Edición Nº 733 - viernes 14 de septiembre de 2018        

Una irresponsabilidad absoluta

El Ministerio de Interior es responsable de no haber controlado las fronteras y de haber admitido el ingreso de narcotraficantes, lavadores de dinero negro y otros delincuentes. En 2012, siendo Bonomi Ministro, se resolvió no hacer inspecciones, pese a que había evidencias de que la frontera ya era “un colador”. Una grave omisión del Estado y de sus jerarcas.

Las denuncias que provienen de Argentina respecto a la forma en que los financistas K ingresaban sin controles, trayendo a nuestro país buena parte de las recaudaciones mal habidas, tiene un capítulo resonante que habla de la irresponsabilidad con que se han manejado las autoridades. En el Senado se divulgó una orden dada por la Dirección de Migración del Ministerio de Interior, en 2012, indicando que no había que hacer controles en los yates deportivos que se acercaran a nuestros puertos. La resolución es absolutamente increíble, porque se indica que las naves se inspeccionarán si así lo solicitan sus responsables —es decir, el Estado delegó completamente sus facultades de control, dejando la resolución en manos de los navegantes— y se produce exactamente en el mismo tiempo en que, en otro puerto uruguayo, Santiago Vázquez, se había hecho una famosa incautación de droga, precisamente en un yate.

En ese entonces eran Presidente el señor Mujica y Ministro de Interior el señor Bonomi. Las noticias sobre bandas de narcotráfico y vulneración de las fronteras eran habituales. El 15 de octubre de 2009 se supo de un famoso operativo, denominado “Guerra de los Balcanes”, que se realizó en acuerdo con autoridades argentinas, que permitió incautar la cifra récord de 2.174 kilos de cocaína en el yate Maui, ubicado en el puerto de Santiago Vázquez. Ese rotundo antecedente no fue tenido en cuenta por los jerarcas, que el 20 de abril de 2012 emitieron una circular, en papel oficial del Ministerio de Interior, para unificar los criterios de inspección en todos los puertos de embarcaciones deportivas, anunciando a diestra y siniestra que no habría controles.

Ahora se sabe que los financistas K ingresaban a Uruguay centenares de veces sin fiscalizaciones de índole alguna. El empresario Ernesto Clarens dio detalles ante la Justicia argentina de sus decenas de operaciones en Uruguay. En forma hasta casi cómica si no fuera realmente dramática, el Ministro Bonomi discutió en el Senado la cantidad de veces que Clarens había ingresado sin control a Uruguay, sosteniendo que no habían sido 130 y pico, sino apenas 90... Una diferencia sustancial...

Es claro que el principio de autoridad y de responsabilidad para aplicar la legislación viene fracasando en forma contundente. A la luz de lo que ocurre en muchas otras áreas públicas, es evidente que el Estado ha venido renunciando a sus potestades, esto es, la “anomia” a la que refirió el Director de Policía Mario Layera para hacer referencia, precisamente, al incumplimiento de la ley en varios barrios de Montevideo. Las leyes y los reglamentos no se cumplen, los jerarcas no son sancionados por sus omisiones y una blandura moral se va adueñando de la gestión pública. Así, el insostenible Ministro Bonomi no solo aparece como el autor del enorme fracaso ante el delito y las rapiñas, sino, además, como un jerarca que ha sido incapaz de hacer valer sus obligaciones básicas para controlar las fronteras, algo elemental.

Para el cierre de esta edición de “Correo de los Viernes” se anuncia una conferencia de prensa del Ministerio de Interior para aclarar esta situación, ante la que el Ministro no pudo dar ninguna respuesta convincente durante su comparecencia en el Senado el miércoles de noche. Aunque ahora sobrevengan explicaciones —algo en lo que Bonomi es experto— el daño ya está hecho y no tiene retroceso: nuestras fronteras son un colador y ello ocurrió por la inercia irresponsable de las autoridades del Ministerio de Interior.


El gobierno y el Comandante

Por Julio María Sanguinetti

“Si un Comandante no tiene la confianza del gobierno, lo puede remover. Pero aplicarle 30 días de arresto a la máxima jerarquía del Ejército es simplemente un intento de humillación a las Fuerzas Armadas. En ocasiones hemos criticado algunos actos del Gral. Manini, pero en este caso tiene razón, porque sus dichos —respetuosos— simplemente defendían los derechos de sus subordinados, hoy en estado de pobreza”.

Esas del epígrafe fueron mis primeras expresiones ante el episodio y hoy, tres días después, las considero aún más ajustadas.

Nadie puede ignorar lo que está ocurriendo con las Fuerzas Armadas. Están prácticamente condenadas al hambre. Un soldado entra con un sueldo de 15 mil pesos, que es la mitad del que recibe un policía (cuyo sueldo de entrada equivale a un Tte. 2º del Ejército). No se trata de que la policía gane de más, porque no es así. Simplemente constatar que siempre hubo una cierta equivalencia y este actual desnivel ha marcado, claramente, la animosidad del Frente Amplio hacia a unas fuerzas militares a las que, 33 años después de la restauración democrática, les sigue pasando la factura de un golpe de Estado del que no queda hoy ni el rastro en los actuales integrantes.

Curiosamente, quienes más rencorosos lucen contra esa institución del Estado no son los que las enfrentaron con las armas sino los panfletarios, hijos de eslóganes, que ahora, cuando no hay riesgo, sacan pecho como héroes de cartón. Es notorio que Eleuterio Fernández Huidobro, cuando fue Ministro, había asumido una actitud de defensa de la institución y que ello hizo que esta ley de retiros, que castiga severamente al personal de tropa, fuera detenida durante tiempo.

Da la impresión, ahora, que la situación electoral compleja lleva al gobierno a asumir esta actitud de aparente ejercicio severo de la autoridad. Hay muchas críticas internas al Presidente, las hay también al Ministro de Economía, hay unanimidad nacional en contra del Ministro del Interior, y ya nadie discute que las políticas sociales experimentan un formidable fracaso, como lo ha reconocido el ex Presidente Mujica.

En ese contexto, asumir un acto de autoridad frente al Ejército pretende encalmar los cuestionamientos de los sectores más a la izquierda y tratar de embretar a algún parlamentario díscolo, como el Dr. Darío Pérez. En una palabra, la interna frentista llega a este escenario del Estado que debiera manejarse con otros rigores.

El Ministro de Defensa, que es un hombre generalmente sereno, señala que el Comandante en Jefe había ya transgredido muchas veces sus márgenes de actuación. O sea que habría perdido la confianza del mando superior. Si esto es así, y reiteradamente como se dice, debió entonces relevarlo lisa y llanamente. El Poder Ejecutivo tiene todas las facultades para hacerlo. Pero esto de arrestar 30 días a la jerarquía máxima del Ejército y encerrarlo en una pieza, tiene todo el acento de la humillación. No se está ante un subordinado cualquiera, sino al jerarca que más efectivos tiene a su mando.

Pensemos en el terreno civil, que ni siquiera es tan formal. Un jerarca puede observar y suspender a un subordinado. Si en vez de la vía administrativa normal, lo hace a los gritos delante de toda la oficina, se está excediendo y humillando al funcionario.

¿Cree el gobierno que así afirma su autoridad? Podrán aplaudirlo algunas de sus bases, pero la ciudadanía sensata advierte un manejo peligroso de la delicada relación con las Fuerzas Armadas. Y un uso de política interna que no es sano por definición.

En un caso, análogo, de hace pocos meses, que comprometía a la máxima jerarquía de la Policía, no se dijo nada, pese a que el Inspector Layera dijera que nadie hace nada para  que se cumpla la ley, que la Policía está desbordaba y que vamos camino a El Salvador y Guatemala. Allí no hubo ni sanción ni remoción y sus comentarios eran un reconocimiento del fracaso del gobierno todo.

Al Comandante en Jefe lo hemos criticado algunas veces por algunas actitudes que, a nuestro juicio, cuestionaban la laicidad, pero en este caso lo vemos dentro de sus márgenes: simplemente está defendiendo a sus subordinados, está diciendo la verdad respetuosamente, reconociendo la buena fe del Ministro Murro, pero señalándole lo que, a su juicio, es un error. Y lo es porque hay un severo castigo a los más pobres del Ejército, a quienes se les retacea la pasividad futura y se les reclama más años de servicio. Algunos incluso quedan excluidos del sistema.

No nos duelen prendas, entonces, con el Gral. Manini. Pero hoy lo entendemos y respetamos en su actitud. Y quien primero debiera entenderlo es el gobierno, cuando está hiriendo a servidores fundamentales en la preservación de la soberanía nacional y la seguridad civil ante catástrofes y accidentes que estoicamente enfrentan a cada momento.


Valenti explica por qué no votará a Daniel Martínez

El escritor Esteban Valenti informó que formará un nuevo grupo político fuera del Frente Amplio y dio las razones por las que no hay que votar al intendente de Montevideo, Daniel Martínez, a quien acusa de falta de capacidad de gestión y control. El Intendente, dijo, sería dominado por los grupos radicales.

En un reportaje publicado en el portal que dirige Esteban Valenti reiteró las causas por las que se ha resuelto a formar un grupo político fuera del Frente Amplio, que eventualmente se aliará con el Partido Independiente, aunque esa sería una etapa posterior.

El dirigente, quien reconoce tener más de 56 años de militancia, sostiene que hay muchos frenteamplistas que han llegado al hartazgo, cansados con la pérdida del espíritu fundacional del Frente Amplio, el que promovió Líber Seregni.

Pero además, Valenti agregó las razones por las cuáles Daniel Martínez, el más probable candidato frenteamplista, no cuenta con su apoyo. Tras descartar a Mujica, cuya gestión gubernamental y actuación política es una de las motivaciones para su alejamiento del Frente Amplio, el entrevistado también opinó sobre el Intendente de Montevideo, el único que “tiene chance”.

Preguntado qué ocurriría si Martínez gana la interna del oficialismo, Valenti indicó que la situación no “cambiaría substancialmente, estaría totalmente rodeado por el G8 –así califica a los grupos radicales que “han copado” el Frente Amplio– que es decir por el MPP y hay que dejar de pensar en los sillones y volver a ser de izquierda y pensar en la gente, en los uruguayos y por eso hay que ver los méritos y las trayectorias de los candidatos en esa perspectiva”.

“¿A qué se refiere?”, fue consultado. “Martínez no tuvo absolutamente nada que ver con las inmoralidades de ANCAP, y eso debe quedar claro, pero si con la formación de una estructura enferma, sin profesionales adecuados o con directores inadecuados que le permitió a Sendic y Coya hundir a ANCAP. Y por otro lado para ser presidente hay que demostrar en su trayectoria como gobernante en ANCAP, en el Ministerio de Industria (que debía controlar ANCAP) y en la Intendencia de Montevideo, ¿cuál ha sido su trayectoria y sus resultados, sobre todo su capacidad de proponernos ideas, proyectos, impulsos, con profundidad y solidez?

¿Esa trayectoria demuestra que puede afrontar los nuevos y complejos problemas que tiene el país? De los otros candidatos, no hablo porque no tienen ninguna opción”.


El candado de los negocios con Venezuela

Sendic tiene la llave sobre los turbios negociados con Venezuela y por eso no lo sancionan, sostuvo el periodista Esteban Valenti.

Una dura acusación hizo Esteban Valenti, entre otras disidencias de carácter ideológico. Al separarse del Frente Amplio reveló que la causa por la que el plenario del Frente Amplio no sanciona al ex Vicepresidente Raúl Sendic, procesado por la Justicia por peculado y por abuso de funciones, tiene vinculación con los negocios con Venezuela, sobre los que Sendic sabe mucho.

Valenti no abundó en detalles y tampoco fue repreguntado por los periodistas que le entrevistaron, pero en todo caso su anuncio fue suficientemente elocuente. Al explicar que una de las razones por las que él abandona el Frente Amplio es la blandura que ha tenido la coalición oficialista ante los desvíos de conducta como los de Sendic y los del Senador Leonardo de León, Valenti se preguntó: “¿Por qué un partido que tiene el tema del poder como algo central no se saca de arriba a Sendic y a De León? Es simple: Sendic sabe todo y sabe demasiado, sino ya lo hubieran sacado. Sabe todo sobre los negocios con Venezuela. Los negocios se hicieron y están probados, la Justicia solo dijo que no puede procesar a nadie”.


El drama de los Liceos

Por Luis Hierro López

Con un 60% de deserción, los liceos han pasado a ser un lugar hostil y aburrido, en vez de un admirado instrumento de superación personal y colectiva. Su reforma y modernización son uno de los objetivos principales que el país debe plantearse para 2020.

Como un síntoma de la desorientación cultural de estos tiempos, los Liceos se han convertido en lugares desprestigiados, repudiados por los alumnos y por sus familias.

Al contrario de lo que ha ocurrido a lo largo del siglo XX, cuando los Liceos fueron precisamente el eje de la sociedad uruguaya, hoy no influyen en la vida de la gente. Ser director o profesor de un Liceo no es redituable en términos salariales o profesionales, en contraposición a la enorme dignidad que esos docentes representaban hace unas décadas. Asistir a sus cursos y, sobre todo, terminarlos, ya significa nada o muy poco para los adolescentes, que se aburren en ellos y no los aprecian como pasajes imprescindibles para su formación moral, cívica e intelectual.

Es evidente que el modelo liceal puesto en práctica desde 1941 ha sido hoy absolutamente superado. Un reciente e interesante estudio de un sociólogo indica que “es obvio que en Uruguay el bachillerato no haga la diferencia, porque no está pensado para una mejor salida al mercado laboral. Es un tema ideológico, un tema vigente desde 1941. En aquel momento hubo una reforma educativa en la que se entendió que la educación Secundaria no formaba para el trabajo, sino para un conjunto de valores y para la construcción de ciudadanía. Entonces, si el liceo tiene la forma de un tubo, da lo mismo a efectos de las capacidades laborales si uno se sale en una parte o termina toda la tubería. A lo sumo ese tubo que se llama Secundaria es la base para entrar a otro tubo que lleva el nombre de Universidad”.

Además, estudiar cuesta caro. Ese mismo análisis establece que “para el caso de los jóvenes más pobres, seguir estudiando el bachillerato tiene un costo directo que representa entre el 30% y 35% de los ingresos del hogar. Y, a la vez, existe el costo indirecto de no salir a trabajar que ronda el 40% del ingreso familiar”.

Ante esa perspectiva, la deserción es casi una consecuencia natural y va quedando irremediablemente en el olvido la promesa del Frente Amplio de universalizar en forma completa la matrícula al culminar este período gubernamental. Es evidente que ese propósito no se cumplirá –como tampoco se hará realidad la meta de que el 6% del producto bruto interno se invierta en educación– y es un hecho que el país tiene acá planteado uno de sus principales problemas, ya que generaciones completas de jóvenes van quedados rezagados de los conocimientos imprescindibles para que puedan desarrollarse con autonomía y mediano éxito. Entre los jóvenes de 17 a 25 años que tienen la Secundaria completa, la tasa de empleo es del 43%. Entre los que acabaron la UTU, la tasa trepa al 58%, según la Encuesta Continua de Hogares 2017. Pero esas cifras están dando cuenta de que la enorme mayoría de los jóvenes no tiene posibilidades de acceder a trabajos dignos, ya que no se han preparado para ello. De los que egresan, una parte puede obtener trabajos buenos. Pero a su vez una gran proporción no termina sus cursos, por lo que sus destinos serán las changas, las ayudas sociales del Estado o la mediocridad.

Este es el gran tema de nuestro tiempo y para contribuir a generar respuestas, es imprescindible contar con acuerdos políticos que permitan establecer políticas de larga duración. Por eso es oportuno y necesario que los partidos políticos anuncien con antelación –como lo está haciendo el Partido Colorado– sus propósitos de gobernabilidad al respecto. Las iniciativas de Eduy21 y las propuestas claras y responsables que hagan los sectores políticos en este sentido son piezas realmente decisivas.


Astori y sus mundos mágicos

Si los supuestos de comportamiento de la economía previstos en el proyecto de Rendición de Cuentas lucían —ya al momento de su presentación— como excesivamente optimistas, a la luz del escenario regional, dada la situación argentina, ya pueden darse por completamente irreales. Algo que —dicho sea de paso— ha sido una constante del gobierno.

En el mensaje de la Ley de Presupuesto que el gobierno de Mujica presentó en 2010 se señalaba que se terminaría el quinquenio con un déficit fiscal de menos del 1% del PIB (0,8%, para ser más precisos). Pese a una recaudación inédita en la historia —y “espacios fiscales” de fantasía mediante— se llegó a un déficit de 3,6% del PIB.

Al asumir en marzo de 2015, Vázquez y Astori se hicieron los sorprendidos por el deterioro fiscal, como si hubieran vivido en Marte los cinco años anteriores. Y también sabemos cómo siguió la historia: ajuste fiscal a partir de 2016 y tarifazos, comprometiéndose a llevar el déficit al 2,5% del PIB al final del gobierno, pero resulta que a mayo de 2018 el déficit está en un 4% del PIB.

En el proyecto de Rendición de Cuentas presentado este año, el Poder Ejecutivo nos dice que reconoce que al fin del quinquenio no se llegará con un déficit del 2,5% del PIB, pero no abandona su optimismo: 3,6% en 2018, 2,8% en 2019 y —ahora sí— 2,5% en 2020. Y lo expresa como diciendo que podremos tirar manteca al techo con semejantes cifras.

¿Cómo imagina el gobierno reducir la brecha fiscal? Por supuesto, con sus previsiones de crecimiento económico, que imagina como realidades concretas y tangibles: 2,5% para 2018 (que ya reconoce que será menor “por la sequía”), 3,3% para 2019 y 3,0% para 2020. Con esas tasas de crecimiento positivo —nos señala el gobierno— no habrá problema alguno en recaudar para financiar el aumento de gasto previsto en la Rendición y, además, reducir el déficit en los porcentajes previstos.

Pero ahora Argentina —que ya era un tembladeral— se ve forzada a llevar a cabo un ajuste de suerte incierta y que la llevará a una caída de su producto que muchos estiman en no menos del 2,5% y a un crecimiento cero en 2019. El impacto sobre nuestras costas, por menores ventas de bienes y servicios (incluido el turismo), será inevitable. Por lo tanto, es difícil imaginar cómo sostener los gastos comprometidos con una recaudación necesariamente menor. Bueno, sí: con más deuda pública.

Como se advierte, las bolas de cristal de los sucesivos gobiernos del Frente Amplio, invariablemente manejadas por Astori o gente allegada a él, han fallado invariablemente. Como dijo el diputado Gandini en referencia a las previsiones astorianas: “¡No le pega una!”.

¿Y encima Astori se ofende cuando se le señala que le dejará una pesadísima herencia a la próxima administración, que bien podría incluir la pérdida del grado inversor?


Las mentirillas de turno

La imprecisión e irresponsabilidad de los gobernantes realmente alarma. Hace poco, Uy Check, la organización independiente que verifica si las afirmaciones que se hacen en el debate público son correctas, desmintió tajantemente al Presidente Vázquez. Ahora le toca el turno a la Ministra y candidata Carolina Cosse.

Cuando hace pocas semanas UY Check desmintió al Presidente Vázquez, calificando de “ridícula” una de sus afirmaciones, pensamos que los voceros oficiales iban a aprender la lección y a cuidar con mayor exigencia sus apariciones públicas, pero no fue así. Vázquez había hecho referencia a las escuelas de tiempo completo, sosteniendo que cuando llegamos había dos o tres de ellas un exabrupto que mereció la peor calificación posible, porque es público y notorio que antes de 2005 es precisamente cuando ese sistema escolar tuvo su mayor auge.

Ahora quien merece también una muy mala nota es la Minista de Industria y Energía, quien afirmó que “a partir de 2016 la desaceleración en la industria se detuvo y estamos en proceso de recuperación”. Según la consultora esa afirmación también es “falsa”, porque ese no es el proceso que se ha verificado, dado que el índice de volumen físico de la industria manufacturera ha tenido precisamente a partir de esa fecha una tendencia a la baja. Según el Instituto Nacional de Estadística, este índice “tiene como objetivo estimar la evolución mensual de la actividad económica del sector en el país.” Para ello utiliza como indicadores el valor de la producción a precios constantes, las horas trabajadas y el personal ocupado de las unidades económicas y es el procedimiento técnico más adecuado para evaluar la evolución de esa actividad.

Uy Check precisa que en la medición más reciente, correspondiente a julio de 2018, se observa un crecimiento del índice de 17,1% respecto al julio de 2017. Ahora bien, es necesario tener en cuenta el peso que tiene la Refinería de Petróleo de ANCAP en este indicador. Si no se la considera, este porcentaje pasa a ser negativo y el índice cae 3,7% en el periodo julio 2017- julio 2018.

El error de la ingeniería Cosse llama realmente la atención. No es una médica u oncóloga como el Presidente, es una ingeniera, acostumbrada al manejo de los números y de las estadísticas y, supuestamente, más apegada a la precisión de los datos técnicos. No puede haber ignorado la situación que se genera con la Refinería, la que se registra anualmente. Pero se ve que la tentación demagógica puede más y que el apuro electoral ya influye excesivamente.


Corrupción y despilfarro en ASSE

Por Elena Grauert

Aunque el oficialismo quiere disimular el asunto, lo que hubo en Asse es una enorme trama de corrupción. Esperemos ahora que la Justicia pueda investigar a fondo.

El miércoles 12 de setiembre, se presentaron informes de la comisión investigadora del Parlamento sobre "la Gestión de ASSE desde el año 2008 a la fecha y la denominada Estafa FONASA". Hubo discrepancias entre los mismos, no en cuanto al resultado final que era remitir a la Fiscalía y a la Junta de Transparencia y Ética Pública los antecedentes en ambos informes, sino en la forma como se dio la investigación, porque hubo temas que no pudieron abordarse porque el oficialismo no votó  la prorrogar la investigación, sobre todo para  el caso específico conocido como "Estafa FONASA.-

Del informe de la oposición surge que, a partir del procesamiento de uno de los ex Directores de ASSE, Alfredo Silva, fue que el Director de la oposición solicitó que se realizaran auditorías internas y externas sobre el tema de las empresas tercerizadas.

De las auditorias solo contestaron 29 Unidades Ejecutoras de 70 que son en su totalidad, y de ellas en 27 había irregularidades, que se resumen en incumplimientos de las normas de cristalinidad y transparencia y del  TOCAF.- Las violaciones a la normativa encontradas fueron: haber realizado compras directas en reiteradas oportunidades, o fraccionamiento del gasto o no respetar el límite en cuanto al monto que exige la licitación pública e ir por la  licitación abreviada, incluso no respetando la exigencia de reiteración del gasto, inexistencia de Resolución de adjudicación, no exigir depósito de garantía de cumplimiento,  o no cumplir las tercerizadas con las normas laborales, lo cual acarrea responsabilidad para la administración. También surge de la auditoría, conflictos de intereses, superposición de horarios de funcionarios con doble vinculo laboral público y privado, entre otras violaciones graves a la normativa.

Pero además surgió entre otras cosas, el caso de la Unidad Ejecutora de Bella Unión con la empresa de ambulancias SIEMM SRL, donde los dueños de las empresas tercerizadas, eran también jerarcas de las Unidad Ejecutora y se auto contrataban, violando el art 46 del TOCAF, habiéndose observado el gasto por el TC por este motivo, además de haber contratado a la misma en forma directa previamente en marzo de 2013, no estando habilitada por el MSP para funcionar como empresa de ambulancias.

Es relevante en el caso de Bella Unión, así como en otras Unidades Ejecutoras, cómo se multiplica el gasto, ya que en el 2012 se gastaba en traslados comunes y especializados $ 569.494, en tanto que en los años subsiguientes luego de la contratación de la empresa SIEMM la progresión del gasto fue la siguiente: 2013 $ 8.214.248, 2014, $ 13.243.730 y 2016 $ 16.204491, 28 veces más que en el 2012.

La corrupción ejemplificada, se reitera en otras Unidades Ejecutoras, al igual que la progresión y el despilfarro del gasto. También hubo desbordes en la contratación de publicidad del Hospital Pasteur, y en otros casos como la compra de oxigeno donde se multiplicaron por tres las erogaciones. Por lo que, los abusos generados, el  no cumplimiento con las normas de buena administración, ni el TOCAF, constituyeron el "modus operandi", documentado por la Comisión Investigadora, estando en curso las denuncias penales, ante el Juzgado del Crimen Organizado.

Pero ello no soluciona el mal manejo de los bienes públicos, la falta de honradez de quienes eran los encargados de su control y administración. Por ello fueron removidos de sus cargos en febrero de 2018, por parte de Tabaré Vazquez los tres Directores políticos de ASSE Susana Muniz, Mauricio Arduz y Jorge Rodríguez. Sin perjuicio de lo cual, si uno escucha la argumentación de los representantes del Frente Amplio, ese hecho no existió ni fue consecuencia de todo los investigado y constatado.

Lamentablemente, uno de los temas más confusos y preocupantes que hacen a todo el sistema de salud, es lo que se dio a conocer en la comisión investigadora como  "estafa FONASA", lo cual no pudo ser estudiado e investigado en profundidad dado que se vio truncada la investigación "por falta de tiempo, la complejidad del tema y la negativa a votar la prorroga por parte de la bancada oficialista" (sic).- Lo poco que se sabe es en base a denuncias de usuarios que fueron cambiados de prestador sin autorización  o un caso de una señora de 83 años que vive en un apartamento del BPS, que relató que iban personas por los complejos del BPS y decían que eran funcionarios del BPS "que si no se afiliaban al CASMU ...perdían la vivienda y la pasividad (sic)". Evidentemente esto es una maniobra delictiva, que debió ser más investigada y lamentablemente las mayorías impidieron su conclusión, y no significa (vale la aclaración) que exista ningún tipo de autoría o complicidad entre la institución mencionada y los delincuentes que llevaban a cabo tal gestión, si fuera constatada, ya que fue una declaración entre otras tantas similares.

Es por tanto, triste y lamentable el despilfarro efectuado, y esto no es como dicen los representantes del Frente Amplio una maniobra para desprestigiar el Sistema Nacional Integrado de Salud, sino que el el deber de la oposición y el Parlamento, controlar, investigar y perseguir los actos de corrupción.

Cuando se habla de corrupción y se inhibe dar cristalinidad a la gestión publica, se está atentando contra el derecho que tiene la ciudadanía a la transparencia, ya que son estos quienes pagan los impuestos y le sacan gran parte de su sueldo para el funcionamiento del sistema. Por lo que decir que es una maniobra, cuando del propio informe hecho por los legisladores del Frente Amplio, surge el envío de los antecedentes a la Fiscalía y  la Junta Nacional de Transparencia y Ética Publica, es una contradicción que no resiste el menor análisis y reafirma el camino equivocado por donde se han conducido.


Hidalguía republicana vs soberbia populista

Por Tomás Laguna

Dos gestos diferentes en momento de crisis. El Dr. Jorge Batlle en el 2001, nuestros gobernantes hoy.

Por estos días transcurre una nueva edición de la Rural del Prado, “Expo Prado” en su denominación posmoderna, donde lo rural parece perder trascendencia en beneficio de una concepción más ferial. Van 113 ediciones desde la primera realizada en junio de 1883, en un solar frente a la Plaza Artola (Hoy de los Treinta y Tres). Desde 1913 se viene realizando en forma continua en el actual predio del Prado, otorgado a la Asociación Rural del Uruguay a esos efectos por ley de 1909 y decreto reglamentario de 1912. Fue el 2do gobierno de Don José Batlle y Ordoñez quien otorgó a esta gremial en el mismo decreto de 1912 la supervisión de todas las exposiciones que se realizaran de ahí en más, y dispuso por inversión pública la construcción de los 3 galpones, hoy ya parte del Patrimonio Nacional.

Más allá de la muestra ganadera en sí, con lo más importante de la genética nacional desfilando en el ruedo central, la exposición ha servido de caja de resonancia de la situación del agro en cada año de su celebración. Vale recordar la edición de aquel nefasto 2001, en plena crisis de la aftosa y habiendo perdido los mercados cárnicos. La directiva ruralista había resuelto no hacer el acto de cierre con sus discursos y desfiles habituales, en su lugar un sencillo discurso en el ruedo central. Por entonces la centenaria gremial había tenido algunos desencuentros con el Presidente de la República por diferencias en cuanto a la forma de superar aquella crisis, lo que había molestado a este último. Ante la invitación recibida el Presidente Batlle había anunciado que asistiría al acto pero como un ciudadano más. Sin embargo, en el momento en que el presidente de la Asociación Rural, don Alberto Pereira Micoud, estaba pronto a dar inicio a la breve y austera ceremonia, el Presidente de la República se hizo presente sorteando con habilidad campera el alambrado que rodeaba el ruedo. Aproximándose al grupo de dirigentes rurales, luego del saludo de rigor, improvisó un discurso pleno de energía y optimismo, animando a los productores a seguir adelante. Fue sin duda un gesto de responsabilidad acorde a su investidura. Fue el Dr. Batlle quién logro luego la reapertura del mercado norteamericano y tras este logro se fueron abriendo otros. Como se extraña hoy aquella hidalguía y compromiso con la producción.

Lejos estamos de aquellos tiempos trágicos. No obstante vivimos hoy, y no por causas sanitarias, un grave y creciente deterioro de la producción nacional en prácticamente todos sus rubros. Fue así que la Confederación de Cámaras Empresariales ofreció, en el mismo ámbito de la exposición ganadera, una conferencia con una detallada descripción de “las reformas imprescindibles para crear un clima de negocios que incentive la inversión y el trabajo uruguayo”.

Los planteos no son nuevos, y ya no se trata del hecho puntal de un problema sanitario que nos impide exportar. Las cámaras empresariales nucleadas en la confederación reclamaron definir estrategias para una mejor inserción internacional, demandaron que se instituya una regla fiscal que limite la discrecionalidad en el manejo de las finanzas públicas, la profesionalización de la gestión de las empresas públicas, la necesidad de mejorar y ampliar la infraestructura existente, entre otros varios aspectos dónde el Estado demuestra ineficiencia o incapacidad de ejecución. No estuvo ajeno la demanda necesaria e inmediata trasformación del sistema educativo, el fortalecimiento de las capacidades del país en materia de ciencia, tecnología e innovación. Hubo un reclamo concreto en lo que hace a la seguridad. Por último demandó al sistema político “modificar la regulación laboral y las prácticas del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, en el marco del cumplimiento de las recomendaciones de la OIT” a la vez de “derogar el decreto que regula las ocupaciones de los lugares de trabajo”. Esta descripción a vuelo de pájaro es apenas una enumeración de los principales reclamos del empresariado uruguayo.
Como tema central hubo una presentación a cargo del Economista Munyo refiriendo a las dificultades de los sectores transables de la economía a partir del rezago cambiario.

Sin embargo, cuando los ruralistas, munidos de todos esos argumentos, recibieron tanto al equipo económico como al Presidente de la República, se encontraron con actitudes no acorde con las circunstancias que vive el país. Necesario es reconocer el gesto republicano del Sr. Presidente dedicando una hora de su agenda a esta visita. Lo insólito es que en ambos casos, Presidente y Ministro de Economía, se trate de minimizar o más bien desacreditar los reclamos por competitividad. Peor aún, subestiman y manipulan los argumentos que desde la producción se les enrostra. “La competitividad no es solo un problema del tipo de cambio sino de innovación y productividad” dijo el Sr. Presidente al salir de su reunión con los directivos de ARU. No es muy distinto a su desinformación cuando se refirió a los arroceros expresando que "tienen que mejorar su productividad y su competitividad" lo que motivo una inmediata respuesta de la Asociación de Cultivadores de Arroz demostrando que el cultivo de arroz en nuestro país es de los de mayor productividad en el mundo y mejor calidad reconocida.

El Ministro Astori no le va en saga. Fue capaz de decir que los problemas de la producción no es por el tipo de cambio sino que tienen un problema de rentabilidad (insólita contraposición de argumentos) Seguramente desde su cátedra pensará que todos somos amebas sin raciocinio o incondicionales masificados de comité de base.

Ya nada hay para esperar de este gobierno en una propuesta política agotada en sí misma y que se auto fagocita en su propia interna política.

La soberbia y la necesidad son un combo explosivo que afecta a nuestros gobernantes. Cuanta diferencia con la hidalguía republicana del Dr. Batlle en el 2001.


Año Nuevo Judío

El pueblo judío ha celebrado en el mundo su nuevo año 5779, su fiesta de Rosh Hashaná.

Lo hace, como siempre, con ese optimismo vital que le ha permitido sobrevivir a contingencias que ningún otro pueblo contemporáneo ha experimentado. Su adhesión al Libro, a sus escrituras, y la capacidad que el desafío constante le hizo desarrollar, han sido el sustento de esa permanencia histórica.

En nuestro país, varias generaciones han contribuido con fecundidad al quehacer nacional, integradas felizmente a una sociedad abierta, en que el inmigrante fue la norma y no la excepción. Naturalmente, el tiempo y la vida no pasan en vano. Desde que nació Israel, hace 70 años, la doble nacionalidad adquirió un sentido nuevo; no se podía ser buen judío sin ser a la vez buen ciudadano, ni ser buen uruguayo sin mantener el respeto a esa tradición. Nada se construye con renegados y el respeto que los judíos uruguayos han mantenido para su cultura es parte sustantiva de la riqueza y pluralidad de nuestra sociedad.

Feliz año, entonces, para nuestros conciudadanos uruguayos. Confiemos en que sea bueno para nuestras familias, cualesquiera sean las circunstancias, y que en Israel, hogar matriz, se pueda vivir con algo menos de las zozobras que la intolerancia, la ignorancia y el prejuicio siguen provocando.


La polémica sobre UPM 2 y la racionalidad

La falta de información –fomentada por el gobierno– sobre la instalación de la segunda planta de UPM, da lugar a controversias que deben resolverse con racionalidad y modernidad. Al respecto, nos parece interesante transcribir una columna de Eduardo Blasina, quien defiende el emprendimiento.

Me tocó defender la inversión de UPM en la facultad de Psicología en un ambiente especialmente hostil. Unas muchachas adolescentes y anarquistas abucheaban, mientras el público mayoritario, defendiendo coherentemente lo mismo que han defendido siempre, se oponían con coherencia a “un enclave extranjero con una zona franca y un monocultivo, que aumentará la contaminación del río Negro y dejará para el país muy poco dinero”. Imperialismo, una vez más.

En general una proporción importante de público similar al que supongo se encuentra en los comités de base, que lucharon muchos años por la liberación de los pueblos oprimidos por las potencias.

Otra parte del público estaba compuesta por gente razonable que está preocupada por los temas ambientales, porque es un hecho que las aguas del río Negro están muy mal, y que las algas verdes llegan a Colonia. Nada hay más básico y democrático que el derecho al agua limpia.

Finalmente estaba gente de “Un solo Uruguay”, la actividad era a pocos días del acto de Durazno, y aunque parecían no tener una posición tomada, en definitiva un pequeño o mediano productor ganadero tiene derecho a sentir que tiene que competir contra “los árboles” y que los árboles son grandes y no pagan renta, mientras él es chico y paga el impuesto que le toque, sin zona franca que lo ayude.

Para hacer las cosas más difíciles, quien defiende la idea de la instalación de UPM2 argumenta que es bueno debilitar a los ganaderos, un sector hegemónico que ya vemos los líos que está armando. Por la negativa, digamos.

Pero toda prohibición y restricción debe ser puesta en discusión y para Uruguay renunciar a una inversión de miles de millones de dólares de un país de la seriedad de Finlandia, es algo que no puede ser tomado a la ligera.

De modo que acostumbrado a jugar con tribunas en contra, y apostando a la racionalidad, debo contradecir a gente que mucho respeto y de cuyas buenas intenciones no dudo, pero sí creo que bajo determinadas condiciones Uruguay tiene que embarcarse en la profundización de la alianza con Finlandia como país y con UPM como empresa.

En primer lugar, porque quiero un país proinversión. Las inversiones son bienvenidas, salvo que se demuestre su negatividad. Se trata de discutir el cómo, en qué condiciones, con qué restricciones. Pero es obvio que alguien que trae miles de millones de dólares tiene que ser atendido y escuchado.

Argumenté en ese entonces y lo sigo pensando, que el hecho de que el origen sea Finlandia hace más atractiva la inversión. En definitiva, hay que pedirles que sean finlandeses, que traten a nuestros productores como si fueran finlandeses, y a nuestros ríos y arroyos, a nuestra flora y fauna como si fueran los de Finlandia.

Por lo tanto, a mi entender la discusión es sobre las condiciones. No sobre la intención. Y una condición ineludible es que la calidad de aguas del río Negro tiene que llegar a ser perfecta o lo más cercano posible a la perfección. Parte de la contaminación del río seguramente llega desde Brasil, otra tiene origen en agricultura y ganadería, y otra se agregará por la planta. Bueno, yo creo que UPM con finlandés criterio, debe ayudar en un plan integral y con plazos. Y la clave allí creo yo, es justamente la forestación. O mejor dicho la reforestación y la forestación.

En una inversión tan importante, tienen que haber unos millones de dólares para tapizar las riberas del río Negro con pitangas, ceibos, arazáes. Cultivos filtro. Simplemente, al río le llegan demasiado fósforo y nitrógeno.

Otro tema relevante es la vía férrea. ¿Realmente va a servir a la agricultura? ¿Va a llegar hasta Livramento? ¿Va a tener un movimiento significativo de otros rubros y así será una mejora logística apreciable para, por ejemplo, aliviar los costos del sector arrocero? ¿Va a despejar el tránsito actual de camiones en las rutas?

¿Va a ser –al contrario de lo que se planteó en esa reunión– una herramienta para potenciar a las empresas ganaderas? ¿Hay un esquema para diversificar empresas ganaderas? Todo parece dado para ello.

Fui de los escépticos de UPM en el arranque porque parecía un proyecto muy grande para Uruguay, se hablaba de que los árboles desertificarían el territorio. No pasó. Eso no implica dar cheques en blanco, pero sí tener cuidado con críticas que se dan por parte de quienes no tienen la responsabilidad de generar empleo alguno o que dicen que habría que hacer otras cosas pero que no jugarán su tiempo o su dinero por desarrollar esos proyectos alternativos.

Uruguay tiene que ser un país amigable para la inversión global, con cualquier gobierno y las inversiones globales deben venir aquí a mejorar los estándares económicos y ecológicos. Los lagos del río Negro tienen que tener la misma calidad de agua que los lagos de Finlandia. Los centros de enseñanza del centro del país tienen que mostrarnos la sapiencia en educación que Finlandia tiene.

El Uruguay ecológico no va a arraigar desde la oposición a los proyectos, ni a UPM, ni a la ley de riego sino desde la articulación de esos proyectos con mejoras tangibles y permanentes en la calidad de suelos aguas y aire. Los piqueteros de Gualeguaychú ya se han olvidado de sus discursos de catástrofe.

Por otro lado, UPM ha traído oportunidades nuevas a la agricultura a través de cultivos que aquí no se hacían y puede traer otras posibilidades de diversificación para los agricultores uruguayos.

Y un proyecto nunca va a arraigar si apunta a debilitar a otros sectores con un fin político, cuasi partidario. Más inversión y más ecología, la ciencia hoy lo tiene que hacer posible. Y Finlandia seguro es un ejemplo de ello. El requisito es que apliquen lo que ya saben y usan allá, con idéntico rigor aquí. Y que sea una actividad que se preocupe por la sinergia con los rubros históricos de Uruguay, algo que también es técnicamente posible con la ganadería vacuna, puede serlo a través de la logística con la agricultura. Y debería serlo con miel y otros rubros menores en tamaño global, pero de alta capacidad de agregar valor.

Por otra parte, las condiciones laborales que tenga, tienen que también ser idénticas para todos. Y todo debe ser transparente e inodoro como las aguas que bajen al Plata desde el río Negro y Uruguay.

Si es así, con contrapartidas y una actitud de sinergia, deben ser bienvenidas esta y otras inversiones que lleguen a potenciar la oportunidad del Uruguay Natural.


Omar

El fallecimiento de Omar Gutiérrez era previsible. Víctima de su pasión por el cigarrillo, hace años que le había pasado factura. Pero ahora, cuando se llega a lo inexorable, no por ello es menos doloroso.

Él fue un estilo. Cuando apareció en la televisión, pocos creían que podía repetir el éxito que había tenido en la radio. Sin embargo, con su termo, su mate, su cigarrillo, su vestimenta de entre casa, hablando para “el vecino y la vecina” pasó a ser una referencia insoslayable.

Sus audiciones eran la vida cotidiana, la vida misma. Fuera en la música o en el reportaje. Durante años de años participamos en sus programas. No ocultaba sus opiniones, pero respetaba las ajenas y dejaba exponer. Agudo en las preguntas, amable en el modo de conducir la charla, informaba como pocos. Él procuraba que la gente entendiera y que “doña Maria y don José” accedieran a un tema económico trasladado a lenguaje común, sin las ataduras de la academia ni el abstruso peso de los números.

Realmente, se va a extrañar. Su vacío ya se hacía sentir y ahora será definitivo. Pero en la mejor historia de nuestra comunicación allí estará.

J. M. S.


Un gran periodista

A los 69 años, en su plenitud intelectual, falleció Luciano Álvarez, uno de los más versátiles y profundos cultores del oficio de comunicar, difundir y esclarecer, a través del libro o los medios periodísticos. De sólida formación cultural, reunía al mismo tiempo el valor del académico y el del ameno cronista.

En la televisión produjo programas como “Inéditos”, una contribución esencial a la mirada sobre nuestro pasado, a partir del rescate de imágenes antiguas, que rastreó con paciencia. Sus comentarios que contextualizan cada escena, constituyen una visión riquísima de nuestra historia y una invalorable contribución a la cultura de preservación del patrimonio histórico nacional. En esa misma línea se inscribe “Montevideo imaginado”, otra magnífica visión del transcurrir capitalino.

En los últimos tiempos, su columna en “El País” sobre temas históricos constituía un remanso de calidad literaria entre el aluvión de vulgaridades que hoy nos invade desde las redes. Eran estampas de personajes o hechos históricos, mirados desde la clave de un lúcido observador contemporáneo. Algunas de esas crónicas las reunió como libro bajo el título de “Intrigantes, traidores y valientes”, enfocándose en figuras que aparecen como secundarias en los relatos habituales.

En el terreno de la historia deportiva, escribió, junto con Leonardo Haberkorn, una verdadera biblia peñarolense, a la que nos remitimos todos los fieles de esa creencia. Esa “Historia de Peñarol”, que presentara Carlos Maggi en un magnífico acto, ha sido reeditada y enriquecida, constituyendo un acervo que va más allá de la mera recopilación de datos deportivos. En ese ámbito, fue —además— activo dirigente del viejo club aurinegro, desempeñándose incluso como Secretario de su Asamblea Representativa.

Polémica fue su obra sobre el periodista Víctor Hugo Morales (“Relato oculto: la desmemoria de V. H. M”). En ella relató, con documentación fehaciente, el vínculo del periodista con el mundo militar de la dictadura, especialmente en el Batallón Florida, bien contradictorio con su prédica posterior, en que —afiliado al kirchnerismo— se pretendía erigir en campeón de las libertades y juez de sus colegas.

Su trabajo enriqueció al periodismo uruguayo. Profesor de Historia recibido en el Instituto de Profesores Artigas (IPA) y Doctor en Comunicación Social por la Universidad Católica de Lovaina, desde esa sólida formación ejerció también la docencia, contribuyendo a la profesionalización de un periodismo que tenía que luchar con el avance de los nuevos medios.

Honesto e independiente, deja un recuerdo de respeto entre quienes le siguieron en su trabajo, como de afecto entre los muchos que trabajaron con él. Sin duda, se le extrañará.

J. M. S.


Pregúntele a Sanguinetti



Se repite mañana un contacto en vivo con el ex Presidente

Mañana sábado 15 de setiembre desde las 18 horas, el público podrá conocer a través de Facebook las opiniones del ex Presidente Dr. Julio María Sanguinetti a través del link https://www.facebook.com/Batllistas-2112870978989745/


La soledad del poder

Por Julio Aguiar Carrasco

El gobierno se encuentra encerrado y acosado por los fracasos

La entrevista que le realizó El Observador (el periodista Gabriel Pereyra) al Sub-Secretario del Ministerio del Interior, Jorge Vázquez, es muy interesante.

De ella, quiero extraer dos o tres conclusiones que dicen mucho de la que ha sido la gestión del Frente Amplio en el tema de Seguridad.

Como tantos otros frentistas, Vázquez no puede explicar los avances en la lucha contra el crimen porque no las hay: sólo realiza diagnósticos, como si él nunca hubiese estado en el Gobierno.

“Hay más violencia…todo es violencia”, concepto que compartimos. El tema no es el diagnóstico, sino cuales son las razones de esa violencia; y que ha hecho el Ministerio en ese sentido.

¿15 años de bonanza no han servido para encarar el tema de la violencia? ¡Lo digo por el MIDES y todo el discurso de la justicia social!

Vázquez agrega, “la delincuencia tiene cara de pobre y de joven. La que circula y la que se droga... la pobreza, la promiscuidad”.

Esta parte de la declaración es más un reconocimiento al fracaso de las políticas sociales, de una educación que expulsa a los jóvenes por mala, aburrida y obsoleta. Porque esa política social ha tenido como fin el asistencialismo, pero no el camino del esfuerzo y del trabajo: es un gheto de la ministra Arizmendi en beneficio de su partido, y no un trabajo serio que tienda a sacar al joven de la violencia.

Hay violencia en la corruptela, en la mentira, en el dinero dilapidado en la toma de malas decisiones que le han costado al país una verdadera fortuna.

Hay violencia cuando un grupito de profesores impide que se realicen las pruebas Pisa; hay violencia cuando no se construyen viviendas, se empobrece a las Fuerzas Armadas a niveles alarmantes. Hay violencia cuando se ven cada vez más personas durmiendo en las calles. Hay violencia cuando el Frente Amplio no sabe qué hacer con un corrupto como Sendic; la hay con toda la payasada y el circo en torno de PLUNA, que nadie sabe cuánto le costó al país; ASSE, la regasificadora, etc.

Pero también hay violencia cuando hay odio. Y lo hay porque lo han transmitido del abuelo al padre y a los nietos; contando una historia mentirosa sobre Robin Hoods inexistentes. Odio hay cuando se habla con desprecio de las 4x4; de los “oligarcas”, de los pitucos, de los que triunfan en lo suyo y hacen dinero (sin corrupción), cuando se abre una grieta de odio que nos separa y confronta.

“Todo cambia”, según Vázquez. Antes se robaba esto, ahora se roba aquello; ahora es la droga, la maldita droga, el ajuste de cuentas.

¿Cuándo entró la droga? ¿Por dónde entró? ¿Quiénes la bancan? El tema de la territorialidad es conocido. Lo que no se entiende es como se dejaron venir arriba a los narco traficantes. Cómo no se dieron cuenta y comenzaron a tomar medidas radicales para enfrentarlos: y, si lo hicieron, lo mal que actuaron.

¿No sabían por medios argentinos que la droga pasaba por el Uruguay? Salió en el canal TN argentino: obviamente no era un secreto de Estado. ¡Lo que pasa en la Argentina, se repetirá en cantidades más pequeñas, en el Uruguay!

Es una ley rioplatense que se repite desde la época de la Colonia.

La investigación de la ruta del dinero K en la Argentina, ha demostrado que las fronteras uruguayas son un colador. Por allí entra todo cuando quiere y como quiere. ¡Estamos regalados!

Según Vázquez, lo que se ha hecho permitirá de futuro dar los pasos necesarios para confrontar a la delincuencia.

No es lo que ha dicho el Director Nacional de Policía: “El gobierno está muy compartimentado. La Policía no accede a determinada información que tiene el MIDES porque dicen que es reservada¨(sic)... “el Policía está confundido porque sabe que debe enfrentar esto (la ola de crímenes), pero no puede pararlo”. Es decir, están preparados para otro panorama, no el que se vive actualmente.

La fragmentación social que hay en barrios en donde el narco se ha hecho fuerza, es brutal. Señal inequívoca del fracaso del MIDES y de las políticas aplicadas.

Vázquez se queja de su hermano el Presidente, porque los “dejó solos”. Un reconocimiento tácito de la falta de autoridad que hay en el Ministerio del Interior: una conducta presidencial carente de carácter.

Con un ministro que no da pie en bola y un Presidente ausente, ¿qué ejemplo es ese de autoridad para los policías que deben jugarse la vida en cada situación?

Un líder construye su autoridad con el ejemplo. Lo que hace el presidente dejando que el ministerio banque todo solo, es lamentable. Porque la ineficacia y la mediocridad de éste, cae sobre toda la población: Juan Pueblo, los ciudadanos de a pie, pagan las consecuencias de tamaña irresponsabilidad.

¡Y la paga el policía también que en su soledad, sin respaldo, lleva adelante una lucha desigual!


La generación del 80 y la historia reciente

Organizada por la Coordinadora de la Juventud del Partido Colorado, se realizará el jueves 20 de setiembre a las 19 horas –en la sede partidaria de Martínez Trueba 1271– una mesa redonda sobre La juventud del 80 y la lucha contra la dictadura, con intervenciones de Luis Hierro López, Ope Pasquet y Manuel Flores Silva, quienes tuvieron activa participación en el plebiscito de 1980. La entrada es libre a todo público.


¡FA! Parece que fue ayer...

Por Consuelo Pérez

El Frente Amplio hace programas para 2020 como si nunca hubiera gobernado.

Ricardo Ehrlich, en su carácter de Presidente de la Comisión Nacional de Programa del Frente Amplio, presentó recientemente la propuesta de las “Bases Programáticas de Gobierno para el período 2020-2025”, para su análisis y discusión en la llamada “Fuerza Política” con vistas a su consideración en el Congreso de diciembre próximo de la misma.

Por supuesto que el tema es un asunto que atañe a quienes profesan esa fe, pero no pudimos dejar de asombrarnos cuando desprevenidamente hojeamos el extenso documento, que llevaría muchas horas leer apresuradamente.

En estos días en que los acontecimientos transcurren con una vorágine impensada décadas atrás, no sólo por los cambios tecnológicos, sino por la movilidad social en todos sus aspectos, es admirable apreciar cómo el mencionado documento perfectamente podría haber sido escrito cuarenta años antes por la misma “fuerza política”, y no lo decimos por premonitorio, sino porque dice casi lo mismo que en ese entonces. Con el aditamento de estar sus responsables (sic) en el tercer periodo de gobierno consecutivo.

Dice por ejemplo que “es estratégica la implementación de políticas específicas dirigidas a la infancia y la adolescencia que brinden protección y oportunidades sociales”, cuando el número de adolescentes desocupados hoy –los ni ni– llenaría más de una vez el Estadio Centenario.

Dice por ahí que “La creciente exclusión a nivel global de millones de personas de un bienestar mínimo, los recortes de derechos en sociedades con sistemas democráticos de larga data, la abrumadora concentración de la riqueza mundial en pocas manos, la influencia de este poder económico en las principales decisiones, la creciente apatía social y política de las poblaciones en amplios espacios del planeta, ponen en cuestión los fundamentos actuales de la democracia”. Sencillamente fantástico: descubrir hoy algo que escuchábamos en los sesenta, y que se supone empezaron a resolver, y resolvieron, desde el primer día de la asunción al poder!

Es otro indeseado e inquietante viaje a los sesenta la afirmación “La Defensa Nacional se debe basar en la concepción y en los valores artiguistas de la autoridad emanada del pueblo, lo que nos debe impulsar a elaborar una nueva doctrina en materia de Defensa Nacional, que destierre definitivamente, la Doctrina de Seguridad Nacional importada, cuya esencia era buscar al enemigo en el interior de sus pueblos, para defender los intereses imperiales y de las oligarquías locales”.

Habiendo fracasado rotundamente la promesa electoral de Vázquez con relación a abatir en su mandato la criminalidad y violencia, las que se han multiplicado, propone sin empacho la “Reducción de los niveles de violencia en la sociedad, creando en la órbita del Poder Ejecutivo un espacio institucional capaz de desarrollar políticas públicas destinadas a reducir la violencia, aumentando los niveles de convivencia”, sin advertir ni asumir dicho fracaso.

Por supuesto que, ignorando la voluntad popular ya expresada, insiste en que “Se propone priorizar la instrumentación del voto de los uruguayos desde el exterior con vistas a que se ejercite la misma para el período de elecciones a iniciarse en 2024”.

Demás está decir que se promete -otra vez- priorizar la educación, la construcción de viviendas, la salud. Pero repetimos, no es nuestro interés transitar por un documento ajeno a nuestras convicciones, sino recomendarlo al amable lector como una obra maestra de la literatura atemporal, que no se deja influenciar por una realidad que lo desacredita -lo que lo hace parecer erróneo en su fecha- como si no se hubiese tenido oportunidad, en tres periodos, de avanzar en su reiterada propuesta, a esta altura digna de un Ray Bradbury.

Pero algo es cierto, es más fácil engañar a alguien, que demostrarle que ha sido engañado.


Facultad de Ciencias Sociales ¿educación o refugio?

Por Jorge Ciasullo

La insólita situación que, desde hace meses, está ocurriendo en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, debe ser solucionada a la mayor brevedad. Su dilación debida a posiciones divergentes en el Consejo de la misma, no admite prorrogar una situación absolutamente irregular, que afecta el normal desarrollo de sus cometidos

Desde el pasado mes de mayo la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, vive o sufre una situación absolutamente insólita. El 4 del mencionado mes, los funcionarios elevaron al Consejo de la Facultad un informe en el cual establecían que el normal funcionamiento de la misma, se estaba viendo afectado por la asistencia diaria, de entre 80 y 100 personas, ajenas al centro de estudios, que hacían uso de sus instalaciones. En particular se veía afectada de la sala de informática, donde el 85% de los usuarios no era ni estudiantes ni funcionarios de la Facultad.

Se comprobó, mediante una encuesta realizada a los usuarios de la sala de informática, que la mayoría eran personas en situación de calle, algunos, los menos, según declararon, vivían en pensiones y otros en refugios.

Esas personas protagonizaron diversos incidentes, como acoso a profesoras y estudiantes, robos y peleas entre ellos (por un partido de ping pon).

El Centro de Estudiantes, ante la mencionada denuncia, se pronunció en el sentido que no se tomara ninguna medida por el momento y que las que se tomen, sean de carácter inclusivo ya que “se trata de un segmento de la sociedad históricamente excluido”.

Por su parte el Rector de la Udelar, declaró: “Los locales universitarios son locales de estudio y las computadoras están para que las utilicen los docentes o los estudiantes”.

A su vez, el decano de la Facultad Diego Piñeiro, sostuvo en diversas entrevistas que “es necesario hacer lo mismo que se enseña”. Por tanto, propuso, aprovechar la presencia de personas en situaciones de calle para “el estudio académico y la intervención práctica”

“Son personas, merecen una respuesta por parte de la sociedad. Todos somos responsables de lo que está pasando y queremos aportar una solución", dijo el Decano, quien reconoció que la situación se vio agravada en los últimos dos meses y medio (El país 21 de junio).

Finalmente, en el mes de agosto se creó un grupo de trabajo sobre “población externa”, en el que participo el Decano Piñeiro, que elaboró un proyecto de 12 puntos, que planteaba la reapertura de la sala de informática. Proyecto que sería aprobado por mayoría, por los votos de estudiantes y egresados. Coincidiendo su aprobación y aplicación con la licencia el Decano, correspondía asumir el decanato al consejero Caetano, quien anunció que no asumiría porque no estaban dadas las condiciones, a la que se sumaron otros docentes grado 5.

Ante esta situación no se sometió a votación la propuesta (que contaba con mayoría) nombrando una comisión con representación de los tres órdenes para buscar una propuesta alternativa a definir en octubre. Mientras tanto la sala de informática permanecerá cerrada.

Creemos que, como nosotros, al ciudadano común le costará comprender esta situación.

Se puede tratar de asimilar la posición “romántica” del Centro de Estudiantes, a cuyos integrantes, tal vez, se les podría hacer ver que la facultad tiene un objetivo único y excluyente, educar. Para esos efectos, la ciudadanía, que paga los impuestos, le otorga fondos que deben ser administrados, bien administrados, por todas las autoridades de la educación, en particular, en este caso, por el Rector de la Udelar y por el Decano de la Facultad. Esos fondos, se destinan, aunque sea en mínima parte a la sala de informática, para uso exclusivo de estudiantes y profesores. No deben olvidar los integrantes del Centro de Estudiantes, que muchos de sus compañeros, no disponen de medios y hasta del tiempo que les significaría trasladarse a sus casas o a otro lugar a investigar o preparar sus trabajos, para ellos, la sala de informática es indispensable. Bajo esa aureola “romántica” como afirmamos, se puede entender la posición de los estudiantes, pero la del Decano Piñeiro sólo se comprende bajo la óptica de no chocar con el Centro Estudiantil.

Olvida tal vez el Decano Piñeiro, que esa desviación de recursos, que es el entender como Facultad de puertas abiertas, el permitir el uso y abuso de sus instalaciones –salas, biblioteca, baños, porqué no aulas– son de uso público irrestricto, puede significar malversación de fondos públicos.

Por otra parte, también mediante impuestos, se otorgan fondos a centros especializados para atender la población vulnerable, en situación de calle etc.

En una palabra, otorgar refugio no es y no puede ser el objetivo de la Facultad, todo lo que se haga o se innove está en contra de esos objetivos y no debe ser tolerado.

Como ejemplo burdo es lo mismo que si por un problema en la cosecha de arroz, los cultivadores ocuparan la Facultad de Agronomía exigiendo soluciones.

Seguramente esa actitud sería calificada de fuera de lugar y ridícula. Entonces ésta: ¿Cómo la catalogamos?


Abanderados...

Por Alfredo Menini

Las bases de convivencia democrática y de construcción de prosperidad incluyen necesariamente el reconocimiento del mérito.

Desde siempre el Uruguay tuvo como mejor carta de presentación la educacion de su gente. Ese privilegio fue fruto de una política de Estado a la que se le podría poner como base fundamental la Reforma Vareliana.

Siempre destaco que admiro profundamente a los intelectuales de esos tiempos, quienes lograron incorporar al Uruguay tanto conocimiento cuando adquirirlo implicaba frecuentemente días de viajes en barco, sin medios de comunicación como los actuales. Evidentemente, la carencia de otros medios a su alcance les obligaba a una autoexigencia mayor , a la que le sumaban un talento natural, logrando aportar obras de provecho para la República.

Cuando vemos la moña azul en la túnica, esa misma moña que algunos andan por ahí queriendo eliminar, no vemos simplemente un trazo de tela en forma de moña, vemos reflejada en ella los valores mas probos que nos han acompañado desde siempre a los uruguayos. Esa moña azul es el mejor símbolo de nuestra educación pública, laica, gratuita y obligatoria. Con el paso del tiempo fueron pasando de generación en generación miles y miles de niños por las aulas de nuestras escuelas públicas, incorporando esos valores tan preciados y de ellas han salido hombres que han tenido el honor, por el veredicto de las urnas, de llegar a la Presidencia de la República, propiciando la filosofía de la reforma de Jose Pedro Varela, que la escuela se abra para la convivencia natural sin distinción de raza, religión o condición social, teniendo como máxima que solo se distingan los uruguayos por sus talentos y virtudes, tal como lo expresa la Constitución de la República.

Talentos y virtudes, son dos elementos fundamentales para poder construir una sociedad justa y también para que en la escuela, en el marco de las naturales diferencias existentes entre el alumnado , se destaque a algunos en particular.     En ese sentido, siempre recordaremos por diferentes motivos a varios compañeros: a algunos por su bonhomía, a otros por su simpatía, a otros por su popularidad, a otros por su aplicación y en algunos casos —lógicamente— se combinaban algunas de esas características. Sin embargo, al momento de evaluar quiénes serían los portadores y escoltas de la bandera Nacional , la de Artigas y la de los Treinta y Tres Orientales, a nadie se le hubiera ocurrido que los premiados con ese honor no fueran los más aplicados y por una sencilla razón: que un pilar fundamental de la democracia es darle el lugar justo a la meritocracia, elemento que por lo general es dejado de lado por los gobiernos autoritarios que, como primer medida para lograr sus objetivos, encarcelan a la educación.

Tristemente, todos sabemos que hay intentos porque esta tradicion histórica sea modificada y que el abanderado —mas allá de su calificación académica— sea el más popular, haciendo una falsa y equivocada interpretación de democracia. La popularidad entre los compañeros es, sin duda, un elemento que enriquece a una persona, pero en esa etapa de la vida es esencial el inculcar al niño que para llegar al objetivo mayor se debe recorrer el camino con aplicación, ya que precisamente el que las escuelas públicas den inicio a la formación lectiva con exigencia curricular será —además de la enseñanza insustituible del hogar— el primer paso para combatir, entre otras cosas, la inseguridad.

Espero, ruego, que respeten estas tradiciones, que han sido pilares en la construcción de nuestra nacionalidad.


Validez de las fuentes anónimas en el periodismo

El texto anónimo publicado contra Trump en el New York Times, escrito por “un miembro de la resistencia dentro del gobierno”, ha revivido la discusión en torno a las fuentes anónimas en el periodismo. Ese debate debe darse de cara a los lectores, según la opinión de la politóloga Cynthia Ramírez que acá compartimos

Con la reciente publicación de un editorial anónimo en el New York Times, el antiguo caso de Jayson Blair salió del olvido: Blair era un sagaz reportero que, pese a lo dudoso de sus fuentes hizo una breve (duró cuatro años) pero prolífica carrera en el Times, que le valió una primera plana en 2002, con una “exclusiva” en la que reportaba que el fiscal general de Estados Unidos había obligado a los investigadores a detener el interrogatorio de John Muhammad, acusado de múltiples asesinatos, cuando estaba a punto para confesar. Blair atribuyó la información a cinco fuentes policiales anónimas.

Menos de un año después, el mismo NYT publicaría un extenso reporte señalando que Blair había cometido diversos actos de fraude periodístico: inventó testimonio y escenas, cribó material de otros medios y seleccionó detalles para dar la impresión de que realmente había estado en la zona de la noticia y entrevistado a alguno de los involucrados. Blair renunció al diario y el diario neoyorkino aprendió su lección, como señala Clark Hoyt, quien en ese entonces era el “public editor”. El Times reforzó sus estándares en 2004. Bill Keller, el editor ejecutivo, y Allan Siegal, entonces editor de normas periodísticas, escribieron una declaración de principios que decía: “Nos resistimos a otorgar anonimato a nuestras fuentes, excepto cuando es el último y único recurso para obtener información que creemos es de interés periodístico y confiable”. Y hace algunos meses, como parte de una serie de breves textos en los que explican algunas de sus prácticas periodísticas, refrendaban que: “Nos damos cuenta de que muchos lectores son escépticos sobre la credibilidad y la motivación de fuentes anónimas; algunos incluso cuestionan si las fuentes existen. Tenemos reglas y procedimientos para intentar abordar esas preocupaciones.

Además del reportero, al menos un editor debe conocer la identidad de la fuente. El uso de fuentes anónimas en cualquier historia debe ser aprobado por un editor de alto rango, generalmente un jefe de departamento como el editor internacional o el jefe de la oficina de Washington, o sus adjuntos. [...] Entendemos la cautela de los lectores, pero muchas historias importantes en áreas sensibles como política, seguridad nacional y empresas nunca podrían denunciarse si prohibimos las fuentes anónimas, porque estas suelen temer por sus trabajos o relaciones comerciales, a veces incluso por su seguridad”.

Las confesiones del miembro anónimo de “la resistencia” que trabaja en la administración de Trump ha generado respuestas obvias e inmediatas por parte del tuitero más irascible de ese gobierno.

Pero más interesante es que el texto ha puesto otra vez en el centro en la discusión, el papel que juegan las fuentes anónimas en el periodismo. La decisión de usarlas o no es una respuesta llena de matices y preguntas por resolver: ¿cómo obtuvo esa fuente la información? ¿Qué lo motiva a compartirla? ¿Ha sido confiable en el pasado? ¿Hay formas de corroborar la información? En la medida en que los medios de comunicación den este debate de cara a sus lectores, el riesgo de idealizarlas (no todos van a ser “garganta profunda”) o satanizarlas será menor.


La columna que enfureció a Trump

La columna de un alto funcionario del gobierno contra Trump, que enfureció al presidente norteamericano, da lugar a muchos comentarios. Publicamos en otra nota una interpretación sobre la validez de las fuentes anónimas en el periodismo. Pero nos parece adecuado dar lugar al texto en sí mismo, editado con este copete: The New York Times tomó la decisión inusual de publicar una columna de opinión anónima. Lo hicimos así a petición del autor, un funcionario de alto rango en el gobierno de Donald Trump cuya identidad conocemos y cuyo empleo estaría en riesgo por divulgar su nombre. Creemos que publicar este ensayo sin firma es la única manera de ofrecer una perspectiva importante a nuestros lectores.

El presidente Trump enfrenta un desafío a su mandato como el que ningún otro líder estadounidense moderno ha enfrentado.

No se trata solamente del alcance que la investigación del fiscal especial pueda tener. O que el país esté terriblemente dividido sobre el liderazgo de Trump; ni siquiera que su partido pueda perder la Cámara de Representantes ante una oposición empeñada en derrocarlo.

El dilema —que él no comprende del todo— es que muchos de los funcionarios de alto rango en su propio gobierno trabajan con diligencia desde dentro para frenar partes de su programa político y sus peores inclinaciones.

Lo sé bien, pues yo soy uno de ellos.

Para ser claros, la nuestra no es una “resistencia” popular de izquierda. Queremos que el gobierno tenga éxito y pensamos que muchas de sus políticas ya han convertido a Estados Unidos en un país más seguro y más próspero.

No obstante, creemos que nuestro deber primordial es con este país, y el presidente sigue actuando de una manera que es perjudicial para el bienestar de nuestra república.

Es por eso que muchos de los funcionarios que fuimos designados por Trump nos hemos comprometido a hacer lo que esté a nuestro alcance para preservar nuestras instituciones democráticas y, al mismo tiempo, contrarrestar sus impulsos más equivocados hasta que deje el cargo.

La raíz del problema es la falta de moral del presidente. Cualquier persona que trabaje con él sabe que no está anclado a ningún principio básico discernible que guíe la forma en que toma decisiones.

Aunque fue electo como republicano, el presidente muestra poca afinidad hacia los ideales adoptados desde hace mucho tiempo por los conservadores: libertad de pensamiento, libertad de mercado y personas libres. En el mejor de los casos, ha invocado esos ideales en ambientes controlados; en el peor, los ha atacado directamente.

Además de la mercadotecnia masiva que hace a la noción de que la prensa es el “enemigo del pueblo”, los impulsos del presidente Trump generalmente están en contra del comercio y de la democracia.

No me malinterpreten. Hay puntos brillantes que la casi incesante cobertura negativa del gobierno no ha captado: desregulación efectiva, una reforma fiscal histórica, un Ejército fortalecido, entre otros.

Pero estos éxitos han llegado a pesar del —y no gracias al— estilo de liderazgo del presidente, que es irreflexivo, conflictivo, mezquino e ineficaz.

Desde la Casa Blanca hasta los departamentos y las agencias del poder ejecutivo, los funcionarios de alto rango admitirán en privado su desconfianza diaria ante los comentarios y las acciones del comandante jefe. La mayoría está trabajando para aislar sus impulsos de sus caprichos.

Las reuniones con él se descarrilan y se salen del tema, él se involucra en diatribas repetitivas y su impulsividad deriva en decisiones a medias, mal informadas y en ocasiones imprudentes, de las que posteriormente se tiene que retractar.

“En verdad no hay manera de saber si cambiará de opinión de un minuto a otro”, se quejó hace poco ante mí un alto funcionario, exasperado por una reunión en el Despacho Oval en la que el presidente realizó cambios en una importante decisión política que había tomado solo una semana antes.

La conducta errática sería más preocupante de no ser por los héroes anónimos en y alrededor de la Casa Blanca. Algunos de sus asistentes han sido tildados como villanos por los medios, pero, en privado, han hecho grandes esfuerzos para contener las malas decisiones en el Ala Oeste, aunque claramente no siempre tienen éxito.

Puede ser un consuelo escaso en esta era caótica, pero los estadounidenses deberían saber que hay adultos que se hacen cargo. Reconocemos plenamente lo que está ocurriendo y tratamos de hacer lo correcto incluso cuando Donald Trump no lo hace.

El resultado es una presidencia de dos vías.

Por ejemplo, la política exterior. En público y en privado, el presidente Trump exhibe una preferencia por los autócratas y dictadores, como el presidente ruso, Vladimir Putin, y el líder norcoreano Kim Jong-un, y muestra poco aprecio por los lazos que nos unen con naciones aliadas que tienen una forma similar de pensamiento.

Sin embargo, quienes son observadores han notado que el resto del gobierno opera por otro camino, uno en el que países como Rusia son denunciados por su injerencia y son sancionados apropiadamente, y en el que los aliados alrededor del mundo son considerados como iguales, no ridiculizados como rivales.

Por ejemplo, sobre Rusia, el presidente se mostró reacio a expulsar a muchos de los espías de Putin como castigo por el envenenamiento de un exespía ruso en el Reino Unido. Se quejó durante semanas de que altos miembros del gabinete lo dejaban atrapado en más confrontaciones con Rusia y expresó frustración por el hecho de que Estados Unidos continuara imponiendo sanciones a ese país por su comportamiento maligno. Sin embargo, su equipo de seguridad nacional tenía motivos para hacerlo; dichas acciones tenían que ser tomadas, para obligar a Moscú a rendir cuentas.

Esto no es obra del llamado Estado profundo (deep state), una teoría de conspiración que afirma que existen instituciones dentro del gobierno que permanecen en el poder de manera permanente; es la obra de un Estado estable.

Dada la inestabilidad de la que muchos han sido testigos, hubo rumores dentro del gabinete sobre invocar la Enmienda 25, la que daría inicio a un complejo proceso para destituir al presidente. Sin embargo, nadie quiso precipitar una crisis constitucional. Así que haremos lo que podamos para dirigir el rumbo del gobierno en la dirección correcta hasta que —de una manera u otra— llegue a su fin.

La mayor preocupación no es lo que Trump ha hecho a la figura presidencial, sino lo que nosotros como nación hemos permitido que nos haga. Nos hemos hundido con él y hemos permitido que nuestro discurso fuera despojado de la civilidad.

El senador John McCain lo dijo de la mejor manera en su carta de despedida. Todos los estadounidenses deberían prestar atención a sus palabras y liberarse de la trampa del tribalismo, con el objetivo mayor de unirnos a través de nuestros valores compartidos y del amor a esta gran nación.

El senador McCain ya no está con nosotros, pero siempre contaremos con su ejemplo: un faro que nos guía para restaurar el orgullo en la vida pública y en nuestro diálogo nacional. Trump puede temer a los hombres dignos, pero nosotros debemos venerarlos.

Hay una resistencia silenciosa dentro del gobierno compuesta por personas que han decidido poner al país antes que todo. Aunque la diferencia real la harán los ciudadanos comunes que se pongan por encima de la política, quienes se unan con los adversarios y decidan eliminar las etiquetas para portar una sola: la de estadounidenses.


Liberalismo vrs. populismo

La contraposición entre liberalismo y populismo es demasiado simplista. Para criticar con tino, los liberales deben reconocer la diversidad de su propia tradición y encarar los saldos negativos de sus gobiernos, sostienen analistas de Letras Libres, en referencia a la situación mexicana, pero con alcance general

Se ha repetido hasta la saciedad que la victoria de Andrés Manuel López Obrador significa el triunfo del populismo sobre el liberalismo. Es un recurso fácil y contundente. Efectista. Una forma sintética de plantear un contraste entre dos alternativas claras y distinguibles. Antagónicas. Los liberales identifican al populismo como una abrupta subversión de la democracia, un rechazo generalizado de las normas e instituciones establecidas, como expresión inequívoca de una voluntad no de reforma sino de revancha. Y los populistas conciben al liberalismo como un manso consentimiento de los déficits democráticos del régimen en turno, una resignada defensa del statu quo, como la obstinada reiteración no de una preferencia sino de una cerrazón ante cualquier alternativa.

En México, donde la democracia no trajo tanto una renovación como un mayor desprestigio de la clase política, y donde la desigualdad socioeconómica se ha convertido en un eje perfectamente naturalizado que vertebra de cabo a rabo la vida pública, ese contraste no es inocente. Al contrario, se basa en dos representaciones muy poderosas que dotan de significado a la lucha por el poder, que le ponen nombres a lo que pareciera configurarse como una disputa entre la ruptura y la continuidad. Porque para muchos de quienes se identifican con el bando liberal el ascenso del populismo implica inestabilidad, riesgo, amenaza. Y para muchos de quienes se reconocen en el polo populista la tradición del liberalismo no es más que persistencia, preservación, inmovilismo.

Con todo, el atractivo de ambos términos le debe más a su utilidad como epítetos que como explicaciones. Su éxito es consecuencia de su capacidad no tanto para hacer inteligibles las complejidades del presente sino para reducirlas a dos estereotipos muy certeros, a dos armas arrojadizas, en la lucha política y el comentario mediático. Sin embargo, más allá de ese abuso que abrevia más de lo que aclara, como categorías analíticas populismo y liberalismo exigen más mati- ces y contextualización. Tienen una densidad histórica y filosófica que es preciso recuperar como antídoto, justamente, contra esa burda caricaturización de la que han sido objeto. No es lo mismo el populismo agrario del People’s Party en Estados Unidos o el de los narodniki en Rusia a fines del siglo XIX que el populismo clásico de Lázaro Cárdenas en México, de Getúlio Vargas en Brasil o Juan Domingo Perón en Argentina entre los años treinta y los cincuenta; que el populismo de la nueva derecha estadounidense a partir de la década de 1960; que el populismo neoliberal de Fernando Collor de Mello, de Carlos Saúl Menem o Alberto Fujimori en Brasil, Argentina y Perú durante los noventa; que el populismo bolivariano en la Venezuela de principios del siglo XXI; que el populismo progresista contemporáneo de Podemos en España, de Bernie Sanders en Estados Unidos o de Jeremy Corbyn en Inglaterra; que el populismo xenófobo también contemporáneo de Geert Wilders en los Países Bajos, de los hermanos Kaczy?ski en Polonia o Viktor Orbán en Hungría. Y tampoco son iguales el liberalismo doctrinario de François Guizot, el liberalismo aristocrático de Alexis de Tocqueville o el liberalismo antitotalitario de Raymond Aron en Francia; el liberalismo clásico de Adam Smith, el liberalismo utilitario de John Stuart Mill, el liberalismo conservador de Michael Oakeshott o el liberalismo pluralista de Isaiah Berlin en Inglaterra; el liberalismo criollo de José María Luis Mora, el liberalismo radical de Ignacio Ramírez, el liberalismo positivista de Justo Sierra o Emilio Rabasa, o el liberalismo “de museo” de Daniel Cosío Villegas; el liberalismo progresista de John Dewey, el neoliberalismo de Milton Friedman, el liberalismo anarquista de Robert Nozick o el liberalismo igualitario de John Rawls o Ronald Dworkin en Estados Unidos; el preliberalismo de Gaspar Melchor de Jovellanos, el liberalismo anticlerical de José María Blanco White o el liberalismo de las “minorías excelentes” de José Ortega y Gasset en España. Ni el populismo ni el liberalismo existen en estado puro, ambos remiten a experiencias muy heterogéneas, con múltiples variaciones entre distintos sitios y momentos. Son términos que requieren, en suma, adjetivos. Entonces, ¿de qué tipo de liberalismo y populismo hablamos actualmente en México?

Riesgos del gradualismo

De entrada, el horizonte histórico sobre el que se despliega ese antagonismo es la crisis del régimen en el que desembocó la transición. Un régimen que asumió la democracia en su definición más mínima, menos ambiciosa, como una cuestión no tanto de compromisos sustantivos como de procedimientos institucionales, más orientada a pregonar el cambio de reglas que a procurar resultados. Un régimen cuyo lenguaje normativo fue el del liberalismo de los años noventa (1989-2001), es decir, el de la posguerra fría, el “fin de la historia”, el “consenso de Washington”: mercados, libertades, instituciones, Estado de derecho, competencia, meritocracia, pesos y contrapesos. Pero un régimen que en su desempeño efectivo, al margen de su inspiración o sus aspiraciones, fue de un liberalismo muy modesto, casi diríamos epidérmico. Porque los niveles de pobreza, exclusión, violencia, desigualdad, discriminación, corrupción e impunidad que toleró y engendró minaron cualquier posibilidad de un orden liberal mínimamente funcional. (Y sus éxitos relativos, como la estabilidad económica, la transparencia o la integración comercial no anulan estos problemas, si acaso los vuelven aún más graves.) La respuesta de ese liberalismo era casi siempre la misma: erradicar el atraso lleva tiempo, hay problemas pero vamos poco a poco, las cosas no cambian de la noche a la mañana. Casi tres décadas después de seguir pidiendo paciencia dicho gradualismo ha quedado en bancarrota. Quizás haya algo de cierto –un poco solamente– en lo que todavía aducen algunos defensores de esa visión liberal: que muchas de sus propuestas se implantaron mal o solo a medias –por las inercias históricas, la captura institucional de los poderes fácticos o la cultura política– y por tanto atribuir todos los malos resultados al liberalismo es injusto. Con todo, más allá de esas u otras racionalizaciones, como se decía antes del socialismo soviético, ese fue el consenso liberal realmente existente. Un liberalismo condescendiente, encogido, rutinario, que se volvió más ideología del statu quo que conciencia crítica del mismo, y al que le bastaba apelar a recetas de manual o argumentos de autoridad para no habérselas en serio con todo lo que quedó a deber. No deja de ser paradójico que un régimen tan deficitario en términos liberales haya acabado representando el descrédito del liberalismo antes que inspirando una severa y renovada crítica, o mejor dicho autocrítica, desde alguna otra rama de la propia tradición liberal.

La crítica populista, por su parte, se gestó en la provincia de la oposición al régimen de la transición. Esto es, sin tener que hacerse cargo de las responsabilidades, los retos y las restricciones de gobernar. Por lo mismo, el significado de su triunfo aún es, en buena medida, incierto. Las comparaciones con otros líderes se siguen acumulando, las especulaciones abundan, pero bien a bien no sabemos qué tipo de populista será Andrés Manuel López Obrador como presidente. Sabemos que, al margen de la acepción derogatoria o estigmatizante con la que frecuentemente se utiliza el término, López Obrador ha encabezado una oposición de corte populista que encuadra la política en función no del conflicto entre una pluralidad legítima de grupos, valores e intereses sino de una contraposición moral entre un pueblo bueno, que hace las veces de significante vacío (según la expresión de Ernesto Laclau) y permite apelar a distintas audiencias para movilizarlas en torno a una serie de agravios que las identifican, y una élite corrompida (en sus palabras “mafia del poder” o “minoría rapaz”) que atenta en contra del interés colectivo que su liderazgo busca articular. Pero sabemos también que López Obrador ha sido un político realista. Con todo y sus fobias e idiosincrasias, como jefe de Gobierno capitalino fue un funcionario sensato, razonable, capaz de trabajar lo mismo con Vicente Fox que con Carlos Slim. Su liderazgo se afianza precisamente en esa capacidad de manejar ambigüedades. A pesar de no encarar la crítica con serenidad ni de ser particularmente dialogante, ha sabido sumar a su movimiento figuras de muy distintos perfiles y convicciones. Juega la carta del outsider antisistema aunque siempre ha jugado dentro del sistema mismo. Ha sido crítico de los efectos de la globalización pero no es enemigo del libre comercio. Es antineoliberal pero no anticapitalista. Es nacionalista pero no antiestadounidense. Busca instaurar una política social mucho más ambiciosa pero sin aumentar impuestos (santo y seña de los gobiernos de izquierda) o deuda (como haría todo populista según el viejo libreto del Banco Mundial). Quiere una mejor redistribución de la riqueza pero sin trastocar los derechos de propiedad. En suma, el suyo parece un populismo más terrenal que teórico, más estratégico que ideológico, más retórico que utópico, más pragmático que radical.

Sin embargo, a pesar de la incertidumbre que predomina respecto a su futuro y de las ambigüedades que lo caracterizan, el populismo lopezobradorista sigue siendo retratado desde la crisis del liberalismo de la transición con pinceladas que dicen más de las manos liberales que las trazan que del fenómeno por el que una amplia mayoría de los mexicanos se decantó en las urnas el pasado 1 de julio. Más que un retrato preciso del populismo, la representación liberal de ese fenómeno ha producido un autorretrato involuntario que no favorece mucho al liberalismo, y que acaso hasta lo desfigura.

Y no es que esos desfiguros sean atribuibles a malos críticos. Se aprecian incluso en sus voces más refinadas, en sus mejores plumas, que imaginan al peligro populista abalanzándose sobre las instituciones, los derechos y los principios del ordenamiento político. En el plano de las instituciones, el pánico liberal aborrece la posible reconstitución “absolutista” del poder ejecutivo: que la presidencia de López Obrador devenga “una monarquía” (Enrique Krauze) que gobierne por encima de las instituciones de la democracia liberal. El relato liberal de la transición mexicana se gestó contra el trasfondo de un régimen autoritario, presidencialista y de partido hegemónico. Esas características del que hizo las veces de su “antiguo régimen” dejaron una profunda impronta en las premisas y los supuestos sobre los que se fue asentando nuestra idea de la democracia. Una idea cuya extrema vocación pluralista terminó traducida en una suerte de alergia contra las mayorías absolutas, que eran vistas con recelo y casi como antidemocráticas –no es casual que hayamos acuñado el verbo “mayoritear” para denunciar a las mayorías que se comportan como tales–. Una idea, en consecuencia, que asimiló los gobiernos divididos –en los que el partido del presidente no tiene mayorías absolutas en el Congreso– como el fruto natural e inevitable que producía, que debía producir, la libre voluntad de los electores. Y una idea de la democracia, por último, muy atrincherada en la sospecha contra el poder ejecutivo, en la que la presidencia fuerte era el obstáculo a vencer.
En cualquier caso, aunque sea producto de la libre voluntad ciudadana, aun y cuando lejos de representar una amenaza contra la democracia sea una soberana ratificación de la misma, el resultado de las elecciones del 1 de julio pasado ha hecho sonar las alarmas liberales en tanto que contradice la idea democrática que nos heredó la transición: que para ser democrático el mexicano tenía que ser un régimen sin mayorías absolutas, de gobierno dividido y presidente débil.

Se acusa, en esta tesitura, que la contundente victoria del lopezobradorismo pone en riesgo el esquema de pesos y contrapesos –la consagración del espíritu liberal en las instituciones políticas–, aunque dicho esquema dependa no de una composición predeterminada de mayorías y minorías sino de la distribución de facultades entre distintos poderes. Que su coalición podrá impulsar una agenda de reformas sin tener que negociar con otras fuerzas, cuando ello es producto no de un constructo institucional, de una componenda entre líderes sin representación o de una imposición antidemocrática, sino exactamente por lo que ha optado el electorado. O que la acumulación de tanto poder tiene implicaciones profundamente autoritarias, aun y cuando tal escenario es el reflejo de un procedimiento que se ajustó, en fondo y forma, a los rigores del método democrático. ¿O es que si las elecciones producen gobiernos divididos son democráticas, pero no lo son si producen gobiernos de mayoría? Eso, más que una apología de las instituciones liberales, constituye una afrenta a la democracia.

Mención aparte merece el giro de quienes llevaban más de una década señalando que la falta de mayorías, los gobiernos divididos y la presidencia débil eran uno de los flancos vulnerables de la joven democracia mexicana; pero ahora que Andrés Manuel López Obrador ganó por mayoría absoluta y que su coalición tiene mayorías legislativas interpretan que los electores decidieron darle “un adiós democrático a la democracia” (Héctor Aguilar Camín) –cuando ese adiós es mucho más susceptible de ser interpretado, en todo caso, como un adiós democrático al liberalismo de la transición.

El miedo a la capacidad destructiva del ogro populista no solo se trasluce en el temor al socavamiento de las instituciones políticas. También están bajo amenaza derechos y principios liberales. En “Sobre un volcán” (Nexos, junio de 2018), Jesús Silva-Herzog Márquez anunciaba que el arribo de Morena y su líder al poder abriría una fisura en el frágil piso del “consenso liberal” que había venido solidificándose con trabajos durante las últimas décadas. La legitimación liberal va a desmoronarse después de la erupción, sentenciaba, para que tome su lugar otro repertorio de justificaciones salido, ahora, del guion populista. Considérese la comparación en alto contraste que Silva-Herzog establece entre el liberalismo de la transición y el programa de Morena:

Con lemas liberales hemos entendido la marcha reciente de México: apertura al mundo, premio al mérito, aliento a la competencia, afirmación de las neutralidades, fortificación de los derechos. A cada uno de estos lemas le corresponde [en Morena] una réplica. Frente a la apertura, la melancolía de la autosuficiencia; frente a la competencia, la tutela del Estado; frente al pluralismo, la polaridad; frente a la sociedad civil, el Pueblo.

Hipérboles aparte, el contraste entre dos sistemas de creencias profundamente distintos e irreconciliables que el pasaje busca retratar resulta forzado, ficticio. En el juego de dicotomías que va perfilando Silva-Herzog para denunciar el ideario antiliberal de Morena, la inclinación global y la competencia comercial tienen su contrapunto en el aislamiento y el estatismo que, presuntamente, ya se atisban en el gobierno que viene. Pero la “fortificación de los derechos” y el “premio al mérito” se quedan, misteriosamente, sin su antítesis. La omisión delata el carácter algo fantasioso del bosquejo de comparaciones.

En el renglón de los derechos, el pasaje citado insinúa que el populismo no fortificará “los derechos”. ¿Pero de qué derechos estamos hablando? ¿De los derechos políticos? ¿De los civiles? Hay vertientes del liberalismo que entronizan unos u otros como si fueran la clave de la bóveda de la arquitectura liberal. Pero también existen otros liberalismos para los cuales el ejercicio efectivo de los derechos sociales (en términos de cobertura educativa, acceso a la salud o a la seguridad social, por ejemplo) es una precondición de los demás derechos. Y precisamente la “fortificación” de los derechos sociales está en el centro de la agenda populista de López Obrador, que por otra parte nunca ha planteado debilitar los derechos políticos ni civiles. Además, si la preocupación no es solo por la supervivencia de los lemas sino por tomarnos los derechos en serio, ¿cuál es el saldo que ha dejado el liberalismo desde el que se teme su falta de “fortificación”? ¿Cuál es su récord, por decir, en cuestión de derechos humanos, de acceso a la justicia o respeto al debido proceso?

Una familia amplia y plural

Más todavía, no son pocas las disputas dentro del liberalismo que tienen que ver con los choques y la compaginación entre distintos derechos: la fortificación de unos (los de propiedad o libre empresa, digamos) puede tener como correlato el debilitamiento de otros (el derecho al trabajo, a un salario digno, a prestaciones sociales básicas, a un mínimo de bienestar). Ese es un debate que lleva muchos años desarrollándose globalmente al interior de la tradición liberal, por ejemplo, entre los liberales individualistas y los comunitaristas, o los igualitarios y los libertarios, pero del que el liberalismo de la transición mexicana no acusa recibo. Lo que la narrativa del ocaso en cuanto a la “fortificación de los derechos” expresa es, entonces, un agravio indeterminado, sin localización ni visión clara. Más una fobia que un temor razonable.

Finalmente, en lo que hace a los principios, la mención al mérito viene a cuento a propósito de la promesa de Andrés Manuel López Obrador durante su campaña de que ningún joven se quedará sin estudiar, cueste lo que cueste, aun si ello implica eliminar exámenes de admisión. En el trasfondo de esa reivindicación está la preocupación por confrontar el problema añejo y terco de la exclusión educativa. Según las anteojeras analíticas de Silva-Herzog, semejante propuesta rechina en los oídos del liberalismo en tanto que la meritocracia, entendida como imparcialidad en la asignación de los puestos más codiciados en la escuela o el mercado de trabajo a partir de una competencia abierta, irrestricta, entre talentos y capacidades individuales, es parte medular del liberalismo. Ese acto reflejo de defensa ilustra el equívoco de las categorizaciones demasiado fáciles y la urgencia de un genuino examen de conciencia liberal en el contexto mexicano. No cabe duda de que en la tradición filosófica del liberalismo la importancia de las políticas meritocráticas en la edificación de una sociedad justa es inapelable. El mérito es –y acaso esto sea lo fundamental– uno de los pilares del principio de igualdad de oportunidades. Pero la valoración meritocrática no es el único principio que importa al liberalismo. De hecho, muchos pleitos en la familia liberal –que, insistimos, es extensa y plural– afloran justamente cuando se trata de precisar su jerarquía relativa frente a otros valores que también pesan en ese universo y que a veces entran en tensión con el mérito. Otro valor, por ejemplo, es el de la inclusión, que supone neutralizar cualquier característica moralmente arbitraria (raza, pertenencia étnica, género, condición socioeconómica) que impide a una persona, sobre todo a un niño o a un adolescente, competir en una cancha pareja. Mérito e inclusión pueden y deben coexistir, pero también hay un potencial de conflicto, sobre todo en sociedades tan injustas como la mexicana. Y cuando así ocurre, no es claro, en un registro liberal, cuál debe prevalecer. Un liberal puede afirmar, con un tratado de teoría política liberal en la mano, que ciertas estrategias que diluyen hasta cierto punto la valoración del mérito en aras de la inclusión, como la acción afirmativa o la asignación de puestos mediante loterías, son legítimas. El liberalismo de la transición –que admira los exámenes de admisión como si fueran un incontrovertible índice de excelencia y no un espejo de múltiples desigualdades– se aferra al mérito mientras se disocia de otros valores liberales como la inclusión, y además se pervierte al naturalizar o hasta exacerbar los efectos de la estratificación social sobre el desempeño educativo. El “populismo” de la inclusión educativa es una respuesta rudimentaria, muy perfectible si se quiere, pero válida y pertinente frente a las carencias y simulaciones de la meritocracia a la mexicana.

El régimen de la transición con el que se suele identificar el liberalismo ha tenido muchos, demasiados, déficits liberales. Y la amenaza que los liberales ven en la fuerza política de López Obrador confunde, en mucho, populismo con democracia. Pero liberal no siempre es sinónimo de democrático, ni populista es siempre sinónimo de autoritario. No todos los liberalismos abogan, en un contexto como el mexicano, por la continuidad. Ni todos los populismos implican, necesariamente, ruptura. En cada una de esas categorías hay variantes, tensiones e incertidumbres que es preciso reconocer para mejorar nuestra capacidad de entender y diagnosticar el presente. Quizás el mensaje electoral del 1 de julio no fue que la democracia está en riesgo, sino que hace falta renovar nuestros relatos y dotar de un sentido más democrático al conflicto político –en lugar de seguir rindiéndole culto a ese consenso liberal de la transición que tan decepcionante ha resultado.

Ya comienzan a vislumbrarse los primeros atisbos de ese examen de conciencia: voces que desde la tradición liberal acusan la complacencia del liberalismo de la transición o debaten sus deudas. Con todo, para dar en el blanco esos ejercicios de autocrítica requieren ir más lejos. Primero, necesitan reconocer la diversidad y las tensiones al interior de su propia tradición. Podrían llenarse bibliotecas enteras con trabajos académicos y de divulgación que ofrecen respuestas liberales a la desigualdad socioeconómica y de género, la pobreza, la discriminación, por nombrar algunas. El liberalismo de la transición no es el único liberalismo posible para México. Y segundo, porque ese impulso autocrítico está lastrado por una cierta, digamos, timidez. El recurso al desdoblamiento impersonal, donde pareciera que el liberalismo es una conciencia que se piensa a sí misma y no un campo donde piensan y escriben autores con nombre y apellido, debilita el ejercicio: exime a sus autores de hablar en primera persona o de discutir abierta y francamente con sus correligionarios.

La crisis del liberalismo de la transición no tendría por qué ser el ocaso de la persuasión liberal en México; bien podría ser, debería ser, una ocasión para pensar otro liberalismo. Y pensarlo al margen de antítesis genéricas y fantasías catastróficas, para identificar y promover las oportunidades tanto democráticas como liberales que puede haber en el correctivo populista del lopezobradorismo.


El lenguaje de la democracia y la reconciliación nacional

¿Cuándo abandonaron los españoles el lenguaje de guerra civil que recorrió el siglo XIX y el XX? El historiador Santos Juliá nos recuerda que se requiere un largo proceso ideológico y semántico, en una reflexión que también nos involucra

¿Desde cuándo se habla en España un lenguaje de democracia? ¿Cómo, a impulsos de quién o de quiénes, comenzaron a extenderse entre nosotros las voces de libertad hasta el punto de impregnar a la gran mayoría de grupos y partidos políticos, sindicatos obreros, colegios profesionales, asociaciones civiles? O planteada la cuestión en otros términos, ¿desde cuándo abandonaron los españoles el lenguaje de guerra civil que, como un Guadiana, recorrió todo el siglo XIX hasta explotar en el XX?

Si estas preguntas tuvieran alguna repuesta habría que ir a buscarla a mediados de la década de 1950, cuando en manifiestos y escritos varios, desde el exilio o en el interior, se dijo: basta ya de Guerra Civil, de su presencia y de su recuerdo. La Guerra Civil ha acabado, hay que liquidarla, se dijo y escribió entonces en Madrid y en Barcelona, en México y en París. Daba igual que quienes lo dijeran tuvieran 20 años, estudiantes universitarios, o 40, muy jóvenes cuando la guerra, o más de 60, muy mayores ya en aquel verano de 1936. El acuerdo en un nuevo lenguaje, fácilmente constatable a quien, sin fiarse de la memoria, revise los escritos de aquel tiempo pasado, es sorprendente.

Algunos intentos de poner fin al régimen derivado de la guerra, encontrándose con el enemigo de ayer, habían tenido ya lugar en las negociaciones entre la Confederación de Fuerzas Monárquicas con la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas, en el interior, o entre monárquicos y socialistas en el exilio cuando, al término de la Guerra Mundial, esos grupos daban por seguro que la caída del dictador era inminente. Esperanza frustrada, Franco no tuvo el mismo fin que Hitler o Mussolini: una tras otra, las potencias democráticas lo fueron reconociendo y legitimando hasta que a finales de 1955, con el beneplácito de la URSS, España ingresó en las Naciones Unidas.

Y entonces, aquellos españoles de 20, 40 y 60 años entendieron que nadie del exterior vendría nunca a sacarles las castañas del fuego. Es fácil hoy para franceses, británicos, norteamericanos o italianos, sobre todo si son hispanistas, tachar a la democracia española de falsa democracia, heredera del franquismo y demás lindezas, pero lo cierto es que si el régimen de Franco era fascista, era su fascista, y no solo porque nunca habría existido sin la masiva intervención alemana e italiana en la Guerra Civil mientras franceses y británicos se lavaban las manos, sino porque España fue, ya desde 1950, ese lugar de Oriente con hoteles baratos y servicio impecable, como informaba Gerald Brenan a sus paisanos, donde hacer buenos negocios y tumbarse al sol de sus playas.

No, nadie vendría nunca a meter sus manos en el avispero español. Eso estuvo claro desde 1956, año clave en la historia de la transformación del lenguaje político español. Porque fue entonces, tras la rebelión de los universitarios madrileños y el gran viraje del PCE, cuando reconciliación nacional pasó a ser espacio de encuentro de toda la oposición. Su copyright era comunista, pero a partir de 1962, con la gran oleada de huelgas iniciada en Asturias, y Concilio Vaticano II mediante, se extendió por el mundo católico hasta llegar a lo nunca visto, que un convento de capuchinos fuera el lugar de botadura del Sindicato Democrático de Estudiantes de Barcelona, en el que los comunistas tuvieron parte fundamental.

Eso fue, políticamente hablando, la reconciliación nacional: que nadie te preguntaba dónde hiciste la guerra, menos aún dónde la hizo tu papá, sino qué haremos entre todos a partir de ahora para traer la democracia. La guerra, bien presente en todas las memorias, era menester encerrarla bajo siete llaves, dijo en 1956 el presidente de la República española en el exilio, Martínez Barrio. “Los hijos de los vencedores se funden con los hijos de los vencidos e impulsan a vencedores y vencidos a fundirse en una sola España”, escribió en 1960 el presidente del Parlamento de Cataluña en el exilio, Francesc Farreras. Eran otros tiempos, claro, pero fue entonces cuando emergió la posibilidad, como proponía Farreras, “de rehacer juntos la común existencia española”. No por nada, fue también en esos tiempos cuando algunos españoles procedentes de todos los horizontes políticos comenzaron a hablar el lenguaje de libertad y democracia.


Frases Célebres 733

“Estamos en un momento crítico para el comercio minorista debido a la competencia de las grandes superficies, la caída en las ventas y las comisiones de las tarjetas de crédito. Ya se está notando el desempleo. Ha bajado muchísimo la venta. (...) Eso lo están sintiendo los comercios minoristas, más que nada. Se perdieron 24 carnicerías por cierre en lo que va del año”. Hebert Falero, presidente de la Unión Vendedores de Carne. Informe Nacional, radio Nacional (12/09/18).

“El gobierno se ocupa de la competitividad y se concentra en incorporar conocimiento, innovación, eficiencia y productividad. No es solo el tipo de cambio y el salario, que es un concepto muy antiguo que promueve un tipo de cambio alto y sueldos bajos. Nosotros no compartimos esa visión. No es momento de cambiar proyecciones económicas”. Danilo Astori, ministro de Economía, en conferencia de prensa al término del Consejo de Ministros. La 30 al instante, radio Nacional (10/09/18).

“El gobierno debe reconocer las dificultades que atraviesa el país y plantear soluciones que den credibilidad para que la gente vuelva a tener confianza. Negar que el (tipo de) cambio está desalineado, que Uruguay tiene problemas de acceso (a mercados), negar los problemas de competitividad, de productividad…Todo se puede relativizar, pero la situación es que las empresas están cerrando (...)”. Diego Balestra, presidente de la Confederación de Cámaras Empresariales, Semanario Búsqueda (13/09/18).

“Hablan de una macroeconomía que está estabilizada pero no hablan de la microeconomía, que puntualmente en los sectores productivos se siente la falta de rentabilidad”. Pablo Zerbino, presidente de la ARU. Cierre 850, radio Carve (12/09/18).

“El gobierno no escucha los reclamos del sector productivo. El sector arrocero se está retrayendo, al igual que en otras actividades industriales. Los problemas del sector arrocero trajeron inconvenientes en la cadena de pagos. Se trata de demoras al cumplir con los compromisos, pero no una interrupción”. Alfredo Lago, presidente de la Asociación de Cultivadores de Arroz. Informe Nacional, radio Nacional (12/09/18).

“Uruguay estará anestesiado hasta 2020 en materia económica y el cuadro macroeconómico estará marcado por el proceso electoral, que tiende a postergar la toma de decisiones en temas fundamentales, prolongando ello el escenario de estancamiento en materia de crecimiento, problemas de empleo y competitividad”. Aldo Lema, economista. Informativo Sarandí, radio Sarandí (10/09/18).

“No hay un escenario de riesgo, pero es un error decir que estamos blindados”. Hernán Bonilla, economista. Rompkbzas, radio El Espectador (10/09/18).

“No votaré la reforma de la Caja Militar tal como está redactado el proyecto. Una reforma de este porte debería contar con apoyos más amplios dentro del arco político. El actual proyecto afecta de forma importante a la tropa”. Darío Pérez, diputado frenteamplista. Para empezar el día, radio Oriental (10/09/18).

“Acá hubo una actividad que desde nuestro punto de vista está prohibida por la Constitución de la República (Art. 77, numeral 4º) y salir a hacer consideraciones públicas por parte del Comandante en Jefe del Ejército sobre un proyecto del Ley que está a estudio en el Parlamento es una actividad política. También en el Reglamento Nacional de Servicios (R-21) del Ejército Nacional (Art. 53, literal C) se prohíbe expresamente que los militares no pueden incluir ni tener actividades que puedan tergiversar o cambiar la discusión de un proyecto de Ley. La sanción no significa que haya perdido la confianza en el Comandante en Jefe, es un hombre que ha demostrado una lealtad institucional muy importante y sabemos que actúa de buena fe pero, se equivocó”. Tabaré Vázquez, Presidente, refiriéndose a la sanción impuesta al Comandante del Ejército Guido Manini Ríos por sus apreciaciones sobre la reforma de la Caja Militar. En Otras palabras, radio Oriental (12/09/18).

“El presidente no tenía más remedio que tomar esa decisión. Cada cual es esclavo del papel que tiene que ocupar y el presidente tiene como tarea encuadrar al comandante. Yo hubiera procedido similar a Vázquez si hubiera ocurrido durante mi gobierno. También es cierto que si Manini no hace una gestualidad como la que hizo, pierde respeto y consideración con sus subalternos. No nos olvidemos que en las Fuerzas Armadas también cada cual ocupa su rol y Manini es el comandante. Si se hace el bobo queda como falto de carácter. Hizo lo que tenía que hacer. Por más que suene a contradicción, los dos hicieron lo que tenían que hacer”. José Mujica, expresidente y senador oficialista, sobre el arresto a rigor del Comandante en Jefe del Ejército. Semanario Búsqueda (13/09/18).

“Mi proyecto es el de una izquierda democrática, seregnista, radical en su lucha por la moral pública, que no se crea la dueña de la verdad y convoque a amplios sectores de la sociedad civil para reconstruir un proyecto nacional, porque hoy los partidos no están a la altura de eso. Una de las razones por las que abandono el partido es porque el ‘antiseregnismo’ ha copado el Frente Amplio”. Esteban Valenti, publicista, confirmando que conformará un nuevo grupo político. Informativo Sarandí, radio Sarandí (11/09/18).

“Estoy preparado para todas las tormentas, porque el camino de la transformación y el camino de un militante no es un camino de pétalos de rosa, siempre es difícil y estoy preparado para todas las dificultades que puedan venir y enfrentarlas como lo he hecho hasta ahora, que no es fácil. Como todos somos humanos, todos cometemos errores”. Raúl Sendic, expresidente de la Republica, en conferencia de prensa en el departamento de Salto. La Prensa (11/09/18).

“En el diálogo con Adeom se cierran temas y se agregan temas, es parte de la Negociación Colectiva. No estoy para estar todo el día hablando de Adeom. Hay cosas más importantes. Hay una gerencia de Gestión Humana y yo estoy para tratar de respetar al movimiento sindical pero ser coherente con para lo que me eligieron, que es gobernar para la gente”. Daniel Martínez, intendente de Montevideo. Portal Montevideo (12/09/18).

“No precisamos policías, necesitamos menos delincuentes”. Jorge Vázquez, subsecretario del Interior. El Observador (08/09/18).

“El proceso a un cuarto gobierno tiene que refundar la relación entre la izquierda en la institucionalidad y las bases sociales organizada (...) Pero hay cada vez más militantes desde lo social que ven al Frente Amplio como un hijo no querido. Eso tiene múltiples explicaciones, pero es un problema”. Oscar Andrade, sindicalista y precandidato del Frente Amplio. Semanario Búsqueda (13/09/18).

“Donde hubo Chingas, escombros quedan”. Gustavo Leal, asesor del Ministerio de Interior, sobre el arresto de los líderes del grupo de criminales Los Chingas. Subrayado, canal 10 (07/09/18).

“El tema hubiera merecido una discusión más seria, pero no fue así. (Javier) García cometió varios errores, entre ellos suponer que el control del ingreso de dinero lo tiene que hacer el Ministerio del Interior, cuando es un tema de Aduanas. El otro es pensar que porque una persona ingresó varias veces al país debe ser investigada. García ni oía cuando hablábamos, lo único que quería era presentar su documento de 2012, sobre que se había suspendido el control de embarcaciones deportivas. Él trata de establecer que esa falta de control permite el ingreso de dinero, pero Uruguay hace mucho que trata de facilitar el ingreso de argentinos y brasileños con controles mínimos. Es una cosa común. Pasa en el Chuy en todos lados. El problema no es eso sino que se hace con el dinero, y el control de dinero se hace en el país a través de leyes”. Eduardo Bonomi, ministro del Interior, que concurrió este miércoles pasado a la Comisión de Seguridad de la Cámara de Senadores convocado por el senador Blanco Javier García, para que dé detalles e informaciones sobre la posible vinculación de Uruguay con la denominada ´Ruta del dinero K´. Intercambio, M24 (13/09/18).


Arroz con leche con moscas

Por LA LIBRERIA

Oficio de Periodista de César di Candia. Editorial Fin de Siglo

César di Candia tiene una larga carrera como periodista y escritor. Trabajó en revistas y semanarios, como Lunes; El Dedo; Guambia, Búsqueda y en los diarios La Mañana y El País.

También incursionó en cuentos y novelas: El país del deja deja; Resucitar no es gran cosa; La Paloma, Resbalones y caídas; Un siglo de política uruguaya; etc.

En este libro de 18 capítulos, nos entrega entrevistas e informes de investigación periodística.

Entre los primeros, figuran algunas publicadas en el Semanario Búsqueda y en la Revista Repórter. En cuanto a los segundos, refieren a publicaciones en el Semanario Búsqueda y en el Diario El País.

Si algo distingue a di Candia como entrevistador es, como alguien lo ha definido, que logra llegar al alma de las personas, que las hace sincerarse y hasta realizar emocionadas confesiones, algunas que, obedeciendo a solicitud del entrevistado, como lo aclara, no publica.

Su contratapa es ilustrativa: “Difícil después de esta lectura, desprenderse de la mirada loca del Mincho, del gélido aire de fanatismo que supo respirar Bordaberry (Juan María), de las risotadas grotescas de Jorge Batlle, de la profundidad humana del padre Cacho, de las devastadoras lágrimas de China Zorrilla, del quebrado semblante de Zelmar poco antes de su muerte”.

Asimismo, son vergonzantes para cualquier uruguayo, sus informes sobre el establecimiento de detención Miguelete (luego cerrado), el Hospital Vilardebó, el Piñeyro del Campo y las colonias de alienados, Bernardo Etchepare y Santín Carlos Rossi.

Visitados todos ellos, oportunamente por políticos de todos los partidos, pero en todos los casos: “aquellas lágrimas de diferentes padres de la patria, ni las notas que escribí en 1996, sirvieron para nada”.

En una visita al Vilardebó, en su recorrida llega a la cocina y registra el siguiente diálogo:

“Hoy toca arroz con leche de postre, me dijo la cocinera con orgullo. ¿Y ella que hace? (se refiere a una internada que pasaba constantemente un cucharón por la superficie del líquido y arrojaba al suelo lo que pescaba).

- Ayuda. Es enferma pacífica. Está espumando para que quede más rico

- ¿Qué es lo que saca?

- Las moscas -me contestó, asombrada por la estupidez de la pregunta del periodista- hay un tambo cerca y nos tienen a los saltos.

Me ofreció un banquito. Miré dentro de la olla. Negreaba. Las que no estaban ahogadas agitaban las alitas mientras sus patas se calcinaban. La internada se reía”.

Correo de los Viernes.
Publicación Oficial de la Secretaría de Prensa del Foro Batllista.