Edición Nº 1085 - Viernes 19 de junio de 2026

A 40 años de su fallecimiento, Borges y Uruguay

Viernes 19 de junio de 2026. Lectura: 10'

Por Santiago Torres

Las raíces uruguayas de Jorge Luis Borges fueron mucho más profundas de lo que suele creerse. Desde su abuelo paterno, el coronel Francisco Borges Lafinur, nacido en Montevideo, hasta la influencia intelectual de Juan Crisóstomo y Luis Melián Lafinur, pasando por los veranos en Fray Bentos y los recuerdos del Prado montevideano, la otra orilla del Río de la Plata ocupó un lugar central en la formación del escritor. Uruguay no fue para Borges un país vecino: fue una parte esencial de su identidad.

Cuando se habla de Jorge Luis Borges suele pensarse en Buenos Aires, en los patios de Palermo, en las bibliotecas infinitas y en los laberintos metafísicos que hicieron de él uno de los escritores más influyentes del siglo XX. Sin embargo, existe una dimensión menos conocida, aunque fundamental para comprender su biografía y buena parte de su imaginario: su profundo vínculo con Uruguay.

No se trató de una relación circunstancial ni protocolar. Uruguay formó parte de su historia familiar, de sus recuerdos de infancia, de sus afectos, de su genealogía y de su visión cultural del Río de la Plata. Tanto es así que Borges llegó a definirse en más de una ocasión como “medio oriental” y solía recordar, con evidente orgullo, sus raíces uruguayas.

Una genealogía oriental

Aunque nació en Buenos Aires el 24 de agosto de 1899, una parte importante de la historia familiar de Borges se desarrolló en Uruguay.

Su abuelo paterno fue el coronel Francisco Isidoro Borges Lafinur, nacido en Montevideo el 6 de febrero de 1835, en plena Guerra Grande. Aquella figura ocuparía un lugar central en la memoria familiar y en la propia construcción literaria de Borges.

Francisco Borges Lafinur había participado de adolescente en la defensa de Montevideo durante el largo sitio impuesto por las fuerzas de Manuel Oribe. Más tarde integró la División Oriental que acompañó a Justo José de Urquiza en la campaña que culminó con la batalla de Caseros. Posteriormente desarrolló su carrera militar en Argentina, donde alcanzó el grado de coronel y murió combatiendo en la batalla de La Verde, en 1874.

Para Borges, aquel abuelo representaba la tradición épica de su familia. En numerosos poemas, ensayos y entrevistas evocó su figura como la encarnación del valor militar y del destino heroico. La admiración era tan profunda que llegó a convertirlo en uno de los grandes mitos personales de su obra.

Pero la importancia de Francisco Borges Lafinur no se limitaba a su carrera militar. Su segundo apellido vinculaba al escritor con una de las familias intelectuales más destacadas del Río de la Plata.

Los Lafinur: una herencia intelectual rioplatense

La familia Lafinur ocupó un lugar destacado en la historia cultural de Uruguay y Argentina durante el siglo XIX.

Su figura más célebre fue Juan Crisóstomo Lafinur (1797-1824), poeta, filósofo, educador y uno de los introductores del pensamiento ilustrado en el Río de la Plata, era Lafinur es el hermano de Carmen Lafinur, tatarabuela de Borges. Liberal, reformista y defensor de la libertad de pensamiento, desarrolló una parte significativa de su actividad intelectual en Montevideo, donde dejó una huella importante en los círculos culturales de la época.

Borges conocía perfectamente esa genealogía y la reivindicaba con orgullo. Veía en Juan Crisóstomo Lafinur un símbolo de la tradición intelectual rioplatense y una figura que unía naturalmente ambas orillas del río.

Sin embargo, hubo otro integrante de la familia que tuvo una influencia mucho más directa sobre su vida.

Entre los recuerdos uruguayos de Borges aparece reiteradamente la figura de su tío Luis Melián Lafinur, destacado intelectual, político y periodista.

Borges lo conoció durante su infancia y juventud y siempre habló de él con admiración.

Las visitas a su residencia de la Ciudad Vieja , en la calle Buenos Aires, se transformaron en una experiencia decisiva para el futuro escritor. Allí encontró una enorme biblioteca y escuchó conversaciones sobre historia, política y literatura que dejaron una impresión duradera.

Muchos años después recordaría aquellas jornadas como una de sus primeras aproximaciones al mundo intelectual.

La admiración llegó a tal punto que Borges terminó incorporando a Luis Melián Lafinur a su propia literatura. En Funes el memorioso, que además transcurre en Fray Bentos, cuando el protagonista inventa su extravagante sistema de numeración, uno de los números recibe precisamente el nombre de Luis Melián Lafinur.

No era una casualidad. Era un homenaje.

La herencia oriental de Leonor Acevedo Suárez

Si la rama paterna vinculaba a Borges con Montevideo a través de los Borges Lafinur, la materna reforzaba todavía más esa conexión con Uruguay.

Su madre, Leonor Acevedo Suárez, provenía de una familia profundamente arraigada en la historia oriental. Los Acevedo, los Suárez y los Haedo figuraban entre los apellidos tradicionales de la región y mantenían propiedades, vínculos familiares y una intensa vida social a ambos lados del Río de la Plata.

Borges creció escuchando relatos sobre aquellos antepasados, sobre las estancias familiares de Río Negro y sobre los episodios de las guerras civiles rioplatenses que formaban parte de la memoria doméstica.

La propia Leonor conservó durante toda su vida una estrecha relación con sus parientes uruguayos y transmitió a su hijo una visión del Río de la Plata como un espacio cultural compartido. No es casual que Borges afirmara repetidamente sentirse ligado a Uruguay por razones sentimentales y familiares: una parte sustancial de esa “orientalidad” provenía precisamente de la rama materna, que mantuvo vivo en el hogar el recuerdo de la otra orilla.

De hecho, si uno observa la biografía completa de Borges, advierte que su vínculo con Uruguay descansaba sobre dos pilares familiares complementarios: por un lado, la tradición heroica y militar representada por su abuelo paterno Francisco Borges Lafinur; por otro, la tradición familiar, rural y afectiva transmitida por Leonor Acevedo Suárez y sus parientes orientales.

Ambas corrientes confluyeron en la formación de una identidad profundamente rioplatense que el escritor reivindicaría durante toda su vida.

"Fui concebido en Uruguay"

Entre las muchas frases memorables del escritor existe una particularmente reveladora.

Borges repetía con frecuencia que había nacido en Buenos Aires, pero que había sido concebido en Uruguay.

Según diversos testimonios, situaba ese origen en establecimientos rurales de la familia Haedo, especialmente en la estancia San Francisco, en el departamento de Río Negro. En otras ocasiones mencionó la estancia Santa Irene.

La afirmación no era una simple anécdota.

Para Borges, los orígenes poseían un enorme valor simbólico. Al recordar que había sido concebido en territorio uruguayo estaba reivindicando una pertenencia emocional que lo acompañó durante toda su vida.

Décadas más tarde seguiría evocando aquellos escenarios rurales orientales. Incluso en algunos de sus poemas aparecen referencias a esos paisajes vinculados a la memoria familiar.

Fray Bentos, ese lugar especial

Si existe una ciudad uruguaya especialmente asociada a Borges, esa es Fray Bentos.

Durante su infancia y adolescencia visitó repetidamente la región, donde residían familiares cercanos. Aquellos viajes dejaron una huella profunda en su memoria.

Mucho tiempo después recordaría los caminos rurales, las barrancas, las estancias y los personajes que conoció durante esos años. Esa experiencia directa del interior uruguayo alimentó una parte importante de su imaginación literaria.

Fray Bentos no fue simplemente un lugar de vacaciones. Fue uno de los escenarios formativos de su sensibilidad.
La prueba más visible de esa relación aparece, como lo señalamos más arriba, en uno de los cuentos más famosos de la literatura universal.

Publicado en 1942, Funes el memorioso transcurre en Fray Bentos y tiene como protagonista a Irineo Funes, un joven poseedor de una memoria absoluta e incapaz de olvidar.

La elección del escenario no fue casual.

Borges podría haber situado la historia en cualquier lugar del mundo. Sin embargo, eligió una ciudad uruguaya vinculada a sus recuerdos personales y el resultado fue extraordinario: Fray Bentos quedó incorporada para siempre al mapa de la literatura universal gracias a uno de los relatos más estudiados y comentados del siglo XX.

Cada vez que un estudiante de literatura en Tokio, París, Nueva York o Madrid lee Funes el memorioso, está recorriendo también una pequeña porción del Uruguay imaginado por Borges.

Montevideo y los recuerdos del Prado

Montevideo también ocupa un lugar singular en la biografía del escritor.

Durante sus frecuentes estadías en la capital uruguaya pasó largas temporadas en residencias familiares ubicadas en el Prado. Allí vivían varios de sus parientes y allí transcurrieron algunos de los episodios más recordados de su juventud.

Entre ellos figura uno especialmente significativo: su enamoramiento de Esther Haedo, una prima por la que sintió una intensa atracción juvenil.

La relación nunca prosperó (Esther terminó casada con el salteño Enrique Amorín), pero dejó una marca emocional duradera. Décadas después Borges todavía evocaba aquellos años con una mezcla de nostalgia y afecto.

El Prado montevideano quedó asociado para siempre a uno de los primeros capítulos sentimentales de su vida.

Borges y los escritores uruguayos

La relación con Uruguay no fue solamente familiar o afectiva.
También existió una profunda conexión intelectual.

Borges admiró a figuras fundamentales de la cultura uruguaya como José Enrique Rodó, Julio Herrera y Reissig, Horacio Quiroga y, especialmente, Felisberto Hernández, a quien consideraba uno de los escritores más originales de la lengua española.

A lo largo de su carrera mantuvo contacto con intelectuales uruguayos, participó en conferencias en Montevideo y colaboró con publicaciones culturales de ambas orillas.

En la década de 1920 incluso escribió el prólogo [https://borgestodoelanio.blogspot.com/2017/04/jorge-luis-borges-palabras-finales.html] de una antología de poesía uruguaya (Antología de la moderna poesía uruguaya 1900-1927, de Ildefonso Pereda Valdés), donde destacó la singularidad de la tradición literaria oriental.

Aquella admiración no era una simple cortesía diplomática. Borges leía realmente a los autores uruguayos y reconocía en ellos una sensibilidad propia que enriquecía el patrimonio cultural rioplatense.

Una cultura compartida

Quizás la mejor manera de entender la relación entre Borges y Uruguay sea comprender que pertenecía a una generación para la cual el Río de la Plata constituía una unidad cultural.

Las familias se extendían naturalmente a ambos lados del río. Los escritores viajaban constantemente entre Buenos Aires y Montevideo. Los diarios circulaban de una orilla a otra. Las discusiones literarias, políticas y filosóficas eran compartidas.

Esa realidad histórica explica por qué Borges jamás percibió a Uruguay como un país completamente ajeno. Lo veía como parte de una comunidad cultural común que había dado forma a su propia identidad.

La otra patria de Borges

A cuarenta años de su muerte, la imagen pública de Borges continúa asociada principalmente a Buenos Aires, Ginebra y las grandes universidades del mundo.

Pero existe otra geografía imprescindible para comprenderlo. Es la geografía de Fray Bentos, de Río Negro, de las estancias familiares, del Prado, de la Ciudad Vieja.

Es la geografía donde transcurrieron veranos decisivos, donde se forjaron recuerdos de infancia, donde aparecieron los primeros enamoramientos y donde se encuentran algunas de las raíces más profundas de su genealogía.

Si Fray Bentos aportó recuerdos, Montevideo aportó afectos y los Haedo aportaron territorio, los Lafinur aportaron una tradición intelectual que Borges incorporó a su propia identidad.

Uruguay no fue una nota al pie en la vida de Jorge Luis Borges. Fue una de las fuentes de su memoria, de su cultura y de su imaginación.

Fue, en muchos sentidos, su otra patria.



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