¡Voto anti-Lula!

Por Julio Aguiar Carrasco

¿Porqué cincuenta millones de brasileros votaron a Bolsonaro?

Es una pregunta difícil de responder, sin caer en lugares comunes. Brasil tiene una historia política muy particular: está entre las diez o doce primeras potencias económicas en el mundo; tiene una distribución de riquezas tremendamente desigual. El 86% de la población vive en centros urbanos: el estado de San Pablo tiene hoy más habitantes que la Argentina.

Es algunos lugares lejanos, todavía hay trabajo esclavo. Su riqueza es infinita: la República fue declarada a los apurones por las FFAA en 1888, de ahí que en su bandera se lea Orden y Progreso.

¡La elite económica parece ir por un lado y la política por otro!

El sistema que gobierna el Brasil es un rompecabezas. Hay 30 partidos en el Congreso que tiene 513 diputados. El PT sigue siendo el más numeroso con apenas 56 legisladores, ahora seguido por el partido de Bolsonaro con 52 o 53. ¿Y el resto?

En el Brasil negociar para tener mayorías puede salir muy caro. Que lo diga Lula cuando acordó con Temer del PMDB en el 2014 para tener mayoría en el Congreso; y este fue el vice de Dilma.

Se comenta que el nuevo presidente debe acordar con la BBB, para tener mayorías en el Congreso: Buey, por el agro; Biblia por los evangélicos y Balas por los defensores del armamentismo.

En un futuro dramáticamente incierto, que incluye al Uruguay, tengo para mí que el mejor amigo de Bolsonaro puede ser Trump. Hasta porque aquél quiere marcar el liderazgo del Brasil en la región, que no debe molestar al estadounidense, porque parecen comulgar lo mismo en asuntos complejos.

Cuando Lula asumió, mandó construir un submarino atómico. Con la soberbia de siempre, quedaba claro que si el Brasil quería ser potencia mundial, debía tener su propia industria “armamentista” de alta tecnología. Por razones económicas, el submarino nunca se construyó: prefirieron gastar la soberbia en realizar la Olimpíada y el Mundial de Futbol, el mismo año y en el mismo país, con las consecuencias económicas conocidas.

Ya en el 2014 Dilma ganó con solo 3% de ventaja, en segunda vuelta, sobre Aecio Neves del PSDB. ¡Ya comenzaba a observarse el hastío de la gente con el PT!

Dilma se fue de la presidencia con apenas el 11% de aprobación. En esta elección del 2018, salió cuarta en Minas Gerais: quedó afuera del Senado.

La corrupción, gigantesca, quizás superior a la argentina, comenzó en pleno gobierno de Lula con el llamado “mensalao” (mensualidad)- El diputado Jefferson, del PTB, aliado de Lula, hizo la denuncia que salió en la revista Veja: el gobierno pagaba mensualidades a un grupo de diputados a cambio de sus votos. Fueron presos 13 dirigentes del PT, entre ellos Dirceu, mano derecha de Lula; Genoíno, tesorero del PT, etc. Diez dirigentes de los partidos que apoyaban al PT. ¡Eso sí, Lula no sabía nada!

Después vino el lío de Petrobras y el del Lava-Jato. Cayeron casi todos, no solo del PT, sino del PMDB y del PSDB (Aecio Neves, entre otros).

El Juez Moro trabaja con 116 fiscales que han obtenido información en por lo menos 12 países. Ha realizado el mismo trabajo que realizaron los italianos en la década de los 90 contra la mafia.

Metió a Lula preso, como va a ir presa Cristina K, y están siendo procesados los últimos cuatro presidentes peruanos.

El Brasil hace cuatro años que está en recesión. Esto viene de la época de Dilma y continuó con Temer.

El pueblo brasilero, harto de los vaivenes de los Lula, Temer, Dilma, etc. realizó un voto en contra, una votación “anti sistema”.

No fue solo el PT, pero sí el protagonista más importante. Han generado un odio muy grande en el Brasil: está la famosa grieta que va a hacer daño. El discurso de la noche del domingo de Hassad demuestra que esta gente no tiene grandeza.

Nada de esto entienden nuestros progres. Los hechos son los hechos. Con las anteojeras bien colocadas, se limitaron a marcar a fuego a Bolsonaro. El presidente del Frente Amplio, Dr. Miranda, hablándole siempre a la tribuna, pretendió hacer una especie de cruzada contra el candidato, tiltándolo de “Hitler”, etc.

Esto denota la falta de responsabilidad que tiene el Frente Amplio, en asumir la responsabilidad que pesa en cada cargo. ¿Cómo se puede insultar con esa vehemencia a Bolsonaro y, al mismo tiempo, decir que Venezuela es una democracia y que en Cuba se respetan los DDHH?.

La izquierda parece haber perdido el rumbo, se les viene la noche y son una máquina de contradicciones.

Del canciller para abajo no hacen peor las cosas porque no les da el tiempo: lo malo es que nos comprometen a todos.

Se han pasado la vida haciendo esto. Ahora se están yendo de todos lados en nuestra América. Venezuela es un capítulo aparte y complicado.

En esta como en tantas cosas, se requiere cordura, sensatez y sabiduría. Brasil es demasiado importante para nosotros para salir a decir públicamente las cosas que dijeron Miranda o Costanza Moreira.

¡Tenemos que convivir con ello, más allá de lo que pensemos de Bolsonaro! Éste ganó por paliza en democracia; el pueblo habló y legitima al candidato.

Nosotros los vamos a sacar como los batllistas sabemos hacer las cosas: en democracia. ¡Con la militancia y el VOTO! Ya demostraron lo que son: es hora de que se vayan.




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