Edición Nº 1076 - Viernes 10 de abril de 2026

Un héroe silencioso

Por Julio Aguiar Carrasco

Siempre tuve la sensación de que estábamos en falta con Baltasar Brum.

No solo porque pudo haber sido uno de los políticos más brillantes del Partido Colorado a lo largo del siglo XX. No sólo porque ocupó todos los cargos del Gobierno: Presidente, tres veces ministro y, hasta en una ocasión, el propio Batlle y Ordóñez tuvo que esperar que cumpliera la edad estipulada por la Constitución, para designarlo como ministro.

Estamos en deuda porque Brum dio lo más preciado que tiene un ser humano para dar en la lucha por sus ideas: ¡la vida misma! Y la dio por las Instituciones democráticas, por la República, por la libertad, en fin y en resumen, por lo mejor del Uruguay.

Es más, Brum quiso proteger todo lo que el país había conquistado con los años del batllismo. Sabía que el Golpe de Estado era una regresión: que lo primero que se iba a conculcar era la libertad.

El lugar del drama fue Río Branco casi Colonia. Brum integraba desde 1931, el Consejo Nacional de Administración, un híbrido (no un Colegiado), producto de un gran acuerdo nacional.

Hay una placa en la puerta de la que era su casa. ¡Tuve el honor de hacer uso de la palabra cuando la descubrimos, allá por 1986 u 87!

Brum estuvo varias horas solo parado allí, en la puerta, armado, esperando. ¿Qué esperaba? Una reacción popular o que aparecieran las Fuerzas Armadas para impedir el Golpe.

Por su mente, en aquellas horas tensas y solitarias, habrán pasado como ráfagas de sueños, los años gloriosos en que el batllismo había construido la democracia moderna en el Uruguay. Años difíciles, sin duda: de mucha incomprensión, éramos una sociedad muy conservadora (lo seguimos siendo), cada cambio significaba una muy dura batalla.

Pero también, años hermosos porque se había construido la sociedad moderna, un estilo de vida que continuó durante décadas marcando sanamente a los uruguayos.

No olvidemos además que Brum realizó todo ese trabajo con Batlle y Ordóñez, a quien admiraba inmensamente y con quien compartió la enorme transformación.

Cuántas anécdotas, cuántas decisiones, cuánta esperanza. Brum había estado en la trinchera mayor y más importante del batllismo durante dos décadas, desde que Batlle lo llamó para designarlo ministro. ¡Si habrá tenido motivos para recordar con una enorme nostalgia todo lo vivido!

El Uruguay se había transformado en un país modelo. Desgraciadamente, vino la depresión del 29 y el mundo entero sintió el cimbronazo: nosotros, pequeños, no íbamos a ser la excepción.

Los reaccionarios, los enemigos del batllismo entre los cuales estaba el propio Terra, algunos de los cuales eran fascistas y otros luego serían nazistas, se dieron cuenta que había llegado su momento y apuntaron al cuello.

Qué tristeza habrá sentido Brum al verse rodeado solamente por ocho o diez correligionarios. La gente que se agolpó en 18 de Julio, lo hizo solo para ver el drama; la Policía cuidaba que la situación no se les fuera de las manos…

La desilusión por un pueblo que no defiende las grandes causas, debió ser muy fuerte para un hombre que hasta se había batido a duelo, defendiendo sus ideas.

Sin embargo, en aquella inmensa soledad, Brum mantuvo una lucidez notable. Aquella figura pálida y triste, a pesar de la situación, era la República misma; comprendió que si no se mataba, la dictadura estaría en el Poder quince años: si lo hacía, la iba a estigmatizar, tanto que solo duraría cinco.

¡El tiempo le daría la razón a Brum!

El grito de ¡Viva Batlle!, ¡Viva la libertad!: y el disparo que le siguió, en medio de la desértica calle Río Branco, inundó al Uruguay entero y nos recordará para siempre la enorme deuda que los demócratas tenemos con Brum.

En esa decisión, en esos sus últimos pasos, en la noble actitud de mostrarse solo en medio de la calle, llevando hasta las últimas consecuencias aquel drama humano, Brum no pidió nada, no dejó una carta escrita, no quiso negociar ni irse del país.

Los colorados ni siquiera realizamos un pequeño homenaje este 31 de marzo pasado. Es una mala señal: no podemos ignorar u olvidar la gente que como Brum, construyó el país y dignificó al Partido Colorado.

¡Viva Brum! ¡Viva Batlle!



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