Edición Nº 1098 - Viernes 18 de setiembre de 2026

Justo reconocimiento por un lado, extremismo por el otro

El día internacional de la mujer se celebró en Montevideo, como en todo el mundo, con una gran concentración que recogió adhesiones. Pero a la vez hubo expresiones de extremismo ideológico que son contraproducentes.

Como indicamos en nota aparte los países más avanzados como las naciones europeas, no han podido todavía superar la brecha salarial que diferencia a las mujeres de los hombres. Las mujeres sufren acá y en el mundo la violencia machista, pero también la discriminación laboral.

Uruguay, un país que se caracteriza desde hace muchas décadas por la igualdad de derechos y de oportunidades, enfrenta también las diferencias indudables que se registran en materia profesional. Según un reciente estudio las mujeres trabajan más y cobran menos que los hombres. Cada mujer trabaja de forma remunerada siete horas menos a la semana. Sin embargo, en ese mismo lapso trabajará sin que se le pague, cuidando a los hijos, a los adultos mayores y haciendo las tareas del hogar, 18 horas más. Si de paga se habla, en Montevideo una mujer gana un 9,9% menos que un hombre y un 8,1% en localidades del Interior de 5.000 habitantes o más.

La jornada dio lugar también a otras expresiones. El periodista Hoenir Sarthou hizo una dura crítica de algunos de los movimientos feministas. La ministra de Industria Carolina Cosse –distinguida a propósito por Constanza Moreira en las redes– hizo un encendido elogio de tono marxista del sentido ideológico de la jornada. Parafraseando a Rosa Luxemburgo, escribió en su cuenta de twitter: “si sos feminista y no de izquierda, no tenes estrategia; si sos de izquierda y no sos feminista, no tenes profundidad”. La frase, además de tener faltas ortográficas, es literalmente estúpida, dogmática y falaz e irremediablemente hace acordar a la desgraciada cita de Sendic, cuando intentó sostener que las personas de izquierda no pueden ser corruptas. ¡Justo él! Lo de Cosse es similar: una actitud sectaria e indecorosa en cualquier mujer, pero francamente inadmisible en una gobernante.



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