Edición Nº 1072 - Viernes 13 de marzo de 2026

Un triste 25 de Agosto

Por Julio María Sanguinetti

Como si al 25 de agosto no le faltaran polémicas históricas, el de 2017 se ha hecho memorable.

Ante todo, porque oficialmente pasó totalmente inadvertido. Nadie dijo nada. Ni un comunicadito, ni un saludo presidencial, ni una alocución de alguien de la cultura, aunque más no fuera en la cadena de televisión, que solo se usa para propaganda. Nada que alterara el fin de semana largo. Por lo que sabemos, tampoco hubo nada importante en los centros educativos, ya acostumbrados a pasar página de las fecha patrias, preocupados —eso sí— con la historia reciente en versión tupamara.

Luego vino la suspensión del clásico acto oficial. La Intendencia de Florida comunicó que “en coordinación y común acuerdo con el señor Presidente Doctor Tabaré Vázquez Rosas” se suspendían las celebraciones dadas las advertencias metereológicas que ponían en riesgo a mucha gente, por la gran movilización que suponía. El Intendente, con lógica institucional, igualmente anunció que colocaría una ofrenda floral en el sitio histórico. Realmente fue un error: podrán las condiciones metereológicas condicionar el acto en sus dimensiones, pero no es posible dejarlo pasar sin la menor señal. Si el Presidente no puede ir, que vaya el Vice. Y si el Vice está ocupado —como era el caso, en su propio Carnaval—, que vaya el Ministro de Educación y Cultura, pero no hacer nada ni decir nada, es un inadecuada decisión.

Por supuesto, se dieron otros dislates, como el comunicado de la Intendencia de Durazno que hablaba del aniversario “de la Jura de la Constitución”, convenientemente hecho desaparecer, nos imaginamos que por el Intendente cuando advirtió el resbalón de su de su oficina de prensa.

La fecha en sí volvió a generar polémicas. Algunos historiadores hicieron declaraciones estableciendo lo que todos sabemos, o sea, que la real independencia de la República Oriental del Uruguay, tal cual la conocemos actualmente, es el 4 de octubre de 1828, cuando se canjearon las ratificaciones de la Convención Preliminar de Paz que ponía fin al conflicto que enfrentaba al Imperio de Brasil y a las Provincias Unidas por la Provincia Oriental, instalándose entonces la soberana Asamblea Constituyente y nombrándose un gobierno provisorio. Por esta razón, en su momento propusimos , con poca suerte, que se mantuviera esa fecha gloriosa, que marca la independencia con respecto a Brasil, pero que no siguiéramos hablando de “LA fecha de la independencia” , así en singular, porque no lo era, ya que la tercera ley nos unía a las provincias rioplatenses. Es más, para superar de una buena vez el conflicto entre el 25 de agosto y el 18 de julio, proponíamos que la mayor fecha patria fuera una artiguista, como el Congreso de Abril, donde se dictaron las célebres Instrucciones, institucionalmente fundacionales de lo que hoy es nuestro país.

No faltó tampoco la palabra del historiador Guillermo Vázuqez Franco que vituperó de la fecha, porque en ella la “Argentina fue mutilada con una provincia menos” y se frustró “la reunificación con mi patria”. Notoriamente este autor antiartiguista se sigue considerando “argentino oriental” (como la proclama de Juan Antonio Lavalleja) y dice que el 25 de agosto habría que lucir la bandera argentina.

Para completar el panorama, ya el Frente Amplio, que ha tergiversado todas las fechas histórica, había inventado la irreverencia de que el 25 de agosto sea el “Día del Comité de Base”, entreverando fecha patria y actividad partidaria. Lo que dio lugar este año al aquelarre de la gira vicepresidencial por los comités, que resultó algo patético. Se contradijo varias veces. Incurrió en el lamentable lapsus de hablar de la fecha del “25 de agosto de 1925”, que solo aclaró tarde. Defendió su gestión en Ancap, al punto de atribuir su mejor desempeño actual a su gestión pasada y no al hecho indesmentible de que el directorio actual ha sacado ventaja de la diferencia entre el precio internacional y aquel que cobra en el mercado interno y en modo alguno a las “inversiones” dispuestas por Sendic, que —es sabido— le siguen generando dolores de cabeza. Insistió en su tesis de que no se han encontrado delitos, cuando el tema hoy es moral y no delictivo y cuando si hay delito o no aún no lo ha dicho ningún juez. Culminó diciendo que “la única manera de salir de ese lugar (la Vicepresidencia) es que el pueblo, la Constitución y la ley” lo digan. Con lo que vino a decir que, aunque espera el pronunciamiento del tribunal frentista, “hasta el último día” estará de Vicepresidente.

Realmente, fue un desatino montar esta gira con la fecha patria, que si ya estaba opacada, pasó así al olvido absoluto, porque los titulares se anclaron en que si no es por la Constitución no lo saca nadie. Lo que motivó que el arquitecto Arana dijera que le sorprende esa declaración cuando Sendic mismo pidió voluntariamente la intervención del mentado tribunal.

Todo fue patético. Triste. Decadente.



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