Edición Nº 1094 - Viernes 21 de agosto de 2026

Un año que no fue uno más

Por Julio María Sanguinetti

Termina un año que no fue uno más. Al revés de lo que dice el famoso tango, es un año que importa. Su relevancia histórica la da el haber producido una alternancia en el gobierno, luego de 15 años de gobiernos frenteamplistas que administraron el país en solitario con una mayoría absoluta en el Parlamento.

Así como cayeron los partidos tradicionales hace 15 años, hoy se da la inversa y el Frente Amplio ahora queda ubicado en la oposición, sin liderazgos claros. El Dr. Vázquez da la impresión de que se replegará. El Ministro Astori seguirá actuando pero sin el peso político que otrora ejerció. Y nuestro colega Mujica está más dedicado a opinar libremente que a conducir la heterogénea fuerza que hay detrás de sí.

El resultado no es una casualidad. Hubo un desgaste del Frente Amplio y una maduración del arco opositor, que entendió que ofrecía una coalición o difícilmente produjera la alternativa.

El desgaste frentista es progresivo. Así lo demuestra Óscar Bottinelli en reciente artículo en "El Observador": desde la elección de 2004 (50,5%) fue bajando en 2009, 2014 hasta el 39% de 2019, o sea que perdió -o dejó de ganar- unos 400 mil votos. Esto es muy importante, porque si hubiera mantenido su porcentaje, al incorporarse nuevas generaciones con hijos de frentistas más que de colorados o blancos, hoy el Frente tendría que estar por encima del 55%.

O sea que el declive del Frente no es casual y deriva -a nuestro juicio- de la diferencia entre el sueño que abrigó desde su nacimiento y la realidad que vivió, pese a que una suerte histórica le regaló los 10 mejores años de precios internacionales que se recuerden. En el camino dejó sus viejos eslóganes. Pagó la deuda externa, no nacionalizó la banca, aceptó las reglas del mercado e impulsó la extranjerización de la tierra, manteniendo las bases estructurales del país que históricamente sostenía que debían derrumbarse... Nada sustancial cambió, salvo que ensanchó el Estado, repartió mucho dinero en empleos y subsidios y organizó grandes estructuras socialistas (Fonasa, por ejemplo), que hoy navegan en medio del burocratismo y -sobre todo- la desfinanciación. Su talón de Aquiles fue, sin embargo, la seguridad ciudadana, que afecta hoy diagonalmente a toda la sociedad uruguaya...

La notable habilidad propagandística del Frente Amplio para hacer de la llamada "agenda de derechos" una suerte de revolución (una "idiotez", según Mujica) y, en términos generales, para instalar la idea de que con el nuevo gobierno se caerían muchos derechos adquiridos, le ha permitido -todavía- sostener una enorme masa de adherentes. La misma está sustentada, en su base, en un "relato" que le autoconfiere el monopolio de la sensibilidad social, la defensa de los pobres frente a partidos tradicionales en manos de ricos, la exclusividad del alegato por los derechos humanos y hasta la mentira -mil veces repetida- de que los tupamaros luchaban contra una dictadura, a la que -a la inversa- le alfombraron el camino de llegada por instalar la violencia y sacar a las FFAA de los cuarteles.

La "coalición multicolor" que ha derrotado al Frente Amplio no es ya la expresión clásica, porque Cabildo Abierto ha impuesto una presencia relevante que, incluso, le hace árbitro en la mayoría de las elecciones departamentales. Los dos partidos tradicionales obtuvieron una votación equivalente a la del Frente Amplio, pero la distancia emanó de los nuevos partidos.

Es enorme el desafío del nuevo gobierno. Hay una expectativa esperanzada en la opinión pública. Nos preocupa el exagerado optimismo porque hay que tener en claro que el país se asume con un insostenible déficit público, un importante desempleo y un Estado rígido, al que sólo se puede racionalizar paulatinamente. Más del 70% del gasto público son prestaciones sociales y éstas, al ser intocables en su volumen, imponen un enorme esfuerzo de administración. No será sencillo. El propio Ministro Astori viene de reconocer el desbarajuste que produjo la ley de 2008 sobre seguridad social, a contracorriente de lo que había que hacer.

Ahora hay que apechugar y confiamos, anhelamos, que por responsabilidad cívica, el Frente Amplio ayude a resolver esa situación. Será la prueba ácida de su ética republicana.

Más allá de esos temas, comenzará -esperemos- una muy fuerte reversión cultural y psicológica. Esa mentalidad frentista, negativa sobre la identidad nacional histórica, esa coacción constante de profesores y funcionarios parados sobre ese "relato" falso de la realidad, debe ceder paso a una actitud abierta hacia la modernidad. En nuestra educación se respira un antiimperaislimo trasnochado, una lucha de clases falsificada y hasta la errónea idea de que la economía de mercado es fuente de injusticia cuando ha sido el sistema que más gente sacó de la pobreza (en contraposición al rotundo fracaso socialista, cuya última expresión es la desventurada Venezuela).

Ha llegado la hora del cambio. De que este país, pionero en su Estado de Bienestar y sólido en su convicción republicana, pueda hoy preservar esos valores tradicionales en un mundo globalizado que nos desafía con modos de producción inesperados y una competencia ineludible. Estos días hemos disfrutado del comentario internacional de la excepcionalidad institucional del Uruguay. Debemos ahora revalidar que también somos, además de legalistas y solidarios, eficaces para ganarnos la vida en un mundo que ha cambiado sus parámetros. La educación debe formar ciudadanos para ese nuevo mundo: mentalidades abiertas, con espíritu creativo, que crean en el país y en sus valores, entendiendo -a su vez- los desafíos de un mundo globalizado que no nos esperará.




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