Edición Nº 1079 - Viernes 1 de mayo de 2026

Un gran reconocimiento

La ratificación de Juan Miguel Petit como Comisionado Parlamentario para las Cárceles, con la adhesión unánime de todas las bancadas legislativas, da cuenta de su prestigio bien ganado a través de una tarea abnegada y responsable.

El comisionado parlamentario para las cárceles debe ser elegido por mayorías especiales por la Asamblea General, por lo que se requiere un imprescindible acuerdo de los partidos mayoritarios. En anteriores oportunidades las designaciones no contaron con la unanimidad de los votos, por lo que la ratificación del Dr. Petit, tras cinco años de gestión inicial, con el respaldo explícito de todos los partidos, es elocuente de un gran reconocimiento, que cobra mayor dimensión al tener en cuenta que Petit no oculta su afiliación colorada y batllista de siempre.

En estos años anteriores, Petit desplegó no sólo una acción de control humanitario de las políticas carcelarias desarrolladas por el Ministerio de Interior, sino además muy perseverante - lo que queda registrado en los informes que ha elevado al Parlamento y que son de acceso público - ya que en varias instancias debió enfrentarse a las autoridades competentes para advertir sobre las condiciones inadmisibles que se registraban en las instalaciones penitenciarias. Más de una vez debió recurrir a la Justicia para imponer garantías que el Ministerio de Interior desconocía, obteniendo en todas esas instancias los respaldos necesarios.

La situación de las cárceles es, como todos sabemos, muy compleja. Con más de 11 mil presos, la rehabilitación se hace muy difícil, dado que no son habituales las tareas de aprendizaje o de terapias laborales, aspectos en los cuales, precisamente, Petit ha insistido especialmente, preparando estadísticas sobre los porcentajes de reclusos que realizan algunos cursos y proponiendo diversos programas alternativos.

El Comisionado Parlamentario no es el responsable de la conducción de los penales, que corresponde al Poder Ejecutivo. Pero a través de la acción de Petit, esa oficina se ha convertido en un instrumento de primer orden, que no sólo controla, sino que además propone y hace. A lo largo de estos años, han sido reiteradas las ocasiones en que pudo verse al Dr. Petit haciendo sus tareas de campo a cualquier hora. No es un hombre de escritorio, sino de acción, ya que recorre las cárceles habitualmente y concurre a ellas apenas se presenta una dificultad, un incidente o una trifulca entre presos.

Hay sectores impacientes de la opinión pública que a veces critican al Comisionado, acusándolo de inocencia o complicidad con los delincuentes. Nada más ajeno a la realidad. Petit está convencido de que el Estado debe bregar por la rehabilitación de los reclusos -eso es lo que manda la Constitución- y de que ello contribuirá a la seguridad pública. Su gestión es abnegada y patriótica y así lo ha reconocido por unanimidad el Parlamento.




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