UPM: ¿Por qué puede ser un riesgo?
Por Eduardo Pacífico
La “enfermedad holandesa” puede perjudicar la estabilidad de Uruguay
La semana pasada destacados analistas locales advertían ciertos riesgos que puede implicar a la economía, la instalación y el comienzo de la producción de pasta de celulosa de la nueva planta finlandesa de UPM en nuestro país.
¿A qué riesgos se refieren?
Específicamente apuntan a los efectos perjudiciales provocadas por un aumento significativo en los ingresos en divisas en el país. Precisamente, las informaciones refieren a una inversión de U$S 2.700 millones, constituyéndose en un récord absoluto para Uruguay, que indudablemente en primera instancia, contribuirá al mejor desarrollo del país, pero que, si no se toman medidas que atemperen el impacto en el resto de la economía, podría engrosar la lista de países que padecieron la llamada “enfermedad holandesa”.
¿En qué consisten los efectos de este mal?
El término “enfermedad holandesa” surgió en la década de 1960 cuando los ingresos en divisas de los Países Bajos aumentaron considerablemente a consecuencia del descubrimiento de grandes yacimientos de gas natural en Slochteren, próximo al Mar del Norte.
Como consecuencia de ello, se produjo un exponencial incremento de divisas que tuvo como consecuencia que la moneda local se apreciara, perjudicando así la competitividad de las demás áreas productivas exportadoras. Dicho de otra forma, la abundancia de recursos primarios provocó apreciación cambiaria.
En el caso planteado que da nombre a este mal, se dio por el descubrimiento de un recurso natural muy demandado, pero el hecho es que, se puede llegar a las mismas consecuencias en caso de una inversión extranjera directa como lo es o será UPM.
La historia presenta reiterados casos de países que padecieron estas consecuencias, algunos de ellos muy cercanos como lo fue el caso de Bolivia por el litio o el resonado caso de Venezuela con el petróleo, que junto a otros tantos casos en el mundo hacen que recordemos a nuestras autoridades actuales, pero sobre todo a las futuras, que habrá que tomar los recaudos necesarios que hagan que los efectos perjudiciales posibles en las demás ramas de la producción sean del menor impacto posible, asegurando una matriz productiva variada evitando la concentración o dependencias en pocas o en una.
El economista Gustavo Michelin aclaró la semana pasada al diario El País que, la inversión “al ser tan grande, podría llevar a que comience a asfixiarse la rentabilidad de otros sectores por fuera del forestal que dependen de los precios internacionales y el tipo de cambio”. Los efectos se hicieron presentes en los países petroleros como Venezuela en la década de 1970 cuando los precios del petróleo se dispararon y la exportación aumentó afectando a la producción agrícola y manufacturera. Esto mismo ocurrió también en países como Colombia, que con el aumento del café en la década de 1980 perjudicó a los demás sectores. Sin ir más lejos geográficamente y en el tiempo, Infobae en esta semana, da cuenta que “La economía argentina sufre de enfermedad holandesa de tipo financiera” producto de la entrada de los fondos dirigidos al armado de carteras de inversión en pesos.
De ahí es que reiteramos y alertemos que, en algunos casos, se olvidan del resto de los sectores, provocando que la población que permanece al margen, se queda en niveles de subsistencia. Por cierto, esta advertencia que puede sonar apocalíptica, no deja de reconocer que una inversión extranjera directa como lo es UPM, es una gran noticia y abriga esperanzas de un buen futuro si, por un lado, se contempla a los demás sectores tradicionales que ya hoy están siendo desplazados en los indicadores de exportaciones por la producción de celulosa y además si se administra el tipo de cambio de forma adecuada por el Banco Central.
Precisamente, la Unión de Exportadores del Uruguay ya advirtió según fuera publicado por el diario El País, a nuestro Banco Central, comunicando que esto “depende de cómo se maneje el tema por parte del gobierno”, asegurando que hay un compromiso de mantener un tipo de cambio real competitivo. Existen instrumentos para evitar que el dólar caiga y el Banco Central está dispuestos a utilizarlos. Con un buen manejo de esos instrumentos ningún sector debería verse perjudicado y “apostamos a que eso sea lo que suceda”, manifestó la UEU.
¿Dónde estaría la clave o antídoto al “mal” denominado “enfermedad holandesa?
La palabra clave sería “equilibrio”. Básicamente lograr este equilibrio en la estructura productiva. Aquellos países que aprovecharon sus ventajas comparativas, derivadas del agro, en base a un cuadro institucional firme y con reglas de juego estables, promoviendo inversión en otras áreas, no quedaron atrapadas por esta situación. El ingreso exponencial de divisas correctamente canalizadas en investigación y desarrollo, así como en la modernización tecnológica, transforman aquello que puede ser un “mal” en desarrollo y prosperidad. Por su parte, existen instrumentos para evitar que el dólar caiga aplicable por los Bancos Centrales y así contemplar a aquellos sectores de la economía nacional que exportan mayoritariamente su producción.
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