Edición Nº 1084 - Viernes 12 de junio de 2026
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“Se volaron los puentes”

Por Julio María Sanguinetti

A raíz del pedido de censura parlamentaria al Ministro Bonomi que pidiera la bancada de Diputados del Partido Nacional, el oficialismo ha declarado que “se volaron los puentes” con la oposición. Esa fue la expresión de la ex Ministro Tourné, a quien apoyó otro legislador frentista, agregando al paisaje la nota dramática de “pulverización” de esos puentes.

La bancada parlamentaria frentista, que con su mayoría absoluta resuelve afirmativamente todas las interpelaciones e impide toda Comisión Parlamentaria de Investigación, con airada arrogancia proclama que no hablará más con la oposición y que, de este modo, ha cortado toda forma de diálogo.

Con un control absoluto del Parlamento, el oficialismo ni siquiera acepta que se interpele y se censure a un Ministro que está en el ojo de la tormenta, aun cuando esa censura no tenga ninguna posibilidad de ser aprobada. Nos explicamos el malhumor, luego del fallido episodio de la elección interna frentista, que después de una marea de propaganda dejó al desnudo el desánimo de su militancia, otrora tan activa y ruidosa. Ese estado de ánimo, sin embargo, no justifica declaraciones tan fuertes y una actitud política reñida con los hábitos políticos del país, especialmente luego de 1985, en que —pasada la dictadura— todos los partidos entendieron que, más allá de sus discrepancias, el diálogo siempre debía estar presente.

Es más: en este período, y estimulado por una actitud abierta del Presidente, la oposición asumió una actitud muy constructiva, que no siempre fue correspondida con respeto y atención. De ese diálogo derivaron sucesivos acuerdos que, más tarde, no se cumplieron, pero que se fueron renovando con una paciencia infinita de quienes —como opositores— tenían el derecho, y hasta el deber, de ser terminantes en la censura.

Esa actitud positiva no le resultó gratuita a los partidos fundacionales. Una parte muy sustantiva de la opinión pública les ha criticado por lo que considera una complacencia inexplicable ante un gobierno que es un modelo de falta de coordinación y eficacia en asuntos fundamentales. El Senador Larrañaga, candidato principal del Partido Nacional, es quien más cuestionamientos ha recibido por esa actitud que podrá estar bien o menos bien, pero —en todo caso— debería reconocerse como patriótica.

Es más: dado el poco espacio de televisión que logran voceros opositores, oímos todos los días el reproche de ciudadanos que se preguntan dónde están. No entienden esa limitación y que, además, no están a su alcance los procedimientos parlamentarios clásicos con los que el Frente Amplio gastó y desgastó a todos los gobiernos. En cualquier caso, esos ciudadanos que se hacen oír cada vez que pueden, y que son muchos, miden el grado de sacrificio que representa esa actitud constructiva.

El Partido Colorado, por ejemplo, presentó numerosos proyectos de ley sobre el tema de seguridad, propuso incluso cincuenta medidas y todo fue desechado. Sobrevino entonces el agrio enojo oficialista, porque agotado el diálogo se procuró la recolección de firmas para la enmienda constitucional sobre la imputabilidad de los menores.

Es evidente que el Frente Amplio se ha olvidado rápidamente de lo que fue su actitud como fuerza opositora. No hubo tema que no se magnificara, no hubo interpelación que no se pidiera, mientras se eternizaban comisiones investigadoras que acosaban a los sucesivos gobiernos, incluso con una permanente actitud de sospecha y hasta de difamación. Los epítetos con que descalificaban la reforma educativa de 1995 son un buen ejemplo, bastante recordado, cuando hoy las vilipendiadas escuelas de tiempo completo son un paradigma. Los medios, por otra parte, nunca le fueron retaceados y la televisión les ofreció la amplísima cobertura que le permitió, por ejemplo, al actual Presidente Mujica erigirse, desde la nada, en una figura popular. Pese a ello, la prensa es objeto de toda clase de agravios y la amenaza constante de leyes reguladoras trata de condicionarla psicológicamente.

Proclamar que no habrá más diálogo político porque apenas se ha ejercido un acto opositor, que ya se sabía que no tendría consecuencias y sólo sería una oportunidad para hablar, es realmente una peligrosa actitud intolerante. No aceptan con normalidad la crítica y reaccionan de un modo tan abusivo que ponen en duda el clima tradicional de la política uruguaya.



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