Edición Nº 1094 - Viernes 21 de agosto de 2026

El Comandante y el dedo en el ventilador

El Comandante en Jefe del Ejército, destacado oficial con una formación histórica que va más allá de su profesión, no termina de comprender que no puede seguir manoseando el concepto de laicidad, con frecuencia ya preocupante.

Ya tuvo críticas por actitudes anteriores, como asistir uniformado a una misa en homenaje al Ejército o constituir una oficina de asuntos religiosos en la estructura militar. Esas discusiones debieron motivarle a pensar en la inconveniencia de rozar ese principio republicano fundamental que incorporó nuestra educación pública, desde la escuela vareliana, al ADN cívico del Uruguay. Sin embargo, reitera su inclinación a poner el dedo en el ventilador.

Cuando ahora hace un saludo de Navidad a los integrantes de las Fuerzas Armadas, ¿por qué se introduce nuevamente en ese terreno fangoso, donde pone al Ejército en el centro de debates? Él advierte que su fuerza está siendo cuestionada aún de mala fé. Necesita, en consecuencia, la mayor comprensión de la ciudadanía. ¿Por qué entonces volver, nuevamente, a introducirse en un tema polémico, que divide y no une, que apasiona y no ayuda a reflexionar?

Sus palabras consistieron en desearle a sus subordinados “una feliz Navidad y que tengan presente, creyentes y no creyentes, el verdadero significado de etas fiestas, el recuerdo de el que vino al mundo con el mensaje de paz y cuya muerte en la cruz marcó un antes y un después en la historia de la humanidad”.

No hay duda de que se ha extralimitado nuevamente. Oficialmente, el 25 de diciembre, para el Estado uruguayo es el “Día de la Familia”, o sea que no está referido a la significación religiosa que le atribuye el cristianismo. Podremos estar de acuerdo o no con esa definición, que popularmente incluso nunca se instaló, como en cambio sí ocurrió con la Semana de Turismo. Pero esa es la ley y, en consecuencia, todo funcionario debe atenerse a ella: el 25 de diciembre no es una fecha religiosa y no corresponde invocar a Jesucristo y su sacrificio.

Esa norma, sancionada el 23 de octubre de 1919 por el Presidente Feliciano Viera, fue una consecuencia de la Constitución de 1917, que separó la Iglesia del Estado justamente hace un siglo. Obedeció a una transacción en el Parlamento, entre las más diversas corrientes en que se dividía la opinión, por entonces más apasionada que en estos días en que la laicidad republicana es asumida sin violencia por la inmensa mayoría del país.

El Comandante hace mal en atribuirle a la fecha lo que es —para él— “su verdadero significado”, como evocación de Jesucristo y su mensaje de paz. Bien sabemos que en nombre de ese pensamiento cristiano se combatió y se mató, no solo a quienes no profesaban esa fe sino incluso entre católicos y protestantes. En 1571 las fuerzas de los Estados cristianos derrotaron en Lepanto a la Armada musulmana de Solimán el Magnífico. Al año siguiente, la Noche de San Bartolomé fue una matanza de protestantes inspirada por el fanatismo católico. ¿Tendremos que volver a discutir estas cosas a propósito de celebraciones que —justamente— deben ser de reconciliación  y de paz?

En el caso, el Comandante Manini Ríos les impone a los “no creyentes” su personal idea religiosa de la Navidad. Para él, ese su “verdadero” significado. Su deber es respetar a quienes lo sienten distinto,

Ese día, al que el Comandante carga de su sentido original, se ha incorporado a nuestra tradición como día de familia, de reencuentro, de hogar. Así lo vive nuestro pueblo, desde las mas diversas actitudes sobre el tema religioso. ¿Por qué entonces esas invocaciones que dividen, que excitan pleitos viejos? La figura histórica de Jesucristo podría decirse que, salvo para musulmanes y algunos cultos orientales, es respetada universalmente; no así, en cambio, a las Iglesias fundadas en su nombre, que incluso piensan muy distinto y se enfrentan entre sí sobre aspectos éticos fundamentales.

La reiteración de esta actitud es la que molesta. Es más, se supone que el saludo a sus subordinados debiera ser en el fin del año y no el 25 de diciembre. Tiene que entender el señor Comandante que hay mucha gente tan demócrata como él, primero, tan respetuosa de las Fuerzas Armadas como él mismo y a la cual le molesta, le hiere, esas invocaciones. Él pensará que no debiera ser así, pero asuma el hecho como la realidad. Y si no lo comprende cabalmente, que se atenga disciplinadamente a la ley y no hable de otra cosa que paz y familia, valores asentados en nuestra Constitución republicana, democrática y laica.



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