Edición Nº 1092 - Viernes 7 de agosto de 2026

El Banco Central no puede atar dos moscas por el rabo

Por Santiago Torres

El pasado lunes 17, el Centro de Investigaciones Económicas (CINVE), un centro académico al que históricamente estuvo vinculado el actual Ministro Fernando Lorenzo, hizo público un informe donde señala que el Banco Central se encuentra ante “una difícil encrucijada” por una “mayor tensión” entre las presiones inflacionarias y la debilidad del tipo de cambio, que afecta la competitividad de nuestra producción. En mi columna del pasado 4 de mayo llamé a eso “atar dos moscas por el rabo”, “contradicción constante” y “malabares”.

Según el informe de CINVE, la inflación tendencial alcanzó en agosto un nuevo máximo desde 2009. “Esto demuestra que las presiones inflacionarias están lejos de ser controladas, a pesar de la incipiente desaceleración de la economía y las recientes medidas de contracción monetaria”, señala el informe. Entre las causas de esas presiones, el estudio señala los incrementos salariales previstos y el aumento en los precios de los bienes transables, especialmente carne y granos, por la demanda externa.

En la misma columna del 4 de mayo, yo citaba dos factores en la escalada de precios: los salarios y el gasto público corriente. Ignoro por qué los muchachos de CINVE incluyen los precios de los transables (lo que es cierto pero no es una variable sobre la que el gobierna pueda influir razonablemente, salvo que adopte el camino argentino) y no mencionen el crecimiento del gasto corriente que sí está en manos del gobierno y sus mayorías parlamentarias.

La gente de CINVE también subraya las dificultades en materia cambiaria porque podría producirse una “desincronización” con los socios comerciales, especialmente Brasil. Exactamente lo que yo señalaba en aquella columna.

La tensión entre control de la inflación y defensa de la competitividad es resumida en el informe de CINVE del siguiente modo: “Mientras un tipo de cambio cercano a $22 podría aportar nuevas presiones inflacionarias, un dólar en el entorno de $21 podría aportar riesgos de desincronización en términos de competitividad con algunos de los socios comerciales”.

Una vez más, permítaseme la inmodestia de autocitarme: “El Banco Central (...) hace todo lo que puede para lograr atar dos moscas por el rabo: que el tipo de cambio ayude a mitigar el crecimiento de los precios pero, a la vez, que no afecte la competitividad de las exportaciones. El pobre BCU, así, vive una contradicción constante y hace malabares. Pero sus márgenes de acción vienen reduciéndose cada vez más”.

¿Cómo es que el país llega a este punto en que prácticamente deba optar entre controlar la inflación o mejorar la competitividad de nuestras exportaciones? ¿Acaso por infortunadas circunstancias ajenas al gobierno?

Es claro que desde Uruguay no manejamos ni los precios de los bienes transables, ni la tendencia del dólar. Pero, como también he señalado en más de una oportunidad (me da pereza ir a buscar dónde y cuándo lo dije, pero créanme que lo dije), al gobierno sí se le puede y debe reclamar por el modo en que preparara el país para gestionar las contingencias que están fuera de su alcance. En tal sentido, subrayo por enésima vez la responsabilidad de Frente Amplio en el gobierno: fue su opción incrementar el gasto público corriente, en lugar de enfriarlo o recortarlo, aprovechando la expansión de la economía, así como fue también su opción avalar aumentos salariales por encima de la productividad.

Hoy no hay margen para mejorar la competitividad, ya fuere por la vía de reducir impuestos (óptima vía) o aflojar el ancla cambiaria (no tan buena, pero razonable). Si se hiciera, la inflación se desbocaría y el IPC, que sigue casi 2 puntos por encima del techo del rango-meta (el techo es 6% y en agosto el IPC ascendió a 7,9%), rápidamente cruzaría el tenebroso umbral de los dos dígitos.

La economía, como da cuenta el último boletín del Banco Central, se está desacelerando. Ya se habían registrado señales en ese sentido un tiempo atrás, pero la tendencia se viene confirmando. Está en línea con las previsiones de la CEPAL que comenté el pasado 22 de junio. Y ese enfriamiento de la economía terminará trasladándose, tarde o temprano, al consumo, repercutiendo en la recaudación. Si ahora estamos en situación de riesgo, más adelante lo estaremos aún más.

El oficialismo, empero, está en otra. Los diferentes sectores del oficialismo se pasan facturas uno a otros y, en el camino, aumentan un poco más el gasto público porque estamos en época de jolgorio presupuestal por la Rendición de Cuentas. El Poder Ejecutivo, que al menos podría haber previsto políticamente esa circusntancia, optó por no tenerla en cuenta y ahora se ve en figurillas para no “abrir” el articulado de la Rendición de Cuentas y que el gasto corriente aumente otro poquito más.

¿Volveremos a las Rendiciones de Cuenta con gasto cero, que es como tienen que ser? Habrá que esperar a las elecciones de 2014. Entre tanto, yo trataría de no contraer deudas de largo plazo.



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