Venezolandia 2
Por Julio Aguiar Carrasco
Lamentablemente hay uruguayos que no reconocen que la cuestión es entre la libertad y el despotismo
El 27 de junio de 1973, las FFAA de la época clausuraron el Parlamento uruguayo electo por el pueblo en las elecciones nacionales de 1971. ¿Qué fue aquello? ¡Un golpe de Estado!
Cuánta dificultad tiene el FA para entender que, en Venezuela, sólo para comenzar, esto fue lo que sucedió con la Asamblea Nacional. Es cierto que no fue clausurada y anulada, sino sustituida e ignorada por un organismo digitado por Maduro, sin ninguna legitimidad.
También fue nombrada a dedo la SCJ, la Corte electoral, perseguidos los periodistas, proscriptos los partidos políticos, etc.
A pesar de todo esto, los principales dirigentes del Frente Amplio seguían declarando que Venezuela era una democracia. Fue como el título de Sendic, una patética comedia en varios capítulos, que al final…se demostró que no existía.
En Venezuela hay una profunda crisis de legitimidad. Hace 20 años, el chavismo prometió que el Socialismo Siglo XXI iba a traer el reino de Dios sobre la tierra.
Nadie puede creer en un gobierno que deja al país sin medicinas, ni comida, ni libertad: no se puede creer en un líder que vio a Chávez a través de un pajarito o dice, suelto de cuerpo, que estuvo en el futuro y logró ver que les va a ir bien.
No se ha invertido en infraestructura o renovación de equipos. Venezuela producía 3 millones de barriles diarios: ahora no puede producir más de uno, porque los equipos no están en condiciones de hacerlo.
Los precios del barril de petróleo han bajado a nivel mundial, por lo que la era de la bonanza se terminó. Como no tiene con qué pagar sus importaciones, paga con petróleo: le debe 21 mil millones a China y 10 mil millones más a Rusia.
El que crea que estos países no van a estar presentes a la hora de cobrar, es un inocente o un tonto.
La narco-corrupción es muy alta, liderada por los mandos de las FFAA que dirigen todo aquello que genere dinero.
Hay un 1 millón por ciento de inflación anual, una emigración de venezolanos a países vecinos por cientos de miles o millones (según las versiones), una constante violación de los DDHH.
Hay escasez de productos básicos porque, entre otras cosas, las empresas nacionalizadas por el gobierno producen una cuarta parte de lo que lo hacían antes.
Nada de esto aparece cuando uno lee la argumentación de la izquierda para justificar a Maduro. ¡Nada! Por supuesto, toda la culpa es de los Estados Unidos, faltaba más.
Detrás de Venezuela y de Maduro, está Cuba. Esta historia no comenzó hoy con el actual dictador: la Cuba de los últimos 20 años no se entiende sin la Venezuela de Chávez, la consolidación de la revolución Bolivariana no se explica sin el asesoramiento de los dos Castro.
Basta decir que el intercambio comercial pasó de una decena de millones de dólares a U$S6.000 millones un año antes de la muerte de Chávez.
Además, Venezuela le vendía a la Isla a un precio preferencial el suministro de 100.000 barriles de petróleo, el 60% de la demanda de Cuba (ha descendido un 20% con Maduro y su crisis).
Seguramente los cubanos les han enseñado a las FFAA venezolanas, el know-how de la represión. Que Venezuela sobreviva a todo lo que vive, es de fundamental importancia para Cuba.
El dictador venezolano tiene escasa capacidad discursiva, torpeza en sus ataques y baja preparación intelectual. En sus discursos puede invocar por igual a los hermanos Castro, a Sai Baba o a Jesucristo. ¡Se podría hacer un libro con los bloopers que ha cometido!
¿Cómo termina esta crisis? Desde ya que deseamos que no haya baños de sangre, pero debe quedar claro que la neutralidad no existe. Ya se han abierto cuatro oportunidades de negociación y todos fracasaron, porque Maduro no está dispuesto a dar pruebas elocuentes que demuestren que es sincero.
Como dice la Asamblea Nacional venezolana, “rechaza todo diálogo que alargue el sufrimiento”.
La Cancillería del Gobierno del FA hace rato que dejó atrás al Uruguay republicano, ejemplo en el mundo: el tema para nosotros sigue siendo entre la libertad y el despotismo.
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