Edición Nº 1083 - Viernes 5 de junio de 2026

Una niña y la guerra

Por LA LIBRERIA

Ladrona de Libros. Lumen - Octava edición. 531 páginas.

Markus Zusak es joven escritor nacido en Sydney, Australia, premiado en su país por su obra Yo soy el mensajero. En este libro, llevado al cine –que se inspira en sus padres, quienes vivieron en Alemania y Austria durante la Segunda Guerra Mundial- nos presenta la historia de una niña alemana, Liesel, que vive en un pueblo cerca de Munich con sus padres de acogida en los peores años del nazismo.

Liesel se obsesiona con los libros aún antes de aprender a leer, como cuando roba el primero - “Manual del Sepulturero” (Doce pasos para ser un buen sepulturero, publicado por la Asociación de Cementerios de Baviera) que luego descifra (lee) con Hans, su padre adoptivo, hombre tierno, pintor de brocha gorda y ejecutante, sin mayor éxito del acordeón. Su esposa Rosa se dirige a él como Saukerl (imbécil) y a Liesel, llamándola Saumensch (cochina). La esposa del Alcalde que no le dirige la palaba a la pequeña cuando va y viene con ropa para lavar y planchar, tarea que hace Rosa , pero que un día sorprende a Liesel invitándola a visitar su vasta biblioteca.

Aparecen luego distintos personajes, entre ellos sus amigos niños y adolescentes como ella, con quienes comparte futbol, travesuras y penas. Si por travesuras se puede llamar a quien roba manzanas para saciarse el hambre. Entre ellos Rudy, obsesionado con el atleta negro estadounidense Jesse Owens, Max, el niño boxeador judío que debe permanecer escondido en el sótano de la casa de Hans y Tommy, que sufría de otitis crónica.

No es un libro sobre el Holocausto sino sobre una niña que, durante la Segunda Guerra Mundial, descubre el placer de la lectura y el horror de la guerra, con descripciones precisas, cortantes y hasta crueles de personajes y lugares: “La pálida y famélica niña estaba a unos diez metros a mi izquierda. Le castañeaban los dientes. Tenía los brazos cruzados y congelados. Las lágrimas se habían helado sobre el rostro de la ladrona de libros”.

“En general, la calle era un alargado tubo gris, un pasillo húmedo lleno de gente encorvada por el frío y salpicado de tenues pisadas”.

En definitiva un libro que provocará sentimientos encontrados y emociones, que valer la pena leer.



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