Ya no es lo mismo
Por Julio María Sanguinetti
La política tampoco se ve tan rosada. Las democracias electorales, en que (salvo la monarquía hereditaria de Cuba) los pueblos siguen eligiendo gobierno, no resplandecen. Como suele decirse, su legitimidad de origen no se proyecta tan claramente hacia el ejercicio.
La prensa es víctima de constantes ataques, que van desde Venezuela hasta la Argentina, pasando por Ecuador. Muy especial es el caso argentino, con un gobierno lanzado, con todos los medios a su alcance, hacia el 7-D (7 de diciembre) en que el diario “Clarín” tendría que desarmar su estructura multimedial, vendiendo aquellas radios y canales de televisión que exceden los márgenes fijados por una ley hecha a la medida del caso, sobre la que aún falta pronunciamiento definitivo en cuanto a su constitucionalidad. Por esta razón, “Clarín” logró un recurso de amparo que vence ese día y que, de no prorrogarse, llevará la situación al rojo vivo.
Esta situación de enfrentamiento nació cuando el paro agropecuario de 2008, en que el gobierno argentino pretendió que los medios, especialmente de televisión, disminuyeran la visibilidad de una movilización que no tenía precedentes por su magnitud. Desde entonces, el gobierno estableció que no existía la “prensa independiente” y que, siendo simplemente “opositora”, merecía su constante ataque. No hay precedentes de un Jefe de Estado democrático que con tan frecuencia, intensidad y virulencia verbal, cuestionara a la prensa de su país. Cuestionamiento, por otra parte, que no ha tenido límites, porque ha incluido —entre otras tantas medidas— la confiscación de los derechos de difusión del futbol y hasta la acusación —hoy desmentida por los exámenes de ADN— de que los hijos adoptivos de la propietaria de “Clarín” eran hijos de desaparecidos, sustraídos a sus padres por la dictadura militar... Estos días el gobierno ha lanzado una campaña difamatoria contra jueces que intervendrían en el asunto y que son trasladados o se van excusando y renunciando.
En otro orden, el Mercosur ha suspendido —al fin de junio— la presencia de Paraguay, luego que un juicio político, tramitado por los cuerpos parlamentarios legítimos, le quitaran su investidura al Presidente Lugo y ocupara su lugar el Vicepresidente constitucional que, como consecuencia natural, no es un usurpador. Los otros tres Presidentes del Mercosur, por sí y ante sí, sin las consultas que impone el tratado constitutivo del bloque, resolvieron suspender a Paraguay y, al mismo tiempo, sin aprobación parlamentaria de la unanimidad de los Congresos, incorporar a Venezuela al Mercosur.
Podrá el juicio político al Presidente Lugo ser un error político, pero nunca un golpe de Estado y no es un detalle menor señalar que de los 125 Senadores y Diputados solamente 5 votaron en contra del relevo del mandatario. Se actuó por simple simpatía política y personal, arrasando la institucionalidad del Mercosur, un proceso de integración que nació en 1991 con enorme expectativa y que, luego de años de avance, se ha ido estancando y desvirtuando.
Si miramos hacia la vida interna de los países, Brasil —pese a su solidez política— vive en estos días un juicio a varios de los jerarcas principales del gobierno de Lula, que han sido procesados y condenados a prisión por el Supremo Tribunal Federal en una causa en que se demostró el uso concertado de dineros públicos para sobornar a legisladores a fin de que votaran determinados iniciativas legislativas.
Chile, mirado en los últimos años como el modelo a seguir, registra un malhumor reflejado no sólo por las protestas estudiantiles sino que la reciente elección municipal adoleció de una abstención de casi el 60% y resultó un revolcón muy fuerte para los partidos de centroderecha hoy en el gobierno.
Venezuela, por su parte, en una elección donde el oficialismo disfrutó de una enorme ventaja en los medios, registró una vez más la victoria del Presidente Chávez pero ahora con la aparición de una oposición vertebrada en torno a un candidato que, por lo menos, pone fin al monólogo presidencial.
Las mejores noticias quizás sean las de México, donde vuelven a alternarse los partidos en el poder y, nuevamente el PRI, con un candidato de la nueva generación.
Persiste entonces la estabilidad económica, aunque con nubarrones en el horizonte, y una democracia que, pese a sus avances, no termina de alcanzar la madurez deseada. Estos años gloriosos de la bonanza, cuyas mieles han endulzado los consumos populares y engordado el gasto fiscal, comienzan a desvanecerse. Sin traumas, por ahora, pero con la sensación algo frustrante de que la fiesta va llegando a su fin y no quedará mucho para el día siguiente.
(Publicado en El País de Madrid, 15 de noviembre de 2012)
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