Trump y la política de defensa de la Unión Europea.
Por Jorge Ciasullo
El presidente Donald Trump, desde su candidatura, ha reiterado cuales son las prioridades de su política exterior: la comercial, la inmigración y la defensa. En los tres aspectos, fiel a su pensamiento, ha actuado contra viento y marea y en los tres con conflictos y choques internacionales, los más relevantes: Migración (México y países árabes) Comercio (China) Defensa (Unión Europea).
En lo que refiere a la política de defensa, en el año 2018, el presupuesto de armamento de USA, se elevó en un 4,6%, que significaron casi 650.000 millones de dólares (36% del total mundial). En el año 2016-úlltimo ejercicio contabilizado-las exportaciones de armas de Estados Unidos alcanzaron la suma de 150.000 millones de dólares, lo que significó una participación del 80%en el mercado. Las exportaciones europeas de armas en el mismo año, alcanzaron la suma de 18.000 millones de dólares.
La venta de armamento de Estado Unidos para exportación ha sido, históricamente, un importante ingreso no solo de divisas sino estratégico, a los que no renunciará. Como ejemplo reciente, el asesinato del periodista Jamal Khashoggi en Octubre pasado, en el consulado saudí de Estambul (Turquía), que el Senado estadounidense, basado en un informe de la CIA aprobó una resolución por unanimidad, señalando como responsable al príncipe Mohamed Bin Salmán. Sin embargo el Presidente Trump, sostuvo que no había pruebas del tal participación en el crimen sin tomar ninguna resolución, hecho que se explica porque además de su principal aliado en Oriente Medio, el régimen de Riad, firmó el mayor contrato de venta de armamento de la historia de EE.UU: 110.000 millones de dólares.
La Unión Europea está estudiando un presupuesto de defensa por una suma de 13.000 millones de Euros (15.000 millones de dólares), torta en la que obviamente Estados Unidos, aspira- o más bien exige- participar: “compren armas, pero a nosotros” parece ser la consigna. Desde hace meses transcurren reuniones y negociaciones entre representantes del gobierno de Trump y el Comité de Embajadores Europeos de Política y Seguridad (COPS), relacionadas con las normas del futuro Fondo Europeo de Defensa (FED).
La normas que regirán el FED, fueron aprobadas -provisionalmente- el pasado 18 de abril, desde entonces, Washington ha ido manifestando sus molestias que, en los últimos días, se han vuelto en claras advertencias en el sentido de tomar represalias políticas y comerciales.
El Reglamento, si bien permite que en la política europea de defensa (fabricación y compra de armamento) participen empresas extracomunitarias, exige que la propiedad intelectual del proyecto sea exclusivamente Europeo. Tampoco permite que terceros países controlen la exportación de armamento.
Washington no acepta la restricción en propiedad intelectual y con mayor énfasis el no poder participar en el control de exportación de armas. Ello queda claramente manifestado en algunos párrafos de la nota que, a fines de mayo, envío la subsecretaria estadounidense de Defensa, Ellen Lord a la Alta Representante de Política Exterior de la UE, Federica Mogherini.
"Está claro que si EE UU impone restricciones recíprocas similares no serían bienvenidas por nuestros socios y aliados europeos". "No nos gustaría tener que planteárnoslo en el futuro", luego advierte y recuerda, el multimillonario impacto que podría tener esa decisión en las empresas europeas del sector, en clara referencia a la adjudicación a una empresa italiana, en asociación con Boeing de un contrato por 2.800 millones de dólares para desarrollar y construir helicópteros para la fuerza aérea estadounidense. Así como los subsidios que ha otorgado a empresas de 24 países de la UE.
Al final de la misiva Lord, la suaviza y sugiere cambios: "Antes de que los textos sigan adelante, les instamos a revisarlos con la mira puesta en nuestros objetivos compartidos a largo plazo de seguridad transatlántica". "Con cambios menores, se podría aliviar nuestra preocupación”.
El problema para las empresas europeas es que podrían verse obligadas a elegir entre el mercado europeo y el estadounidense, fundamentalmente porque la propiedad intelectual sea sólo reconocida dentro de la UE y más aún, si se incumplen las normas estadounidenses sobre control de exportaciones. Los números son terminantes, el gasto de Estados Unidos en defensa duplica el de la UE (650.000 millones contra casi 300.000 millones de dólares).
En definitiva, se está ante un conflicto de intereses con derivaciones de todo tipo, de cuya dilucidación dependerán acuerdos comerciales, políticos y estratégicos.
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