Edición Nº 1097 - Viernes 11 de setiembre de 2026

Nos prometen ¡la Rendición de Cuentas!

Por Luis Hierro López

El gobierno no tiene nada para cautivar ni para proyectar: lo único que nos promete es la Rendición de Cuentas, la vieja repartija anual.

Dedicado a organizar la triste y flaca puja de la rendición de cuentas, el gobierno parece haber terminado ya su misión y no hay un proyecto o una esperanza que genere expectativas.

La solemnidad que el presidente Vázquez y el ministro Astori le dan además al asunto demuestra que efectivamente los principales protagonistas gubernamentales están convencidos de que la Rendición de Cuentas es algo importante, cuando en realidad su incidencia real en el futuro es muy pequeña y su discusión resulta por lo tanto aburrida y cargosa. No se discute nada del porvenir, sino de dónde sacar recursos para seguir alimentando la burocracia estatal.

Como el gobierno no tiene autoridad ni audacia para –por ejemplo– utilizar esta instancia y recortar algunos gastos y bajar, aunque fuera como una mínima señal, el pesado gasto público y su correlato de los impuestos, toda la artillería oficialista estará destinada, hasta fin de año, a polémicas inconducentes y repetidas sobre estos repartos casi imaginarios.

El instinto socialista que predomina en el oficialismo llega a su momento culminante: la distribución de los ingresos nacionales, la puja por el botín. Nadie piensa en producir más o en gastar menos, todos piensan en repartir. Y cómo hay poco para ello, se inventan impuestos que –dice Astori con cinismo que no le gustan, pero igual los promueve– como la tasa consular, van a contramano de la inserción internacional tan ansiada y proclamada por el gobierno.

Las promesas electorales van quedando lastimosamente en el camino y el debate nacional se empequeñece y agota. Ni el gobierno propone ideas ni el país las analiza. Estamos en el pozo socialista.

Es expresivo y paradójico que el único asunto fuera de la previsible agenda ordinaria sea la instalación de la segunda planta de Upm y que la única tabla de salvación a la que puede aferrarse hoy el gobierno sea la repetición –tardía, no del todo necesaria– de la entonces criticada “solución colorada”. No hay a la vista otros emprendimientos industriales o productivos, tras un tiempo en el que la concentración y la extranjerización de la tierra han llegado a sus topes históricos. No han temblado las raíces de los árboles y por el contrario, el vilipendiado modelo económico ha sido ratificado y ensalzado. Las inversiones extranjeras son ahora la principal preocupación gubernamental, pero sin ser UPM no se vislumbra ningún otro interés concreto.

El gobierno no tiene más cartas y además de apagar incendios –Ancap, Sendic, desborde sindical– nada puede ofrecer a los uruguayos. No hay horizontes ni esperanzas, lo que provoca no solo en los frenteamplistas una profunda sensación de vacío y desgano.



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