Edición Nº 1088 - Viernes 10 de julio de 2026

Uruguay ante la revolución científica

Por Julio Aguiar Carrasco

Nuestro país tiene que prepararse para dar un gran salto intelectual e ingresar en la revolución científica y tecnológica que vive el mundo

El fútbol es un buen punto de referencia para analizar las características de una sociedad.

Nuestro país no es una excepción: por razones económicas, los jugadores se van muy jóvenes para Europa y regresan cuando ya no pueden competir en sus Ligas, pero vuelven a jugar acá. Lo increíble es que este país sigue sacando jugador tras jugador en cada generación, con lo que el sufrimiento a nivel local parece eterno.

¿A que nos acostumbramos, casi sin darnos cuenta? A la mediocridad y a la improvisación. Así es como no hemos ganado un título internacional importante desde 1988.

El país todo está en esta situación. Y, por supuesto, la Educación no es una excepción.

La nueva religión del mundo es la ciencia y la tecnología. No se puede hablar de educación sin hablar de ciencia y tecnología.

En 1962, el malogrado presidente Kennedy lanzó el famoso desafío de hacer llegar un hombre la luna, traerlo vivo y sano nuevamente a la tierra; antes de terminar la década.

Por supuesto que Kennedy hacía un desafío en que se jugaba el prestigio de los Estados Unidos, frente a la URSS, que en ese momento los aventajaba. Pero Kennedy iba más allá: sabía lo que significaba un esfuerzo de esa dimensión. Iba a poner a su servicio una maquinaria infernal de inteligencia y esfuerzo a su servicio.

325 mil científicos terminaron trabajando en la empresa. Todo se removió y hoy destacamos, como detalle muy menor, el velcro, el microondas y tantos otros artefactos similares. ¡Quizás lo más importante fue la miniaturización, que determinó que hoy tengamos los celulares!

A raíz de este despliegue y desde 1965 el ingeniero Gordon Moore estableció la ley que lleva su nombre hasta nuestros días. Durante diez años, Moore midió la cantidad de transistores que se utilizaban en los circuitos digitálicos. Y se dio cuenta de que aumentaban fenomenalmente cada año: desde 1975, comenzó a realizar la medición cada dos años.

¡La cifra de crecimiento exponencial es escalofriante! 18 trillones de veces crecieron la cantidad de transistores utilizados por el ser humano en este tiempo.

Todo lo demás aumentó en cifras normales, un crecimiento gradual.

Sostienen los psiquiatras que hasta los cerebros más brillantes sufren las consecuencias emocionales de este desarrollo exponencial.

Los viejos libros de futurología que se editaban en los Estados Unidos (cuando digo viejo hablo de hace 40 años), hablaban de que los transistores eran eternos porque así lo era la arena de silicio con el que estaban construidos.

Esto también está por terminarse. El grafeno, carbono puro, que forma parte del grafito, es la sustancia que sustituirá al silicio en la fabricación de chips y microchips.

Resultado: computadoras más rápidas, pantallas más pequeñas y flexibles. Transmite la electricidad 100 veces más rápido que el silicio.

Al grafeno se le conoce desde 1930, pero recién en el 2004 se consiguió aislarlo a temperatura ambiente (hace solo 14 años)

Su utilidad es casi ilimitada, desde edificios, satélites, celulares, computadoras, etc.

Los americanos están en Marte, los rusos van a la luna y los chinos a la cara oscura de esta última. La mejor expresión aventurera del hombre se sigue manifestando en todos los terrenos.

José Pedro Varela colaboró esencialmente a forjar la democracia moderna en el Uruguay. Tenemos que preparar el terreno para que la próxima generación forje el Uruguay del futuro.

Para eso, precisamos encarar un gran cambio cultural. Así como Kennedy lanzó un desafío que involucraba a todos los norteamericanos, nosotros debemos lanzar un desafío similar a la hora de encarar una reforma educativa sin la cual este país no tendrá destino.

Todos debemos madurar para poder dialogar constructivamente. De otra manera será una guerra: en lo personal y por lo que significa una reforma educativa, si hay que tenerla, la tendremos.

El Uruguay carece hoy de un proyecto nacional, de una política de Estado en este tema. Esto es un error porque el tema de la ciencia ya no es para una elite. El sistema educativo debe facilitar la adquisición de la cultura científica a nivel general.

Las nuevas generaciones deben tener la capacidad de mutar a lo largo de su vida. Las cosas van a seguir un ritmo de cambio tremendo al que deberán ajustarse si no quieren quedarse rezagados. No se trata si es neoliberalismo, socialismo, derecha o izquierda. El mundo de la ciencia y la tecnología es así y no esperará al que no entendió nada.

Sin darnos cuenta, vivimos en la mediocridad y en la chantada. Se confunden cosas como si aceptar torpezas fuese ser populista y amante del pueblo. Se nos quemaron todos los papelitos y el país perdió aquella increíble excelencia que demostraba en casi todos los aspectos.

Hay muchas cosas por hacer. ¡Pero la educación es clave y por allí hay que comenzar!



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