Edición Nº 1098 - Viernes 18 de setiembre de 2026

¿Y los Derechos Humanos?

Por Julio María Sanguinetti

¿Y los Derechos Humanos?

Las contradicciones del Frente Amplio al analizar la vigencia de los derechos humanos según los criterios ideológicos fueron puestas en evidencia en una columna del Dr. Julio Ma. Sanguinetti publicada en El País de Montevideo. Reproducimos aquí esa opinión.

Los horrores de la Segunda Guerra Mundial y del Holocausto judío, generaron en el mundo la conciencia de que los derechos humanos eran una causa que requería de normas jurídicas, acciones políticas y -sobre todo- de la difusión de una cultura humanística basada en el respeto a la persona.

Desgraciadamente, los avances que el mundo ha cumplido en la materia, contrastan con las constantes violaciones que se sufren. Diariamente asistimos con pesar, desde la negación de genocidios como el judío y el armenio hasta la invocación deformada de los principios inspiradores del humanismo, núcleo esencial de nuestra civilización occidental.

No es el Uruguay una excepción a la regla. Se invocan constantemente a los derechos humanos, pero se callan verdaderas tragedias como la que se ha revelado estos días en la Colonia Etchepare. Imaginar que una jauría de perros mate a una persona internada, a un paciente viejo y desvalido, en un establecimiento público, a cargo del Estado, es algo que hubiera resultado impensable en un país como el nuestro. Ha quedado en evidencia una situación de abandono que configura una real crisis humanitaria, tan grave como el país no conocía en años.

La reacción, sin embargo, no ha estado a la altura de las circunstancias. Las propias autoridades se han refugiado en explicaciones inconsistentes, han pretendido desligarse de sus inocultables responsabilidades y, para variar, hasta han atribuido al pasado todos los males del presente. No han asumido el tema humanitario en juego, la claudicación que significa para una democracia.

A esa actitud especulativa del oficialismo se le sumó el inexplicable silencio de organizaciones militantes de los derechos humanos, que han reducido falsamente esa causa a una mirada sobre los crímenes de la dictadura, soslayando los del terrorismo y -lo que es peor- ignorando las violaciones que hoy se sufren. El pasado es importante, deberán intentarse todas las reparaciones posibles a sus consecuencias, pero ya es irreversible. Las crisis humanitarias de hoy, en cambio, están allí, ante nuestros ojos y hay más indiferencia y gambeteo político que cabal asunción de la responsabilidad colectiva.

Si miramos hacia el mundo, felizmente en Occidente hay una coincidencia en la amenaza que representa la cruzada terrorista del “yihadismo”, pero no hay tanta unanimidad cuando se trata de los caminos para enfrentarla.

En nuestra América, observamos en Venezuela la sistemática violación de todos los principios esenciales de la democracia y de los derechos humanos: los líderes opositores están presos arbitrariamente; la libertad de expresión está conculcada; la justicia ha dejado de ser una garantía para los ciudadanos; el desquicio económico y social ha llevado a las peores tasas de criminalidad del mundo.

Sin embargo, aquí y ahora, hay sectores políticos, como la mayoría del Frente Amplio, que defienden esa violación flagrante de los derechos humanos con la misma cara de piedra con que en su tiempo lo hacían con los totalitarismos comunistas. Viajaban a Rusia, a Alemania Oriental, hasta a la Rumania de Ceaucescu y volvían contándonos las maravillas de esos regímenes opresores que equivalieron en su horror al nazismo. Ahora, observan los atentados del chavismo, escuchan las barbaridades que dice y hace Maduro, y lo defienden -dicen- porque, tontamente, la administración estadounidense consideró un peligro a siete oscuros esbirros venezolanos, en declaración que el propio presidente Obama luego se encargó de descalificar.

Si esta actitud es horrorosa desde el ángulo de los principios resulta farsesca políticamente, en el mismo instante en que el gobierno de Obama levanta la calificación de terrorista al régimen cubano. Sin embargo, el MPP, el socialismo, el Pit-Cnt, algunas ONG, hacen que no ven lo que ven y desnudan así su muy débil convicción democrática.

Ya han pasado 70 años de que el mundo observara con horror las cámaras de exterminio nazi. Hace 42 años que se terminó la guerrilla uruguaya y se sufrió el golpe de Estado. Hace 30 años que terminó la dictadura y 26 que se cayó el Muro de Berlín. Hoy, Raúl Castro y Barack Obama se reúnen y conversan. ¿No se han enterado? ¿Todavía creen que si el gobierno es presuntamente de izquierda, sea en Venezuela, en Uruguay o donde sea, todo vale?

Como decía no hace mucho un gran periodista, esperemos que algún día esto les cueste. Y que la ciudadanía los juzgue por su dualidad, por su arrogancia, por pasarse invocando unos derechos humanos en que, de verdad, no creen, asentados lisa y llanamente en un oportunismo demagógico.



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