Unidad de Italia, Roma capital

Por Daniel Torena

El 20 de setiembre de 1870, se concretaba la entrada del Ejército del Reino de Italia a la histórica Ciudad de Roma, llamada "La eterna". Culminaba un largo y muy complejo proceso iniciado por los nacionalistas italianos del Movimiento del "Risorgimento" o Resurgimiento, que según los historiadores comenzó en los círculos liberales italianos contrarios a lo resuelto por el Congreso de Viena luego de la caída de Napoleón en Waterloo en 1815.

Italia había quedado dividida -por el Congreso de Viena- en siete Estados Monárquicos, con tres Ducados en el norte y centro que controlaba el Imperio de Austria con duques designados por la Familia Imperial de los Habsburgo y su Canciller el Príncipe Metternch, el mayor enemigo del nacionalismo y de los liberales. Entre 1819 y 1849, se desarrollaron muchos movimientos nacionalistas y liberales que luchaban por constituciones liberales y por la causa de la Unidad de Italia, que fracasaron y fueron duramente reprimidos en toda Italia.

Habrán tres figuras claves para la Unidad de Italia: el General Giuseppe Garibaldi, el Conde de Cavour y el Rey Víctor Manuel ll. De orígenes e ideas diferentes pero unidos por su amor por la gran causa nacional, la Unidad de Italia. Garibaldi era republicano y anticlerical, contrario a las jerarquías de la Iglesia Católica (liberal pero creyente); Cavour era un noble muy culto y un estadista liberal y masón, no era contrario a la Iglesia pero su gran sueño era ver a Roma como Capital de Italia, era monárquico constitucionalista; el Rey Víctor Manuel ll del Reino del Piamonte, era un monarca moderado de tendencia liberal y católico. Todos soñaban con una Italia unida y con Roma como su capital eterna irrenunciable.

En 1860, el General Garibaldi y su Ejército logra llegar a el Reino de las Dos Sicilias, que abarcaba la Isla de Sicilia y Nápoles y era gobernado por los Borbones, con el Rey Francisco l que se opuso militarmente pero fue derrotado por el General Garibaldi, el cual apoyó públicamente al Rey Víctor Manuel y al Conde de Cavour en un plebiscito que logró la incorporación del Reino de las Dos Sicilias a Italia y en marzo de 1861.

El General Garibaldi armó planes militares para conquistar Roma. El Papa Pio IX solicitó ayuda al Emperador de Francia, Napoleón III, el cual mandó un gran Ejército a proteger los Estados Pontificios y al Papa. El Reino de Italia convenció a Garibaldi de evitar por el momento una guerra abierta contra Francia y el Papa aliados. Finalmente, la Guerra Franco-Prusiana en 1870, obligó a Napoleón III a retirar su Ejército de Roma, para aumentar su poder militar contra la poderosísima Prusia, que era una máquina moderna de guerra perfecta y será la mayor potencia militar de Europa.

Ante la retirada de los franceses de Roma, el Rey de Italia Víctor Manuel II envió una carta al Papa Pio IX, en la que le solicitaba que quería una solución pacífica al conflicto con la Santa Sede y que los soldados papales y la Guardia Pontificia no atacaran las tropas del Ejército Italiano al entrar en Roma. Se produjeron manifestaciones populares en diversos puntos de Italia y en Génova, Turín, Milán, Florencia y Siena, pidiendo al Rey la conquista militar de Roma. El Rey le informaba al Papa que si actuaba pacíficamente se comprometía a protegerlo y respetar su dignidad Pontificia. El Papa había hecho consultas a los Embajadores de la Reina Victoria del Reino Unido y del Gran Reino de Prusia que se transformó en el Imperio de Alemania, al derrotar a el Ejército francés de Napoleón III que abdicó y en el Palacio de Versalles el Rey de Prusia se trasformó en el Primer Emperador del Imperio Alemán, obra cumbre del ilustre Canciller Príncipe Otto Von Bismarck verdadero artífice de la Unidad Alemana en 1871.

El Papa Pio IX se negó rotundamente y mandó a defender Roma. El Rey Víctor Manuel II ordenó al Ejército Italiano al mando del Comandante en Jefe General Raffaelo Cardona conquistar Roma con la menor cantidad de pérdidas de vidas humana posible. El 11 de setiembre avanzó lentamente esperando una entrada lo más pacífica posible. El 19 de setiembre el Ejército Italiano puso sitio a la Ciudad Eterna, el Papa ordenó al Ejército "Zuavo" a oponer resistencia. El 20 de setiembre, después de un bombardeo preciso con cañones de tres horas en la mañana temprano, se logró abrir un boquete grande en la histórica "Muralla Aurelia". Los Regimientos de Bersaglieri avanzaron hacia el interior de la Ciudad, por la "Vía Pía" ahora llamada "Vía Pía del 20 de Setiembre", en unos escasos enfrentamientos murieron en combate 49 soldados italianos y 19 zuavos o soldados papales. El Papa abandonó la Ciudad y el Palacio del Quirinal (actual Palacio Presidencial de Italia, Roma) y se refugió en el Vaticano protegido siempre por la fiel Guardia Suiza y no fue atacado y respetado su decisión de estar dentro del Vaticano. Poco después el Pueblo de Roma y del Lacio, en un gran Plebiscito votó mayoritariamente pertenecer al Reino de Italia.

El Rey le ofreció al Papa una indemnización económica y el reconocimiento de Soberano del Vaticano, pero el Papa Pio IX se mantuvo fiel a su poder temporal, el cual había sido otorgado por el Rey Pepino Rey de los Francos en el año 754 D.C y reafirmado después por el Emperador Carlo Magno, hijo del Rey de los Francos y coronado como nuevo César de los Romanos por el Papa y a su vez este confirmado a perpetuidad como Soberano o Monarca absoluto de los Estados Pontificios, que abarcaban a Roma y todo en centro de Italia actual.

Los Papas habían reinado los Estados Pontificios durante 1.116 años consecutivos, el Papa Pio IX, al considerarse un "prisionero en el Vaticano", creaba un gran conflicto diplomático para el Estado Italiano.

La llamada "cuestión romana" fue una preocupación permanente para el Gobierno del Reino de Italia, aunque el mismo fue rápidamente reconocido a nivel diplomático por las grandes Potencias de Europa, como los Imperios de Alemania, Reino Unido, Rusia, Austria, Francia, de América los EE.UU y la mayoría de los Estados Iberoamericanos. Muchas naciones católicas reconocían también a Italia como al Papa y a la "Santa Sede" y apoyaban manteniendo sus embajadas o misiones diplomáticas.

Los Papas posteriores tuvieron lazos reservados diplomáticos a través de la nobleza romana, fiel a la Casa Pontifiicia, donde estaban los Príncipes de Orsini y Colonna, los Duques de la Rovere y otros nobles, contactos con la Casa Real, en carácter de informales o de buenos oficios cosa que siempre apoyaron los miembros de la Familia Real Italiana que eran católicos.

Finalmente, el 11 de febrero de 1929, durante el Pontificado el Papa Pió XI, se llegó a un acuerdo general completo entre el Reino de Italia y la Santa Sede, negociado por el culto y diplomático de carrera, Cardenal Pietro de Gasparri por la Santa Sede, y el Primer Ministro del Reino de Italia Benito Mussolini, en nombre del Rey de Italia Víctor Manuel III. En el Tratado de San Juan de Letrán el Reino de Italia reconocía la Soberanía plena de la Santa Sede y al Papa como Soberano del Estado del Vaticano. Se establecía un Concordato con el principio de "Iglesia Libre en Estado Libre", como a la Iglesia Católica con protección jurídica estatal en Italia que siempre se había mantenido, una indemnización económica de Italia a la Santa Sede.

A través del concordato, el Papa acordó enviar a los candidatos obispos y arzobispado al Gobierno de Italia, requerir que los obispos jurasen lealtad al Estado italiano y prohibir al clero la participación en la vida política italiana. Italia acordó respetar con leyes el matrimonio y sobre el divorcio de acuerdo a lo establecido por el Derecho Canónico de la iglesia y los miembros del clero quedan exonerados del servicio militar obligatorio, comprometiéndose a mantener los Capellanes Castrenses de todos las Fuerzas Armadas, Carabinieri y Policía Nacional de Italia.

De esta forma quedaba solucionado completamente el conflicto diplomático entre la Santa Sede y el Reino de Italia.

Posteriormente a la Segunda Guerra Mundial, en un gran referéndum solicitado sobre la forma de Gobierno del Estado, la ciudadanía italiana votó dejar de ser una monarquía constitucional y fue proclamada formalmente República Italiana el 18 de junio de 1946. Todos los Gobiernos republicanos italianos sean demócratas cristianos, socialistas, conservadores o de coaliciones de centro izquierda o centro derecha, han respetado siempre el Tratado de San Juan de Letrán con la Santa Sede, las Fuerzas Armadas y de Seguridad de Italia, rinden honores de Jefe de Estado al Papa en Pascua, Navidad y otras Festividades Oficiales, como también le proporcionan los traslados al Papa y la defensa externa del Vaticano, en coordinación con la Guardia Pontificia integrada por la Guardia Suiza la más antigua de Europa, con más de 500 años de antigüedad y la Gendarmería Vaticana. Italia es miembro fundador de la Unión Europea y de la OTAN, Organización del Tratado del Atlántico Norte.




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