Un Solo Uruguay y la faena de productores

Por Tomás Laguna

Procurando no perder vigencia, el movimiento Un Solo Uruguay emitió un comunicado denunciando una suerte de complot de la industria para "carnear" productores, aprovechándose de la falta de pasto por la inminente sequía. Torpe estrategia para mantenerse en cartel.

Apenas despuntando el 2018 el país entero, y el gobierno en particular, vieron surgir y expresarse en convocatorias masivas a una movilización espontánea, auto-convocada, sin organización ni mayor representatividad que la que le otorgó aquel gran acto masivo en la ciudad de Durazno. De base ruralista, en su misma génesis integró una amplia gama de actividades dependientes todas de la suerte del negocio agropecuario. Acopiadores, vendedores de insumos, servicios de maquinaria agrícola, contratistas, transportistas, y hasta pequeños comerciantes del interior de la República. Esta masiva demostración de descontento con el gobierno tomó por sorpresa a la izquierda neo-populista, siempre tan urbana, siempre subestimando al mundo rural. Para la concepción clasista del sindicalismo marxista el movimiento Un Solo Uruguay constituía la derecha, para el imaginario del oficialismo de entonces también.

En una nota de fines del 2018 nos pareció interesante comparar la génesis de Un Solo Uruguay con el fenómeno de los "Gilet Jaunes" en Francia. El movimiento francés también era de carácter disperso, auto-convocado a través de las redes sociales y que respondió a una reacción espontánea ante el alza en el valor del gasoil. Al igual que Un Solo Uruguay se trataba de una convocatoria sin convocantes, una movilización sin portavoces oficiales ni liderazgos identificables, fueron ciudadanos de clase media provenientes de las provincias, jóvenes y asalariados de la periferia de varias ciudades y habitantes de pueblos pequeños. La Francia más provinciana enfrentando a la gran ciudad, poniendo al desnudo esa fuerte diferencia social, cultural e intelectual entre la gran urbe y la Francia profunda.

Desde entonces hemos simpatizado con aquella expresión rebelde, surgida desde todos los rincones del país, por fuera del contexto del sindicalismo marxista, por fuera de las llamadas organizaciones sociales, satélites funcionales al mismo sindicalismo y partes de la misma izquierda organizada.

Paso el tiempo, el movimiento se las ingenió para superar el ninguneo del gobierno de la época, defendió su identidad ajeno a las mismas organizaciones gremiales del ruralismo clásico, y como alternativa a las primeras movilizaciones, siempre riesgosas en su convocatoria, mantuvo presencia en los medios a través de sendos comunicados toda vez que la circunstancia, a su criterio, así lo ameritaba.

Por estos días volvieron a expresarse a través de un nuevo mensaje titulado "¿Volvieron las faenas de productores?", en el cual refieren a la actual baja en los valores de la hacienda a frigorífico cuando los valores internacionales no parecen justificarlo. Para ello emitieron un comunicado muy efectista, seguramente dirigido a captar la simpatía de muchos productores descontentos con la primera baja en los valores de la hacienda en muchos meses. Y en estos temas empiezan a equivocarse los 3 o 4 referentes de Un Solo Uruguay.

Apelan a los mismos métodos y estrategias que el sindicalismo y los movimientos sociales de la izquierda. Todo se explica por la lucha de clases para estos últimos, para Un Solo Uruguay la confrontación es entre la industria maléfica y los pobres productores expoliados. "Está claro el dominio de la industria en el sector cárnico y su pulseada permanente para aumentar su poder" dice USU, la izquierda marxista diría el domino de los empresarios en su pulseada para aumentar su poder. En ambos casos muy elemental pero siempre muy efectista.

De paso USU cuestiona al sistema, le pega a INAC como si el instituto tuviera facultades para regular un mercado que es de libre competencia (algo así como echarle la culpa al INUMET porque hay seca...). Una vez más, recursos fáciles, efectistas dirigidos a quienes desde la tribuna no entienden nada y aplauden al grito.

A quienes embarcaron a Un Solo Uruguay en este torpe comunicado les falla la memoria, aviesamente, olvidando que hace apenas 12 meses la industria se veía obligada a pagar los valores más altos incluso a nivel mundial para obtener ganado preparado, desprecian la situación de gran parte de la industria, remontando años muy difíciles, afectados por la misma falta de competitividad que denunciaba Un Solo Uruguay allá por los inicios del 2018. Ignoran que en los últimos 14 años el productor ganadero aumentó su participación en el valor del producto final de la cadena en desmedro de la industria que resignó en la misma medida su cuota parte de participación. Se agravian de que los aumentos de los valores internacionales del producto carne no justifican los valores pagados por el gordo, cuando el precio se forma a partir de los negocios concertados y no de promedios teóricos, y que esos negocios hoy se han visto complicados por una menor presencia de China y una dramática disminución de la Unión Europea como demandante. Desconocen que la variación entre los valores pagados al productor y el valor del producto final vendido por la industria, el Novillo Tipo que estima INAC, tiene una correlación muy alta en una serie de 170 meses, con valores cercanos al 94%, lo que explica que existe traslado del precio del producto final del negocio al principal insumo, el novillo gordo. Ignoran que el novillo gordo pasó de ser el 75% del valor del Novillo Tipo (valor del producto final producido) a más del 80% en los últimos meses. Finalmente ignoran que gracias a la exportación en pie el criador ha sido quien más se favoreció en la valoración de su producción, condiciones que felizmente se mantienen vigentes y no deben revertirse ni distorsionarse.

Un Solo Uruguay se ha querido erigir en una suerte de fiscal de la producción nacional, pero se equivoca en su estrategia. Torpemente se contagia del facilismo demagógico que suele usar la izquierda para captar adeptos, denunciando confabulaciones de los "poderosos "de la industria y la pasividad de las instituciones. No se dan cuenta que le hacen daño a la producción agropecuaria ubicándola en un sitial de víctima en un lamento permanente que luego la desacredita al momento de realizar aquellas reivindicaciones justas.




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