resulta muy relevante en el Partido Colorado porque simboliza el anhelado proceso de renovación.

Nuestra generación debe estar para escribir, dar conferencias a los más jóvenes, que es hoy mi prioridad personal. Pero el hecho es que no ha sido fácil la obligada sustitución. Tanto como que en este período ocupé la Secretaría General del Partido por tercera vez, a los 83 años. Por cierto, me siento honrado de haber contribuido a mantener la vida institucional del Partido y su relacionamiento con la Coalición en años tan difíciles, luego del alejamiento de quien fuera nuestro candidato a Presidente. En todo caso, no es lo mejor y de ahí que la elección interna, felizmente, llevará adelante a los más jóvenes, en la búsqueda de esa renovación.

Este proceso que se da en las personas debe tener su correlato en las ideas. Los principios básicos inspiradores son siempre los mismos, republicanismo, filosofía liberal y humanística, internacionalismo, libertades públicas, un Estado de Derecho que asume la responsabilidad social de procurar siempre la igualdad de oportunidades para los ciudadanos.

No son letra muerta. Si no, miremos a Venezuela para ver lo que ocurre cuando se caen los valores republicanos y se abre paso primero el populismo y luego la tiranía. O la Argentina, cuando se degrada el Estado de Derecho y la política cae en indeseables grietas.

Naturalmente, el mundo hoy es complejo y esos principios tienen que traducirse en políticas específicas.

En este tiempo histórico lo primero es la educación, para una nueva economía digital que ha sustituido a la industrial y post-industrial. Como siempre, el orden público y de ahí el enfrentamiento a los nuevos poderes espurios que desafían al Estado como el narcotráfico. La transformación económica ha de ser permanente, para no marginarse y por ese camino hacer ilusorio nuestro sistema de seguridad social. Por eso es que cuando se pone en riesgo su financiación, como lo hacen hoy el PIT-CNT y el Frente Amplio, se pone en riesgo nuestro nivel de vida. Es muy halagador prometer trabajar menos y ganar más, pero ese es el camino a la pobreza, luego de la embriaguez momentánea del beneficio sin sustento.

Nuestro Estado es una estructura socialdemócrata en términos europeos o liberal progresista en lenguaje norteamericano. Lo han administrado socialistas y liberales, pero su estructura es esa: tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario, tal cual la clásica proclama de la socialdemocracia alemana. El desafío es que hoy, sustentarlo, en un mundo en transformación veloz hacia nuevos modos de riqueza, se ha hecho muy difícil. De ahí la necesidad de productividad para asegurar competitividad. Acompasando al mismo tiempo el cuidado a los riesgos medioambientales y de las adicciones que devastan a buena parte de la juventud.

Por aparte, el país todo tiene un riesgo inminente y gravísimo, que es la propuesta del PIT-CNT de constitucionalización de la disolución de las AFAPs, confiscación de los ahorros de los trabajadores y cristalización en 60 años la edad jubilatoria cuando la expectativa de vida de un uruguayo promedio ha subido de 73 en 1985 y a 79 hoy.

La renovación, entonces, no es solo sustitución de personas. Es de ideas transformadoras, como lo define el programa partidario que se presenta hoy viernes al Comité Ejecutivo del Partido. Como lo venimos haciendo en los temas de educación desde la restauración democrática. Más que nunca, entonces, reformistas. Ni conservadores ni revolucionarios. Reformistas, esa palabra que el marxismo despreció y por ello solo trajo pobreza y tiranía.



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