Edición Nº 1079 - Viernes 1 de mayo de 2026

Una prueba exigente para nuestra democracia

Votar siempre es bueno, pero cada elección deja enseñanzas y provoca desafíos a la propia democracia. En este caso de las elecciones internas de los partidos, se han registrado algunas novedades negativas y se han confirmado anteriores tendencias, lo que nos hace pensar que Uruguay debe hacer importantes esfuerzos para seguir cuidando su República. Repasemos algunos aspectos principales.

1) Adelantamos la publicación de “Correo de los Viernes”, a pesar de que, en rigor, la veda refiere a la publicidad y no a la difusión de las ideas. Deseamos, empero, contribuir a la aplicación estricta de la ley, que lamentablemente ha sido violada en términos groseros por algunos candidatos. Ese es precisamente uno de los aspectos negativos que deja la campaña, ya que los partidos —o sus representantes— son quienes se autoimpusieron algunos controles, por lo que son las colectividades políticas y sus líderes los primeros que deben garantizar el cumplimiento de las normas.

2) Se ha dicho que esta es la elección de las fake news, aludiendo a las campañas sucias que se han desarrollado. Repudiamos esas prácticas que envilecen la convivencia ciudadana y que imitan comportamientos negativos que se observan en el mundo. Pero la difamación del adversario no es, lamentablemente, una novedad. El Dr. Sanguinetti recordaba estos días cómo se infamó a Luis Batlle Berres en 1958, acusándolo indebidamente de poseer fastuosas propiedades en Miami. Las redes potencian ahora esos actos de maldad, por lo que hay que defender mucho la transparencia y la veracidad de las propuestas políticas.

3) El financiamiento electoral está en el fondo de todo esto. El régimen legal no ampara el soporte del Estado en esta instancia de las elecciones internas, lo que es un error, porque se trata de una actividad fundamental. Aunque sabemos que hay sectores de la opinión que —con legítima preocupación— pueden criticar el gasto, el financiamiento permanente de los partidos es, por el contrario, una inversión de interés nacional. Obviamente, con reglas equitativas, muy diferentes a las que propone el Frente Amplio para beneficiarse como mayoría circunstancial en un proyecto de ley que no ha sido finalmente aprobado. La ausencia de financiamiento estatal ha provocado en esta instancia que haya una notable e injusta diferencia en las frecuencias de las campañas propagandísticas. La aparición de empresarios millonarios que creen que sólo con plata pueden ser candidatos es otra distorsión muy preocupante, no porque los empresarios estén vedados, sino porque ataca a la esencialidad de la democracia creer que con dinero se pueden comprar las conciencias.

4) La fragmentación del sistema es, quizás, la señal más negativa de este tiempo. Europa está atravesando problemas de gobernabilidad que se deben, precisamente, a las divisiones y sectarismos. Nadie puede oponerse al derecho que tienen los ciudadanos a crear nuevos partidos, pero esas mismas personas deberían pensar qué influencia real tendrán luego, cuando apenas logren un diputado o un senador, quedándose aislados y sin vigor político. Hay mucho de vanidad y de egoísmo cívico en esas aventuras personalistas que terminan, casi siempre, siendo efímeras. Los votantes de esos partidos deberían pensar no sólo en esta elección, sino en lo que ocurrirá en 2020, en cómo se armarán las coaliciones y en cómo se gobernará, que es la cuestión crucial en toda coalición.

5) Ha sido notoria la ausencia de ideas y propuestas claras por parte del oficialismo que, siendo en principio el favorito para ganar la elección nacional, debería estar exponiendo con claridad sus propuestas. Ocurre todo lo contrario, sobre todo cuando habla el candidato supuestamente mayoritario, el ingeniero Daniel Martínez, experto en vaguedades y simplezas. Cualquier reportaje que se le haga termina, de parte del lector u oyente, con una enorme sensación de vacío. No sabemos lo que piensa en realidad quien tiene chances de dirigir al país desde marzo próximo. Cuando amagó a criticar al régimen totalitario de la URSS —y no por sus crímenes y atentados a los derechos humanos, sino por su centralismo económico— tuvo que retractarse lastimosamente porque sus compañeros comunistas se molestaron. Esa situación grafica con elocuencia la pobreza intelectual y política que nos ofrece el continuismo.

6) Estas elecciones internas van a registrar, también, la recuperación del Partido Colorado, una constancia que no sólo interesa a sus adherentes, sino al país en su conjunto. Un Partido Colorado vigoroso le hace bien a la democracia. Y creemos con sinceridad, lo que se confirmará en las próximas jornadas y hasta la culminación del proceso electoral en noviembre, que la vieja colectividad de Frutos Rivera y Batlle y Ordóñez está otra vez en la senda del protagonismo decisivo.



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