Edición Nº 1103 - Viernes 23 de octubre de 2026

Los amigos son amigos

Mientras el pueblo cubano es reprimido con violencia debido a su reclamo pacifico de libertad, la izquierda local, cooptada por sectores reaccionarios como el Partido Comunista, se "solidariza" con el gobierno dictatorial por supuestos "intentos desestabilizadores" del "imperialismo". No sólo son partidarios de la dictadura, también son cómplices de sus excesos. Deberían sentir vergüenza.

Miles de cubanos protagonizaron el pasado domingo las mayores protestas antigubernamentales en tres décadas. Al grito de "¡libertad!" y "¡fuera el comunismo!" los cubanos se lanzaron a las calles de forma pacífica siendo brutalmente reprimidos por las fuerzas regulares y los grupos paramilitares del régimen.

El dictador, continuador de la dinastía Castro, defendió la represión: "han tenido la respuesta que merecían, como la han tenido en Venezuela", dijo Díaz-Canel en alusión a la brutal represión emprendida por el chavismo en 2017 que dejó cientos de muertos. Como era de esperar, culpó a EE.UU., a quien acusó directamente de "provocar estallidos sociales" en la isla.

En nuestro país, el Partido Comunista del Uruguay (PCU), uno de los sectores mayoritarios del Frente Amplio, respaldó rápidamente -y sin tapujos- a la dictadura castrista. En un comunicado público, los frenteamplistas nucleados en el PCU expresaron su "solidaridad" con el gobierno cubano "que enfrenta nuevos intentos desestabilizadores promovidos por el imperialismo norteamericano".

"Utilizando la vieja estrategia de una guerra no convencional", dicen los comunistas locales, "se promueve un nuevo ‘golpe blando' en América Latina y el Caribe, contra la tierra de Martí, supuestamente por una revuelta popular democrática, que raramente no cuestiona el bloqueo económico".

Según estos, el gobierno estadounidense, liderado por Biden, no sólo no ha suprimido las medidas impuestas por su país en la era Trump, "sino que alienta y financia ‘estallidos sociales' con el objetivo de rendir por asfixia económica al pueblo cubano".

Para finalizar, el PCU, que entre otras cosas puso a Cosse en la Intendencia de Montevideo y a Andrade a competir por el sillón presidencial, justificó la represión de Díaz-Canel quien, según ellos, sólo "moviliza su pueblo [léase: brigadas paramilitares] en la defensa de la independencia, la soberanía y el proyecto socialista de la Revolución Cubana".

"A Cuba y su gobierno nuestra solidaridad revolucionaria", se despiden los uruguayos.

El resto del Frente Amplio, aunque evitó manifestarse públicamente, se sumó al PCU en la práctica. Tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes, la oposición se negó a votar una resolución de condena al régimen cubano propuesta por la coalición de gobierno. En concreto, los frenteamplistas no estuvieron dispuestos a condenar la escalada represiva y la incitación a la violencia por parte del régimen dictatorial y tampoco a solicitar la inmediata liberación de los manifestantes detenidos.

El reiterado empeño propagandístico de culpar al supuesto "bloqueo" de EE. UU. -que no es más que un embargo limitado- de todos los males de Cuba, tiene los días contados. No sólo porque Cuba es libre de comerciar con el resto del mundo, como efectivamente hace, sino porque la revolución pacífica actual no tiene únicamente motivaciones económicas. De hecho, el único reclamo de esa naturaleza es que el régimen tenga dinero para construir hoteles de lujo junto a capitales extranjeros y no lo tenga para garantizar una vida digna al pueblo, que tanto invocan.

Los cubanos quieren libertad. No es el embargo el que persigue, encarcela y mata a los que piensan distinto. Tampoco es el embargo el culpable del fracaso de una economía doméstica planificada, que no admite la competencia ni valora la innovación y el mérito, tan necesarios para el crecimiento. Tan claro es esto, que el propio régimen acaba de autorizar a viajeros la libre importación de medicinas y alimentos, para paliar la escasez.

El verdadero y principal problema de Cuba es el totalitarismo. Ser comunista en un país libre -como el Uruguay- es fácil, no serlo en Cuba puede significar la muerte. Pero, para el Frente Amplio, "amigos son los amigos".




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