Repetición
Por Julio María Sanguinetti
Una vez más, la apuesta a la mediocridad inspirada en la mentalidad socialista y el resentimiento.
La ANEP, bajo el impulso de su Director de Planificación Educativa, se propone eliminar la “repetición” y días pasados, a puerta cerradas en un hotel céntrico, firmaron sus autoridades un manifiesto —aparentemente internacional— en esa dirección.
Ya hace tiempo que la escuela uruguaya fue abandonando la repetición e instalado el famoso “pase social”. De ese modo, todos los niños llegaron a 6º año, pero nadie aseguró que tenían los aprendizajes necesarios en el idioma castellano o la aritmética. A la inversa, las pruebas de evaluación demuestran resultados desastrosos.
Se trataba de un tributo a la estadística que venimos denunciando desde hace años. Era muy fácil lograr que no hubiera repetición. Bastaba hacer lo que, irresponsablemente, se hizo.
El “pase social” discriminó de verdad, porque se eliminó la repetición a cambio de nada y quienes quedaron relegados para siempre fueron los que más necesitan apoyo, los que provienen de los hogares más carenciados o de familias menos estructuradas.
Ahora parecería que hay que dar la batalla universal y avanzar sobre la enseñanza secundaria, donde siempre hubo “exoneración”, “exámenes” y la repetición como excepción. Y a partir de allí hacia todo el sistema.
Por supuesto, la repetición no es una solución pedagógica milagrosa, seguramente haya mejores herramientas que esa, pero mucho peor es no asistir al alumno para que mejore su rendimiento y mandarlo a la calle con un certificado de que sabe lo que realmente no sabe. Profesores de Secundaria se han encontrado alumnos egresados de primaria que directamente no sabían leer ni escribir. Llegan al liceo y rebotan. Como van a rebotar en la vida todos aquellos que salgan al mundo laboral con esa preparación tan precaria.
Ahora bien: si discutibles son las medidas, peores son los fundamentos. Porque este señor Director dice cosas como éstas: “Llegó la hora de que hagamos un pacto social, un acuerdo de que la educación es obligatoria para todos, es un derecho de todos, y por tanto no puede haber pura meritocracia”.
¿No sabe que, desde 1830, la Constitución dice que “todas las personas son iguales ante la ley, no reconociéndose otra distinción entre ellas sino de los talentos o las virtudes”? ¿No sabe que el talento, la virtud, configuran el mérito y que lo contrario es la ignorancia, la mediocridad, el mensaje a la sociedad de que no hay nada peor que intentar superarse? En una palabra, la igualada hacia abajo que llevó al marxismo a su estrepitosa caída universal.
Y luego sigue: “Llegó el momento de que la clase media acepte que esos bancos que, históricamente, se reservó para si misma, ahora los deberá compartir con los recién llegados”.
Como se ve, parecería que hubo un designio oligárquico, una especie de aporofobia, de la clase media para impedir que llegaran los más pobres a la educación media, atribución disparatada, propia de una obsoleta mentalidad de dogmatismo clasista. Por supuesto, ignora la realidad, porque entre 1995 y 2005, en diez años, se incorporaron 70 mil estudiantes a la enseñanza media, que se encontraron —además de lo tradicional— con informática, con enseñanza de inglés, con mejoras que justamente apuntaban hacia los rezagos de los provenientes de los sectores más vulnerables.
Estos razonamientos tocan la esencia de la diferencia entre el fracasado socialismo de matriz marxista y el mundo democrático liberal, pensado y concebido para el respeto a la individualidad y la constante superación. Quienes todavía tienen el Muro de Berlín en su mente piensan en un igualitarismo mediocre de igualación hacia abajo.
Que esa mentalidad sobreviva en el corazón de la autoridad educativa de nuestra república es deprimente. Y explica muchas cosas, de las tristes que todavía ocurren en ese ámbito. Entre otras: que el Codicen no haya desautorizado esas apreciaciones tan reñidas con nuestra institucionalidad.
|
|
 |
La escalada que nadie necesita
|
¿Nos olvidamos del electorado fatigado? Julio María Sanguinetti
|
El general Paz volvió a escena en una velada dedicada a la historia rioplatense
|
La historia de los caminos del Uruguay llega al centro del debate
|
La desaceleración exige respuestas
|
Un mercado laboral que dejó de avanzar
|
FNC y el límite de un modelo
|
La omisión del MGAP que cerró Europa a los caballos uruguayos
|
Los fiscales Luis Hierro López
|
Briozzo y la revolución de los epítetos Santiago Torres
|
Chicotazo y la Liga Federal de Acción Ruralista, movimiento político antibatllista Tomás Laguna
|
El Balance Estratégico de Talento: una nueva forma de mirar el desarrollo Fitzgerald Cantero Piali
|
Mi amigo Chicotazo Eduardo Irigoyen
|
Más de 50 disparos Angelina Rios
|
Barreras invisibles: cuando la regulación de la movilidad frena la inclusión Marcela Pérez Pascual
|
La inercia del ministro Negro Juan Carlos Nogueira
|
Antes del permiso Alicia Quagliata
|
Mercosur-UE: la clave está en las cuotas Alvaro Valverde Urrutia
|
La palabra libre Susana Toricez
|
Avigdor Liberman: “El problema en Israel es la utilización política de la religión, no seremos un estado teocrático como Irán o Arabia Saudita” Eduardo Zalovich
|
Ceuta: una crisis migratoria con demasiadas preguntas y pocas respuestas
|
La intervención de Estados Unidos para apuntalar el yen: por qué ocurrió, quién ganó, quién perdió y si puede repetirse
|
El proyecto de Milei que suma el respaldo de Cavallo
|
Frases Célebres 1092
|
Así si, Así no
|
ENTRE DICHOS
|
|