Edición Nº 1105 - Viernes 6 de noviembre de 2026

Un irrepetible

El currículo nos dice que a los 88 años de edad murió un señor Julio Sánchez Padilla nacido en 1932 en Santa Lucia, ex juez de básquetbol, durante 47 años conductor del programa de televisión "Estadio Uno" y exitoso empresario, dueño de la empresa CITA y ex Presidente de la Cámara de Transportistas Urbanos. También se agrega que fue militante colorado e incluso candidato a Intendente por Canelones.

Si hay un caso en que el currículo no dice nada es, justamente, el caso de nuestro amigo Julio Sánchez Padilla, porque su mayor obra era su propia vida, su estilo, su personalidad, su autenticidad. Decía lo que pensaba y hacía lo que decía. Fue un hombre libre, sin ataduras ni convencionalismos.

Su famoso programa, que atesoraba filmaciones de miles de goles, era una charla colectiva por entonces inédita y cuyo sello se vinculaba indisolublemente a su estilo: frontal, abierto, sin concesiones. En un tiempo en que los formatos predominan y producen estereotipos prefabricados, "Estadio Uno" no tenía nada que ver con lo habitual ni lo políticamente correcto. Era la vida cotidiana, el debate de los amigos llevado a la pantalla sin ningún adorno. Y en él, dueño de casa, se resumía un formidable show.

Lo mismo podría decirse de su etapa de juez de básquetbol, en que manejaba el partido a su imagen y semejanza, con gestos espectaculares, arengas y un dominio absoluto de la escena.

Como empresario lució por su iniciativa, su liderazgo, su capacidad. Por su dinámica particularísima, solía chocar y luego acordar con espíritu abierto y generosidad.

No fue distinto en la vida política. No la ejerció como político a tiempo completo sino como un luchador por sus ideas que aparecía cuando hacía falta, que nunca escondió, en ningún ámbito, su coloradismo y su batllismo. En tiempos difíciles, que los hubo, su voz siempre resonó.

Con Sánchez Padilla no había cosmética. Todo estaba a la vista. Era él y él, con sus opiniones, con su carácter, con su espíritu de lucha.

Fue un irrepetible. Es un irrepetible. Y decirlo así no es simplemente una caracterización sino un tributo admirativo a un personaje entrañablemente uruguayo, en la mejor dimensión de nuestra cultura.

A su familia, a la que formó y cuidó con devoción, lléguele nuestro profundo sentimiento de pesar.

J. M. S.

 




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