La brecha salarial

La diferencia salarial entre hombres y mujeres sigue firme en España y en Europa, pese a las políticas de igualdad que se han proyectado, informa Manuel V. Gómez en un análisis que refleja una realidad que debe ser similar a la uruguaya.

Hombres y mujeres no cobran lo mismo cuando desempeñan tareas similares en España. Ellas ganan un 12,7% menos por hora, según un estudio de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), que maneja los datos salariales brutos de 2014. Esta cifra ha bajado desde 2002, cuando comienza la investigación, pero del análisis todavía se desprenden “algunas dinámicas preocupantes”. La brecha está presente en cada detalle de las variables observadas: edad, educación, antigüedad, ocupación, tipo de contrato y jornada, actividad y tamaño de empresa.

Los negacionistas de la brecha salarial de género argumentan que desaparece cuando se amplía la lente del análisis y se llega a empleos similares. Apuntan que si las mujeres ganan menos es porque trabajan menos horas remuneradas, porque sufren más la precariedad, porque realizan tareas peor pagadas o porque tienen menos responsabilidades. Sin embargo, la evidencia científica lo desmonta: una mujer gana cada hora, en promedio, un 13% menos que un hombre en trabajos con “tareas similares”.

Los datos brutos de la Encuesta de Estructura Salarial europea de 2014, la última disponible, concluyeron que una mujer gana a la hora un 14,9% menos que un hombre. Pero esta cifra no está depurada y no permite afirmar que esos empleos son iguales, ni siquiera parecidos. Para eliminar esta distorsión lo máximo posible y hacer una comparación homogénea, esta investigación ha depurado esos números según el impacto en los salarios de la edad, de la experiencia, del nivel educativo, del tamaño de la empresa, del tipo de contrato y jornada laboral, de la ocupación y de la actividad. Ha llegado hasta donde podía, “la encuesta no contiene información sobre el número de hijos o sobre características socioeconómicas de personas que pudiendo participar en el mercado de trabajo, no lo hacen”.

El resultado es que la brecha salarial está ahí, en ese 13% (al ser una estimación salarial en logaritmos da igual si la base desde la que parte el cálculo es el hombre o la mujer). Depurada así, la discriminación salarial se sitúa en su menor nivel. Cuando se toman los datos brutos, la diferencia sube a ese casi 15%, y si se toman las remuneraciones anuales, que son las que realmente determinan el nivel de vida de las personas, llega al 23% (20.051,58 euros frente a 25.992,76 euros).

Pagar menos a una mujer que a un hombre en el mismo puesto de trabajo es ilegal desde 1980. Este tipo de análisis estadísticos no llega a este punto, ya que los datos no permiten bajar a este nivel de detalle (igual puesto de trabajo, en la misma empresa e idéntico convenio colectivo). Lo que sí busca es “medir si hombres y mujeres reciben una remuneración similar por tareas similares”. Y en este punto es donde la brecha salarial —que no la discriminación ilegal— aparece en todas las variables observadas.

"Dinámicas preocupantes"

Otro de los elementos que destaca el informe es que “se ha producido un avance importante, controlando por todas las características observables, puesto que la brecha se ha reducido en un tercio desde 2002”, año del que parte el análisis. Esa evolución estaría vinculada a la “educación, experiencia y tiempo medio de servicio en la empresa”. No obstante, añade inmediatamente después que “nos encontramos aún lejos del equilibrio de género y existen algunas dinámicas preocupantes”.

Uno de esos elementos de preocupación se encuentra en que “la brecha aumenta con la edad”, como se destaca en el análisis de las remuneraciones por este aspecto. En él se ven indicios de cuál puede ser el impacto de la maternidad.

Entre los trabajadores menores de 30 años, ellas cobran un 4,7% menos. El porcentaje crece conforme envejecen las cohortes hasta llegar a la de los mayores, más de 59 años, en la que la diferencia se sitúa en 17,2%. “Una explicación plausible” son los hijos, pero, como aclaran los propios investigadores, la encuesta no contiene este tipo de información sobre las circunstancias familiares y, por tanto, “no es posible estimar el efecto”.

Diferencias por educación

Más sorprendente resulta el desglose de la discriminación salarial por niveles educativos, pues es menor en los extremos, en torno al 11,5%. La mayor distancia (13,5%), en cambio, se sitúa entre quienes han acabado el segundo ciclo de educación secundaria y no han pasado de ahí. La explicación que dan los autores para la gente con menor formación se sitúa en la crisis y su impacto, que afectó a “sectores masculinizados y con empleos masculinizados como la construcción, pero que estaban bien pagados”.

También es llamativa la evolución de la brecha medida conforme se acumula experiencia. A la maternidad, el estudio añade en este punto que la causa puede estar en que las mujeres tienen más dificultades para moverse de unos empleos a otros y entre empresas. Esta movilidad, o su uso en las negociaciones para mejorar las condiciones laborales, es una de las explicaciones académicas tradicionales para argumentar por qué los salarios van subiendo conforme se acumula experiencia. También señala, basándose en otras investigaciones, que puede influir el hecho de que “las mujeres son peores negociadoras que los hombres cuando persiguen algo para sí mismas”.

La brecha también aparece cuando se trata de las mismas responsabilidades o las mismas ocupaciones. La remuneración por hora de directivos y gerentes es un 12,2% menor para las mujeres. Y sigue presente tanto en temporales (7,8%) e indefinidos (13,8%), como en empleados a jornada completa (14%) o a tiempo parcial (7,4%).



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