Un exceso demagógico
Por Luis Hierro López
La autorización para colocar una estatua del maestro Tabárez en la explanada municipal es una anécdota, pero habla muy mal del juicio con el que se manejan las cosas de la ciudad.
A partir de la iniciativa de un reducido grupo de montevideanos, cundió la idea de hacerle un homenaje al maestro Tabárez en la Explanada Municipal, bautizando con su nombre ese espacio público. Como se advirtió que la legislación establece que ese tipo de reconocimiento puede realizarse recién diez años después del fallecimiento de los protagonistas, la Intendencia admitió un “camino del medio”, que resulta igualmente polémico y complejo, ya que se levantaría una estatua del involucrado.
Según el Intendente Martínez, algunos cientos de vecinos se adhirieron a la iniciativa a través de una página web, y el precandidato oficialista, complacido porque su administración genera espacios para la participación de la gente, se mostró presuroso en acompañar la idea, anunciando la instalación de la estatua antes de que la Junta Departamental haya opinado sobre el asunto.
Aunque se trate de un asunto menor, el procedimiento es el peor imaginable para tomar decisiones de gobierno, ya que se responde a un impulso cuya auténtica representatividad está muy en duda. ¿Cuántos ciudadanos adhieren y cuántos estuvieron en contra? No lo sabemos, porque la Intendencia no suministró información al respecto, aunque advertimos que la idea ni siquiera tiene consenso a nivel oficial, ya que provocó sorpresa en Mariano Arana, asombrado de que no se hubiera abierto un período de consulta más amplio y realmente democrático. Para eso está precisamente la Junta Departamental, a la que hasta ahora se salteó.
Con sabiduría, la legislación establece que los nombres de calles o plazas pueden realizarse a personas, pero diez años después de su fallecimiento, para que sea el paso del tiempo el que permita ubicar con precisión la validez del homenaje y de la memoria. Acá se actúa en forma arrebatada, politizada y hasta demagógica.
Se argumenta que la estatua sería transitoria, como lo fue la pintura del David con la camiseta celeste. Pero aún transitoria, ¿corresponde que esa estatua figure allí, al lado precisamente del David y del reconocimiento a Wilson Ferreira, una pieza que recuerda un jalón histórico y que fue seleccionada tras un concurso? Por lo que se sabe hasta ahora, la Intendencia ha resuelto en forma directa que el autor de la estatua al maestro Tabárez sea el mismo escultor popular que ha hecho figuras de Gardel y de Luis Suárez. Puede ser que logre una buena imagen del director técnico, pero llama poderosamente la atención que se actúe con tanta arbitrariedad y se encargue la estatua a dedo, en una faceta que vuelva aún más oscuro el asunto.
Las lecturas que pueden hacerse del extraño episodio son todas preocupantes. Yo no aprecio que al director técnico de la selección haya que rendirle un homenaje de esa dimensión, pero aún en el caso de que así fuera, otros deben ser los procedimientos, sujetados a los criterios jurídicos y políticos que acá se han obviado groseramente. El apuro con que el Intendente Martínez quiso resolver la cuestión, actuando al calor de la tribuna, me resulta además muy negativo, en la medida en que se trata de un candidato a la Presidencia de la República. Hoy quiere quedar simpático con unos militantes que presionaron en las redes y pisotea los procedimientos básicos que la ciudad debe manejar para custodiar su paisaje, su memoria y sus valores. ¿Qué sería capaz de hacer si mañana llega a Presidente?
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