Edición Nº 1097 - Viernes 11 de setiembre de 2026

Uruguay y la hemiplejia de los organismos internacionales

Por Luis Hierro López

Hizo bien el gobierno al corregir una inicial votación suya de condena a Israel, retomando la línea histórica de nuestro país. Uruguay puede y debe influir para que los organismos internacionales recuperen su imparcialidad y su prestigio.

Es un hecho que casi todas esas instituciones están o estuvieron impregnadas de ideología y que se dejan llevar por las mayorías circunstanciales que conforman muchos países pequeños que, sumados, inclinan la balanza hacia un lado. Israel ha sido el blanco preferido de esas confabulaciones oficiales. En esta misma edición damos cuenta del silencio de esos organismos frente a los atropellos a los derechos humanos que se registran en Irán, en un escenario frecuente en los últimos tiempos, donde hay juzgamientos para un lado y complicidad para el otro.

Durante los últimos 15 años y al haberse plegado al bando chavista, Uruguay perdió voz y prestigio, siguiendo la ola y olvidándose de sus fuertes tradiciones internacionales. El reiterado silencio respecto a las dictaduras cubana, venezolana y nicaragüense, debilitó a la Cancillería uruguaya, otrora prestigiosa por su independencia y su apego irrestricto al derecho internacional.

La actual reacción del gobierno uruguayo frente a una posición equivocada y abusiva - acusar a un pequeño país como Israel, rodeado de naciones caracterizados por sus políticas de discriminación o persecución a las mujeres, es una completa injusticia - es el punto final a la serie de errores que los gobiernos anteriores cometieron en estas materias.

Además, esa nueva posición de nuestras autoridades coincide en el tiempo con una renovada actitud que por suerte se viene registrando en el plano internacional.

Veamos. La reciente resolución del Parlamento Europeo condenando al comunismo a la par que al nazismo por sus crímenes históricos es un hito realmente influyente, que permite centrar el péndulo en su justo medio, tras décadas de inclinaciones forzadas hacia el campo socialista.

En consonancia con esos nuevos vientos, el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas aprobó por 22 votos a favor, entre ellos el de Uruguay, y 3 en contra, una declaración en la que insta al régimen de Maduro a atender las denuncias realizadas por la Alta Comisionada de Derechos Humanos, la socialista chilena Michelle Bachelet y pide elecciones «prontas libres e independientes» en Venezuela. El informe previo de Bachelet reconoce que hay graves violaciones a los derechos humanos en Venezuela, nada que no supiéramos, pero que tiene el valor y el sentido de su procedencia.

Ante esa posible reconstrucción de las orientaciones y las conductas de los organismos internacionales, no es una pretensión desmedida sostener que el pequeño gran país que habitamos tiene una función muy importante. En un pasado no tan lejano, desde principios hasta mediados del siglo XX, Uruguay fue actor principal en el diseño de esas organizaciones y a ellas acudimos con la fortaleza de nuestro principismo y el permanente respeto al derecho internacional que caracterizó a nuestra nación y, también, con el aporte concreto de las grandes personalidades que nos representaban en esas instancias. Debemos volver a esa senda.




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