Edición Nº 1097 - Viernes 11 de setiembre de 2026

Un proyecto agotado

Por Luis Hierro López

El modelo frenteamplista se agotó. Funcionó en parte mientras ayudó el viento de cola de la economía internacional. Pero ahora que el país no tiene recursos, la coalición gobernante recurre, en contra de sus promesas, a los agotados bolsillos de los trabajadores y de los jubilados. No hay ideas de fondo para el destino del país y se terminaron los sueños.

El Frente Amplio no ha cumplido con sus propuestas históricas, esas que unificaron a los partidos así llamados de izquierda, como la nacionalización de la banca y la reforma agraria. Llegado al gobierno en 2005, el Frente ratificó las líneas principales de la orientación macroeconómica del país –lo que fue bueno para Uruguay– y colgó en su museo aquellas engañosas premisas.

A cambio de esas renuncias, propuso un modelo que supuestamente iba a mejorar la distribución de la riqueza, lo que no se ha confirmado tras 12 años de gestión, dado que en esa materia el resultado es similar al del promedio histórico del Uruguay, con la precisión de que la transferencia de recursos a los sectores más débiles no vino acompañada de medidas de fondo para recuperar a las personas de la pobreza. El Frente Amplio creyó que con más recursos financieros y con los planes sociales alcanzaba, pero abandonó la opción educativa, un error imperdonable. El Frente maquilló la pobreza, no la combatió auténticamente y la brecha y la fragmentación social se han agudizado.

Tanto en salud pública, como en la enseñanza o el manejo de la policía, los gobernantes creyeron que gastando más iban a resolver todos los problemas. Aumentaron en forma escandalosa la cantidad de funcionarios, despilfarraron recursos que salen de nuestros bolsillos y se olvidaron de mejorar y controlar la gestión, con los pésimos resultados conocidos. En esas tres áreas clave del Estado es notorio que hemos retrocedido y, como ya dijimos, el fracaso educativo es el que provocará más daño al futuro del país. La hipoteca que nos deja el Frente Amplio en este punto es desastrosa y habla muy mal de su verdadera condición ideológica.

Entre esa propensión a aumentar el gasto y la intención de “prender velitas al socialismo”, esa que promovió el ex presidente Mujica, el país vio con asombro cómo se fundió Ancap, se cerró Pluna y como el Fondes entregó descontroladamente enormes recursos sin destino, promoviendo proyectos insustentables que no aseguraron empleo ni mejoraron las exportaciones del país.

Tampoco ha sido ejemplar ni parecido el comportamiento ético de algunos gobernantes, llegándose al avergonzado extremo de negarse el oficialismo a ser investigado en el Parlamento. Los turbios negocios con Venezuela deben ser una llaga ardiente para los frentistas que crean todavía en la honestidad, que deben ser muchos, por lo que ni siquiera pueden invocar aquella supuesta superioridad moral que agitaban siendo oposición.

No hay proyectos claros sobre el porvenir de la educación, las cuestiones productivas o las proyecciones tecnológicas.

El Frente Amplio no tiene un criterio unificado sobre la inserción internacional, un asunto absolutamente principal para un país pequeño. No sabemos para dónde vamos y en medio de las discusiones, perdemos todos los trenes.

Sufrimos una especie de orfandad del futuro.

Es claro entonces que el frentismo ha agotado su modelo de gobierno. Hizo algunas cosas buenas y otras cosas malas, pero ya no puede ofrecer nuevas perspectivas. Se nota a sus líderes y representantes acomodados al poder, pensando más en cómo permanecerán en él que en convocar a nuevas ideas y a alcanzar nuevas metas, descreyendo de todo impulso reformista.

Viene por lo tanto un tiempo de cambios.



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