673 millones de personas sufren hambre en el mundo y en Uruguay, la pobreza infantil sigue siendo una deuda estructural
Viernes 8 de agosto de 2025. Lectura: 4'
Por Laura Méndez
Un informe interagencial de la ONU sobre la seguridad alimentaria, divulgado durante la Segunda Cumbre de Sistemas Alimentarios (UNFSS+4) celebrada en Addis Abeba, Etiopía, concluyó que el hambre global disminuyó levemente en 2024, aunque sigue aumentando en regiones como África y Asia occidental.
El Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo 2025 (SOFI 2025) indica que el 8,2?% de la población mundial -unos 673 millones de personas- sufrió hambre en 2024. Si bien representa una leve mejoría respecto al 8,5?% registrado en 2023, estas cifras aún superan los niveles previos a la pandemia.
El informe destaca mejoras en América Latina y el Caribe, así como en Asia meridional. En nuestra región, el porcentaje de personas subalimentadas cayó al 5,1?% en 2024 (34 millones de personas), una baja significativa frente al 6,1?% de 2020. En Asia meridional, la cifra descendió del 7,9?% en 2022 al 6,7?% en 2024, lo que equivale a 323 millones de personas.
Esta evolución positiva contrasta con el aumento persistente del hambre en África y Asia occidental. En África, más del 20?% de la población -unos 307 millones- sufre hambre, y en Asia occidental el 12,7?% -más de 39 millones- padeció inseguridad alimentaria en 2024.
Las proyecciones no son alentadoras: se estima que para 2030, casi 512 millones de personas padecerán hambre crónica, el 60?% de ellas en África. Esto representa un obstáculo serio para alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible de “hambre cero”.
Una de las voces más escuchadas en la cumbre fue la de Catherine Russell, directora ejecutiva de UNICEF, quien alertó que más de 190 millones de niños menores de cinco años sufren desnutrición.
Afirmó que esto puede tener consecuencias devastadoras para su desarrollo físico y mental. Les priva de la oportunidad de vivir a pleno su potencial. Enfatizó en que se debe trabajar junto a gobiernos, empresas y comunidades para garantizar que las familias vulnerables accedan a alimentos accesibles y nutritivos. Eso incluye fortalecer programas sociales y educar a los padres sobre alimentación local adecuada para la infancia, incluyendo la lactancia materna, que da el mejor comienzo a la vida.
Según datos de CEPAL y UNICEF, en varios países latinoamericanos el hambre y la pobreza infantil aumentaron en los últimos tres años, como consecuencia del estancamiento económico, la inflación alimentaria y la reducción de las inversiones sociales. Uruguay mantiene indicadores mejores que el promedio regional, no escapa a las tendencias.
El 20,3?% de los niños y adolescentes uruguayos vive bajo la línea de pobreza, según el Instituto Nacional de Estadística. Uno de cada cinco menores crece en un hogar con ingresos insuficientes para cubrir sus necesidades básicas.
Pero más allá del promedio nacional, existen brechas territoriales profundas. En departamentos como Rivera, Artigas, Salto y Cerro Largo, la pobreza infantil supera el 35?% en algunas zonas.
Esta concentración no es casual: la condición de frontera implica varios factores de riesgo. Allí prevalece la informalidad laboral, los servicios públicos son escasos, y muchas veces las políticas sociales no logran una cobertura efectiva. A esto se suman las dificultades del acceso a salud, educación y vivienda digna en el medio rural.
Uruguay cuenta con herramientas relevantes: Asignaciones Familiares - Plan de Equidad, los centros CAIF, el programa de Primera Infancia del INAU, y la estrategia Uruguay Crece Contigo, que brinda seguimiento a embarazadas y niños en situación crítica.
No obstante, los propios informes del MIDES reconocen que estos programas no alcanzan a revertir la pobreza estructural. Su impacto es positivo, pero parcial. En zonas rurales y de frontera, la cobertura es baja o llega tarde.
Un informe conjunto UNICEF–MIDES advierte que no basta con transferencias económicas. Se requiere una estrategia intersectorial y territorializada, con foco en infraestructura, empleo local, salud rural y educación temprana.
La pobreza infantil no se combate solo con recursos, sino con decisión política y corresponsabilidad social. Invertir en la infancia no es un gasto: es blindar el futuro del país.
Si nosotros como país logramos garantizar que todos los niños y niñas crezcan sin hambre, sin frío y sin miedo, se habrá ganado algo más que una estadística: se habrá empezado a construir un país verdaderamente igualitario.
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